Salió el sol en Mónaco, se alcanzaron los veinte grados y la familia de la F-1 disfrutó de una espléndida jornada de descanso. Sin embargo, como es costumbre también en el Principado, no fue tan tranquila y hubo que trabajar. Fernando Alonso y el resto de pilotos de la parrilla se reunieron con sus ingenieros para preparar la calificación de hoy. El asturiano, además, asistió a una presentación, la enésima, del parque temático de Ferrari en Abu Dhabi. Y estuvo un buen rato firmando autógrafos. El temor del bicampeón es la posibilidad de que Red Bull mejore para la calificación como ha sucedido en otros grandes premios.
Sin embargo, lo que él no sabe es que entre los ingenieros de la escudería de la bebida energética cundió un cierto desánimo al analizar los tiempos del jueves. "Ferrari está por delante a una vuelta, esta vez pueden batirnos", afirmaba off the record uno de sus técnicos. Es una cuestión de flexibilidad de las suspensiones. El RB6 es más duro, una tabla que vuela en circuitos convencionales por la perfección de su aerodinámica. Pero el F10 digiere mejor los pianos. También está el factor humano: Fernando es un especialista en el derrape controlado en el Principado, donde ya ha ganado dos veces.
Lo que no le preocupa tanto al piloto del coche número ocho es el temido atasco que puede producirse en la Q1, con 24 coches en pista, uno cada 120 metros de circuito: "De tanto hablar de esto, al final no pasará nada, ya verás". El miedo a que un coche lento estorbe a otro más veloz ha provocado la hilaridad del campeón de 1982 Keke Rosberg: "En mi época eran 26 coches y había 18 que íbamos casi pegados y nadie se quejaba de nada".