Latvala: "Estoy decepcionado"El piloto de Ford perdió el rallye frente a Ogier en el último tramo por dos décimas de segundo,
Tic-tac. El reloj corre implacable. En el cuadro de las décimas una cifra ocupa el puesto de la anterior a una velocidad de vértigo. Ese cambio imperceptible, fugaz, fue la diferencia que decantó la balanza a favor de Ogier y en contra de Latvala en el Rallye de Jordania, dos décimas que marcan la delgada línea que separa a una sonrisa infinita de un gesto de derrota.
Jari-Matti Latvala puso todo lo que estaba en su mano para conseguir ese ansiado triunfo que se le resiste desde el pasado verano. El sábado salía tercero, por detrás de los dos Citroën DS3 WRC con los que tenía que batirse para defender el honor de Ford, cuyo primer piloto, Mikko Hirvonen, estaba sufriendo un fin de semana aciago. El vigente Subcampeón del Mundo se encontraba la pista más limpia que sus dos predecesores, atacó a fondo como sólo él sabe hacer y al final del primer bucle ya estaba por delante de Loeb y a 33"1 18"9 de Ogier, 14"2 menos que los que les separaban al empezar la jornada.
Entonces Latvala sacó a relucir el talento que atesora, esa rapidez que es capaz de destilar cuando todo está en orden dentro de su cabeza. En las segundas pasadas el finlandés estuvo magistral, no tuvo rival y se agenció tres scratch con facilidad. 8"7, 4"9, 5"8,... los segundos iban cayendo a puñados en contra de Ogier, que después del penúltimo tramo veía cómo Jari-Matti le birlaba el liderato por medio segundo. Únicamente faltaba en el horizonte un tramo, Baptism Site, la Power Stage: 10,50 km ante las cámaras de televisión que podían bautizar a uno o a otro.
Sudores fríos, bocas secas, pulsaciones aceleradas. Hirvonen completaba el tramo. Loeb lo hacía poco después perdiendo 0"3 respecto al finlandés. A continuación llegaba Latvala. Su crono se alejaba 0"7 del invertido por su compañero de equipo. Él ya había hecho su puesto. Sólo le quedaba esperar a su rival. Inmediatamente llegaba Ogier empapado en sudor. El Citroën DS3 WRC cruzaba la línea de meta y, como siempre, las cifras del cronómetro no dejaban lugar a dudas. Kronos ya había dictado su sentencia. La victoria se iba a parar a manos del francés por 0"2, una fracción de segundo que se tarda más en escribir que en temporizar, un ente abstracto que parece escurrirse entre los dedos como una diminuta gota de agua.
Detrás de toda victoria siempre hay un perdedor. En esta ocasión le tocó desempeñar ese rol a Latvala, que conoció la otra cara de la moneda después de haber saboreado el lado dulce del desenlace el año pasado en Nueva Zelanda, cuando Ogier le dejó la victoria en bandeja en las últimas curvas de Whaanga Coast. Cariacontecido, con esa mirada exaltada que se te queda después de un mal trago, Jari-Matti reflexionaba ante los micrófonos de WRC.com sobre el amargo final. "No puedo negar que estoy decepcionado. Estuve tan cerca de ganar, 0"5 segundos por delante en el tramo final... Pero alguien gana el rallye y alguien lo pierde", decía el finés. "Estábamos al límite todos, absolutamente todos; sólo hay que ver que nosotros cuatro nos llevábamos 0"7 segundos en la Power Stage. Es difícil decir dónde podría mejorar mi actuación en ese tramo, en dos zonas entré un poco abierto, pero a esta velocidad cuando vas tan fuerte cometes siempre pequeños errores. Para ganar tienes que hacer una gran actuación, y hoy la victoria no ha sido para mí", sentenciaba Latvala, un hombre que a partir de ahora no medirá de la misma forma el sentido del tiempo