—¿Qué está significando esta temporada?
—Está siendo muy buena en todos los sentidos: personal, profesional... El entorno es muy complicado, hay mucha presión, no es fácil, pero creo que el aprendizaje del año pasado sirve. Ahora hay que seguir aprendiendo, disfrutar, darlo todo, sacar las conclusiones porque en una ciudad que la gente está loca por el club tenemos una responsabilidad muy grande. Estoy muy contento con todo lo que estamos viviendo, lo bueno y lo malo. Nos damos cuenta de que hay que seguir, no quitar el pie del acelerador, hacer autocrítica personal y eso me ha ayudado mucho como persona a poder aportar mi trabajo de una manera directa, que a mí me hace más feliz todavía.
—¿Se da cuenta usted de que transmite?
—Sí, porque en un juego colectivo hay que transmitir. Hay momentos en la vida en los que cuando tú no estás, tiene que aparecer tu compañero. Hay que empujar de una manera directa y objetiva, nunca faltando al respeto. Si alguna vez lo he hecho sin darme cuenta le pido perdón a mis compañeros. Hay que transmitir. En la vida debes ser caliente o frío. Estar encima y no transmitir nada sería un fracaso personal.
—Usted es de sangre caliente, eso seguro.
—Sí, claro. No me gusta perder. Me gusta jugar y competir. Soy un competidor nato. Se puede ganar o perder, pero esa sangre y esa fuerza no pueden irse nunca.
—Pero distingue cuando el balón rueda y cuándo no.
—En una competición hay que ir a muerte. Juegue a lo que juegue me gusta ganar. Hay que separar. Si estoy ahí entre las cuatro líneas, hay que meterle, darle fuerte, pero siendo responsables de los actos porque jugamos un papel importante dentro y fuera del campo porque hay mucha gente que está pendiente de nosotros. Queremos ser ejemplo para la gente.
—¿El carácter se tiene o se aprende?
—Creo que las dos cosas porque uno nunca nace de esa manera. Yo tengo la suerte de ser de un sitio en el que no había nada y estoy seguro de que el Señor ha cogido y me ha dicho: «Vete por tu camino y ve por tu sueño». Porque mi ciudad no tiene nada, aislada de todo y además en aquella época, y eso te enseña una cosa: el mundo es el mejor profesor que hay en la vida. Yo salí muy joven y me di cuenta de que en la vida hay que luchar, pelear, sufrir para no caer en los mismos errores. En el carácter uno va madurando y se va dando cuenta de sus principios y de la realidad, eso son bases de la vida y cuando se trata de eso uno siempre tiene que ser exigente y buscar su sueño. No puede estar pensando en que te van a regalar las cosas. A mí nunca me han regalado nada. Todo ha llegado por trabajo, sufrimiento y sacrificio. Creo que por eso yo agradezco mucho, primero a Dios y a mis compañeros, porque no es fácil y para nosotros es un logro estar donde estamos porque todo el mundo está siendo importante. Hay que seguir sumando, creciendo, queriendo y eso te hace mejorar en todos los aspectos.
—¿De dónde viene Iriney?
—Vengo de un pueblo muy pequeño del Amazonas que se llama Humaitá. Es del interior. Ahora mismo tiene unos 45.000 habitantes y es un sitio en el que la gente salía para estudiar o trabajar fuera porque no había medios y yo siempre quería eso. Era mi sueño y sigue siéndolo porque uno cuando quiere busca y algunos llegan y otros no, pero yo le agradezco a Dios que haya llegado todo esto. Por eso uno tiene que valorar mucho el camino tan complicado que ha seguido, para que esos objetivos de la vida puedan conseguirse. Tiene mérito y estoy muy agradecido de dónde he salido. Yo me doy cuenta. Quizás otros no, pero en la vida todo es sufrir, ganar, perder, pero nunca perder el foco.
—¿Qué hubiera sido si siguiera en Humaitá?
—Seguramente profesor porque en mi familia son todos profesores. En una ciudad tan pequeña tampoco hay muchas salidas.
—¿A qué se dedica la gente en su ciudad?
—Son militares, profesores o tienen pequeños negocios. Ahora sí han llegado universidades y la gente en lugar de salir de allí pues ya se queda y viene gente. La educación es básica allí y en todo el mundo. Ahora mismo sería un profesor seguro, como mi familia. La cosa estaba encaminada, pero sabía que no era lo que quería. No sería feliz si no buscaba el camino que quería, que era ser jugador de fútbol.
—¿De cuándo le nace el fútbol?
