Artículos y reportajes Por David Soriano 25 septiembre, 2014

Impresiones The Evil Within

Mikami quiere sentar las bases del nuevo survival horror tras su paso por la franquicia Resident Evil

El género del survival horror está de vuelta. Es algo innegable y para algo están las pruebas. Durante los próximos meses disfrutaremos -o digamos que jugaremos- a Alien Isolation, Silent Hills o el juego que hoy vamos a tratar: The Evil Within. Como sabréis, -o al menos deberiais saber- The Evil Within es la nueva creación de Shinji Mikami, el padre creador de la franquicia Resident Evil, cuyas primeras entregas precisamente sentaron las bases del nacimiento y encumbramiento del género. Tras esos últimos años en los que la propia franquicia ha caído en las garras de la acción más pura, de nuevo nos vamos a encontrar las sensaciones de antaño, pero eso sí, con la jugabilidad que se lleva hoy en día.

Para sumergirnos en el oscuro mundo que veremos en The Evil Within hemos podido jugar a la última versión de la misma demo que ya os repasamos tras nuestro viaje a Londres para probar el juego hace ya unos cuantos meses. En esta ocasión, pese a volver sobre nuestros pasos, ya estamos disfrutando casi de la versión final del título en su versión de PS4. The Evil Within es la historia del detective Sebastián Castellanos, que comienza a investigar unos crímenes que están sucediendo en su área de trabajo. Estos crímenes tienen un marcado tinte paranormal, por lo que Castellanos se verá irremediablemente arrastrado a un mundo de pesadillas del que tendrá que intentar escapar.

La demostración a la que hemos podido acceder parte del nivel 9, denominado “Oscuras intenciones”. A pesar de que al comienzo se nos enseñó un vídeotutorial, partimos bastante perdidos en cuanto al argumento, que es uno de los pilares en los que se sustenta la experiencia con The Evil Within. El lugar en el que se desarrolla la acción no podía ser más acertado, una mansión que nos recordó enormemente a la del primer Resident Evil, un lugar icónico y marcado a fuego en nuestra retina, allí donde vivimos los primeros horrores del mito.

Nada más comenzar encontraremos uno de los frascos verdes que servirán para mejorar las distintas características de nuestro personaje. Este será uno de los factores más a tener en cuenta, pues la exploración en busca de los escasos ítems será crucial. Repartidos por los escenarios nos encontraremos algunos espejos que nos teletransportan a una realidad alternativa en la que Sebastián se sienta en una especie de silla eléctrica en la que una serie de cuchillas tunearán a nuestro personaje. Este tipo de mejoras varían entre mejoras para el personaje y otras relacionadas con su equipamiento. Tenemos ejemplos como que cada botiquín recupere más vida o que el personaje reciba menos daño. Las armas se van modificando de manera progresiva, muy al estilo del buhonero de Resident Evil 4.

Botiquines, sí, habéis leído bien. The Evil Within quiere desmarcarse de algunas de las facilidades que se han implementado durante los últimos años. Un juego de terror tiene como premisa que lo pases mal, no solamente por los sustos o extrañas criaturas que vas a tener que ver, sino en la propia experiencia. Transmitir esa sensación de agobio, de que no tienes las armas -entendidas como recursos- apropiadas para combatir el mal que te persigue. Recurrir a esa sensación de indefensión. En este aspecto tendremos dos tipos de objetos consumibles limitados para salud. Por una parte unas jeringuillas que recuperan parte de la barra de salud. Por otro botiquines propiamente dichos, que a pesar de que restauran esta barra completamente, sumergen a Sebastián en un estado de locura provisional en el que deberemos enfrentarnos a los enemigos que aparecen.

Para poder afrontar con algo más de garantías de éxito nuestro recorrido tenemos que tener en cuenta dos aspectos clave. En primer lugar es recomendable ir midiendo nuestros pasos y tratar de hacer el menos ruido posible. De este modo podremos acabar con los enemigos de una manera sigilosa, lo que ayudará a no acabar con nuestras reservas de munición. Como consejo, nos recomendaron que aquellos cuerpos a los que disparemos y estalle su cabeza no debemos preocuparnos, pero que al resto es recomendable lanzarles una cerilla para que ardan y estén definitivamente muertos.

Otro aspecto a tener en cuenta, como es lógico, es el de la exploración. Repartidos por el nivel tendremos distintos coleccionables y objetos de un uso. Además en ocasiones observaremos que se han colocado algunas bombas trampa en las paredes. Esas bombas se pueden desactivar por medio de un minijuego en el que parar dentro de una zona del círculo. Si lo conseguimos obtenemos piezas. Si fallamos, en cambio, nos hará bastante pupita.

Precisamente explorando descubrimos nuestro objetivo para cruzar la puerta que nos impedía el progreso en la citada mansión. Esta puerta tiene tres conductos distintos que convergen en la misma, por lo que nos decidimos a seguir cada uno de ellos para resolver la ecuación. El recorrido, con algunos peligros de los que os hablaremos ahora, lleva en cada uno de los caminos hasta un puzle en el que hay que clavar una sonda en el cerebro de un muñeco de prácticas quirúrgicas (eso queremos creer). Con cada una de ellas nos aparecerá una escena de flashback de Ruvik, uno de los archienemigos del juego. Hemos aprendido algo más de la historia, pero dado el punto de la misma en el que nos encontramos, resulta algo confuso comprender el argumento.

En cuanto a los enemigos, el principal y a la vez más sencillo será de tipo infectado. Personaje de aspecto humano que porta o enseña las cicatrices y marcas de su muerte en un pasado no muy lejano. Se puede acabar con cada uno de ellos, pero parte de la gracia de The Evil Within es que los coloca de manera aleatoria y por tanto se compensa lo sencillo que es acabar con ellos (al menos en nivel fácil) con la imprevisibilidad de su ubicación. El otro enemigo principal será Ruvik, quien teñirá la pantalla de azul y nos perseguirá por el escenario. A él no podremos matarle, por lo que la estrategia será huir sin que nos llegue a atrapar. Por si fuera poco este par de enemigos -y los hay muchísimo peores a tenor de lo visto en los trailers- los escenarios tendrán alguna que otra trampita que nos comeremos sí o sí.

Entrando a valorar The Evil Within en su aspecto gráfico, estamos ante un juego que no despunta. Esa pobre calidad ayuda a crear la sensación de película de serie B, pero ni siquiera habiendo probado la versión para PS4 conseguimos que no nos lloren mucho los ojos. En este sentido, sabemos de sobra que se decidió su salida en nextgen por puro objetivo comercial, pues la experiencia visual iba a ser exactamente igual. Lo que nos ha gustado mucho ha sido el doblaje al castellano, con voces reconocibles como la de Eduardo Bosch (Jon Nieve en Juego de Tronos). Las sensaciones con The Evil Within siguen siendo satisfactorias a medida que se aproxima su lanzamiento el 14 de octubre. Su manejo tosco y sus deficiencias visuales no decantan la balanza en el lado malo de la misma, ya que la propia ambientación del título y una historia larga y, a priori, interesante ya son argumentos más que válidos.