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[Rusia 2018] El Mundial de Streltsov

BigInJapan

Lord
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abril 12, 2007
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Leyendo www.elmundo.es me he encontrado con esta historia que desconocía.

Una historia dura y triste de un jugador de fútbol que podría haber sido uno de los grandes.

Fuente: ElMundo.es

(Antonio Félix de elmundo.es dijo:
No pocas veces el fútbol apestó, y no pocas veces la FIFA anduvo por medio. Los patronos del tema le acaban de dar el Mundial de 2018 a Rusia y el de 2022 a Qatar. Todos saben que la razón principal ha sido el dinero, aunque ellos prefieren hablar de geopolítica. Tan sofisticado argumento no es nuevo. Ya se aplicó a los Mundiales que Havelange entregó a Alemania y Argentina en el 74 y el 78. Una cuestión delicada la de mezclar fútbol y política. Mejor no recordar cómo utilizó el régimen de Videla su campeonato y qué hizo la FIFA al respecto.

El poder de la FIFA es omnímodo. Muchos hablan de un gobierno planetario en la sombra. Una tentación irresistible que tal vez sea el trasfondo de elecciones como la de Rusia, aún el país más extenso de la tierra pese al desglose del imperio soviético, un trauma que parece no haber superado. Al contrario, abundan los analistas que, tras la llegada al poder de Vladimir Putin, hablan de una involución, una guerra sucia para recuperar territorios desgajados y una vuelta al gobierno de puño de acero sobre las libertades civiles. Algunos de esos analistas, como Anna Politovskaia, ya no viven para contarlo.

También hay razones deportivas para otorgar el Mundial a Rusia, por supuesto. Su tradición futbolística no desmerece a ninguna. Muchos de ustedes, sin embargo, no conocerán al mejor futbolista ruso de todos los tiempos. Tal vez crean que fueron Oleg Blokhin o Lev Yashin, pero quienes lo vieron jugar aseguran que a ambos les superó Eduard Streltsov.

Su increíble y triste historia es digna de ser contada.
Streltsov nació en un suburbio de Moscú en 1937. Su padre le abandonó de niño y su madre tuvo que trabajar en una fábrica metalúrgica para sacarle adelante. Su educación fue agreste y agreste fue el carácter de este George Best ruso, cuya facha y peinado boyish hacían enloquecer a legiones de fans femeninas. Para entonces, claro, ya era una figura en el país, un letal y artístico delantero centro (en la Unión Soviética bautizaron el taconazo como pase Streltsov) siempre en las filas del Torpedo de Moscú. Ambas cosas, su carácter beatle y su pertenencia al Torpedo encabronaban al cerrado régimen. La Perestroika quedaba aún lejana. En 1958, Streltsov desacató la orden de unirse a uno de los dos equipos oficiales del Soviet, el CSKA (del ejército) o el Dinamo (de la KGB). Ahí comenzó a cavar su tumba.

El carácter libertino de Streltsov hizo el resto. En un baile privado del Kremlin, y con unos cuantos vodkas de más, se burló de una mujer. Para su desgracia, no era una mujer cualquiera, sino la hija de Yekaterina Furtseva, por entonces la única fémina del politburó soviético, íntima del presidente Nikita Khrushev. Poco después, Streltsov fue acusado de violar a una chica de 20 años, Marina Lebedeva. Su mujer, que estaba embarazada, le pidió el divorcio. No importaron las masivas manifestaciones a su favor ni las pruebas absolutorias. Fue condenado a 12 años de trabajos en el Gulag de Siberia. Tenía 21 años y era hombre muerto.

La inquina del ser humano marcó la tragedia de Eduard Streltsov; la fe en el ser humano le salvó. En el campo de concentración fue recibido como un héroe. Sus compañeros le tapaban habitualmente, evitándole los terribles trabajos que debía realizar. A cambio, por la noche, en el barracón, se arremolinaban en torno a la estrella del fútbol y le impelían a que contara las mágicas historias que había vivido, sus exóticos viajes al extranjero, sus tardes de gloria, sus tórridas aventuras amorosas... Esos cuentos fueron la única luz de esperanza para muchos tipos cuyo destino era morir en el Gulag. Streltsov salvó así su vida, pero el terror le caló por siempre y hasta lo más profundo. De lo ocurrido en el campo de concentración no volvería a hablar hasta su muerte.

Fue apenas un susurro, dedicado a su esposa. «Yo era inocente». Tenía 53 años y fallecía a causa de un cáncer contraído en el Gulag, donde finalmente sólo cumplió siete años de su condena. Dos años después de ser liberado volvió a jugar al fútbol, por supuesto, en el Torpedo. Ganó la Liga soviética, fue elegido futbolista del año y regresó a la Selección. Se retiró en 1970 y de inmediato comenzaron los homenajes. El Torpedo renombró su campo con su nombre y le alzó una estatua. Otra se erigió en el estadio Olímpico Luzhnikí en 1997. Ese mismo año vieron a una mujer llevando flores a la tumba de Streltsov en el aniversario de su muerte. Era Marina Lebedeva, la chica a la que, 40 años antes, le habían acusado de violar.

En 2001, el mítico ajedrecista Anatoly Karpov fundó el Comité Streltsov, destinado a revocar de manera póstuma su condena y limpiar el nombre del Pelé ruso. Aún está en ello. No sería un mal gesto geopolítico de Rusia para empezar a celebrar su Mundial.
 
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