—De muy joven, cuando veía partidos por televisión de pequeño siempre le decía a mi madre que me gustaría salir, viajar e intentarlo. Ella me decía que ya llegaría el momento, que ya saldría y que con la fe lo iba a conseguir, si buscaba mi propio sueño.
—Sería muy difícil salir tan joven y llegar a Europa...
—Sí, no ha sido nada fácil, pero uno cuando quiere y tiene un objetivo claro lo que tiene que hacer es buscarlo e intentarlo porque si no seguramente sería una persona infeliz, amargada y medrosa por no haberlo intentado. Hoy sí soy una persona feliz que he conseguido cosas, pero no quiero parar aquí. Tengo objetivos, metas y quiero mejorar cada día y ayudar a mi manera. Quiero crecer. Todavía soy joven. Acabo de cumplir los 30 pero me siento como un chaval de 20 años, es la realidad.
—Cómo es el Amazonas, que aquí suena muy exótico...
—Aquí suena exótico, pero cuando vivía en Sao Paulo, también. La gente me preguntaba si estaba allí con las serpientes. Es un mundo bonito, un mundo real y es el pulmón del mundo. Respiras naturaleza pura, tranquilidad, la pasión de la vida porque me encanta la naturaleza. Me encanta ese espacio. Si alguien tiene la oportunidad de hacer una visita y le gusta la pesca, los animales, la flora vale la pena porque al final de cuentas son experiencias que suman en la vida.
—¿Echa de menos la naturaleza tras haber vivido en grandes ciudades como Madrid o Sevilla?.
—Sí, claro. Mi mujer es española, pero es la primera que cuando tenemos vacaciones me dice que vayamos allí con la tranquilidad, con el calor, con la alegría de la gente... Si puedes disfrutar en cualquier sitio, sí, pero hay momentos para todo. En vacaciones vamos de tirón porque es un momento de relax y tranquilidad.
—¿Qué le contará a su niño del Amazonas?
—Será español, fijo. La educación de los padres es fundamental para que ellos puedan decidir de manera espontánea y alegre. Ya tendremos tiempo para que le enseñemos. De la manera que me han criado a mí ha sido muy importante y para mí la base es fundamental para una vida.
—¿Y la manera de celebrar su gol en Barcelona?
—No lo tenía en mente, era una cosa nuestra, en realidad mía. Se lo dije a mi mujer, pero como no soy goleador, no soy Pichichi, pensaba que era difícil. Lo celebré de esa manera, era una sorpresa y salió gracioso. Ella se quedó sorprendida porque no sabía nada. A raíz de esa celebración se ha enterado todo el mundo.
—Habla mucho de Dios.
—Para mí lo es todo. Me muevo en el sentido de la fe y eso no es fácil porque es creer en algo que no ves, pero confío en eso ciegamente. Agradezco todos los días la salud y lo bien que lo estamos haciendo. En la vida teniendo salud uno sólo tiene que poner de su parte. Me siento grato por todo. Nuestro momento actual es dulce y sólo hay que finalizarlo para ser feliz.
—¿El fútbol tiene un poco de locura?
—Lo entiendo. Si fuera aficionado seguramente me enfadaría o alegraría mucho con mi equipo. El fútbol sí tiene locura. Muchas veces no hay límites y los sobrepasas. Hay que vivir la vida intensamente y la alegría que estamos generando la transmitimos y así la gente se pone como se pone. Queremos agradecerle el trabajo de la afición, que es muy importante pero nos gustaría que los pocos partidos que quedan en casa pudiéramos ver el campo totalmente lleno. Lo quiere toda la plantilla y creo que lo vamos a ver porque a la afición no hace falta que le pidamos nada, ellos lo van a hacer.
—¿Ve sus propios partidos? ¿Qué ve?
—Sí los veo y soy muy crítico. Mi mujer, también. En realidad me acuerdo mucho siempre de la parte buena y mala y sé lo que tengo que hacer para la siguiente semana. Hay un chip en la cabeza que lo almacena todo y a la semana siguiente ya intento mejorar al máximo.
—¿Y las tarjetas?
—No me preocupa, pero muchas veces la gente no se tiene que dejar por un comentario, tiene que ver la esencia. En un juego colectivo hay momento para jugar, parar, hacer una contra, defender... La gente tiene que saber en qué momento se hace. A veces me he equivocado, pero soy crítico y lo reconozco. La gente puede atacar la parte fácil de las tarjetas, pero muchas veces son necesarias y hacen falta. No me hace daño.