Pues como tengo que hacer un trabajo de tipografía (crear portada y contraportada y demas cosas) me ha dado por coger un relato de internet y como era corto, lo extendí con mis palabras... espero que os guste XD
Aquel Maldito Puente
Aquel Maldito Puente
En todas las jodidas guerras, los más locos tienen suerte.
La situación era francamente complicada, al otro lado del puente estaban perfectamente atrincherados un pelotón de combate de los mejores hombres del Führer, las bajas eran incontables. La lluvia de plomo era incesante y no había forma de atravesar el maldito puente.
-Tenemos que pasar el puente como sea - advirtió el Teniente Mac Callagahn con tono grave de preocupación mientras repartía munición entre su batallón.
- Pero no disponemos de fuego de artillería, ni morteros, ni bazookas… y el destacamento del Comandante O’Really no llega - destacó con frustración el sargento Wright con angustia.
Entonces Mac Callagahn echó un vistazo a su alrededor, miró entre sus tropas que estaban agachadas tras los pilares que soportaban aquel jodido puente, las balas silbaban, resonaban entre sus oídos, rebotaban en aquellas vigas de acero haciendo un ruido ensordecedor. Aquellos “piuuuuuu” y “pignaaaaoooooo” tenían a la tropa completamente sumidas en el miedo y la desesperación. Rezaban, rogando al Altísimo poder sobrevivir a aquel infierno, algunos incluso no sentían las piernas, no pudiendo moverse, estaban inmóviles, acongojados, repletos de miedo… un miedo justificado.
Tenía que encontrar una solución de urgencia, tenía que buscar “La solución”.
- Veamos…¡ Sargento Wrigth ! - gritó con voz de mando Mac Callagahn.
- ¡ A la orden Señor. ! - contestó.
- ¡ Necesito a un voluntario inmediatamente ! -
Wright miró entre su destacamento y pensó ¿ Quien es el jodido de estos que esté lo suficientemente loco como para presentarse voluntario a esta misión? ¿ Quien de estos mamones está lo suficientemente loco para satisfacer las obsesiones del Teniente ?
Llamó a tres del destacamento, al cabo Carl, al soldado de primera Roger y por último a un tal Henry que estaba como una regadera, pero era una jodida máquina de matar. Los alineó como pudo y les dijo con tono de autoridad…
- El Teniente precisa a un voluntario para cargar con esta mochila cargada de dinamita con este detonador de radiofrecuencia. El objetivo acabar con esa trinchera que nos obstaculiza tomar el puente…a ver, Carl, tu eres experto en explosivos -.
- Si Sargento, lo soy… pero hay un problema - inquirió Carl.
- ¿Cual es el maldito problema? - respondió con ira contenida Wright.
- Pues sencillo Sargento, estratégicamente la decisión no es la más acertada, nos quedaríamos sin dinamita y además las pautas reglamentarias indican que la probabilidad de supervivencia es muy baja, por lo que además de quedarnos sin dinamita no atravesaríamos el puente - indicó con voz pedante de experto el cabo Carl.
Mientras, aquella ametralladora en la trinchera del enemigo disparaba sin cesar, enviando ráfagas y ráfagas ininterrumpidas a la posición de aquel destacamento.
- Roger… ¿qué dices, vas tú ? -
- Creo Sargento que hay un punto que ha pasado desapercibido y consiste en que podemos llamar por Radio a la aviación y que lancen un jodido misil a esa trinchera - respondió el soldado de primera Roger encendiéndose un cigarrillo.
- Joder - masculló para sí en sus pensamientos el Sargento Wright, -…estos dos no quieren mojarse -.
- ¡ Henry !…que dices ¿cómo lo ves? -
- Lo veo factible Señor… el único problema que le veo es que tienen que cubrirme, tienen que lanzar fuego a discreción con sus armas automáticas contra aquel nido de ametralladoras, sino es imposible Señor -.
- ¡ Tengo al voluntario Teniente… el soldado Henry volará a esos hijos de puta, pero tenemos que hacer fuego a discreción, sin parar ni un instante a esa trinchera, somos 16 y tenemos suficiente munición para cubrirle ! -
- Perfecto Sargento… a mi orden, fuego a discreción contra esos mal nacidos germanos - gritó el Teniente.
- ¡¡¡ Señor, si Señor !!! - gritó el destacamento al unísono recargando sus fusiles.
Henry se preparó, tensó sus músculos para hacer la carrera de su vida, tenía que atravesar alrededor de 45 metros a toda leche. Sopló, resopló…
- ¡¡¡ Fuego !!! - gritó el Teniente.
Todos disparaban, con una violencia inusitada contra aquella trinchera de sacos de arena. Los impactos se sucedían, haciendo caer chorros de arena con fuerza. En aquellos momentos todo sucedía como en los films de Sam Peckinpah a cámara lenta. Todos en aquel destacamento eran muy buenos tiradores, utilizaban con gracia y soltura sus armas, ráfagas y ráfagas se sucedían con una precisión increíble.
Mientras la trinchera permanecía en silencio, inmóvil, salvo los cientos de impactos de proyectil de las armas automáticas del destacamento, cada vez más y más numerosas… Al final, sucedió lo imprevisto, una granada salió volando de la trinchera enemiga… una violenta explosión. Un estruendo enorme, brutal, el suelo se movía…todo se puso oscuro y vino el silencio.
Cuando Henry abrió los ojos, se encontraba en la fangosa orilla del río, con un brazo roto y alguna que otra costilla clavándosele en los pulmones.
- Menuda explosión de mierda – dijo el soldado mientras se levantaba – aunque para mi suerte estoy en la otra orilla… vamos a darle a esos nazis su merecido – dijo para sus adentros intentando vadear la orilla llena de escombros mientras la mochila llena de explosivos lo hundía en el barro.
Cuando por fin llego al pie de uno de los grandes pilares que sostenían el puente, intentó subir por el pero con un brazo roto no tuvo otro remedio que tener que subir la cuesta que lo llevaría directamente a la trinchera llena de nazis que le estarían esperándole.
Detrás de unos matojos, Henry observó aquel nido de ametralladora, eran dos putos críos nazis, estaban completamente acribillados por los proyectiles de sus compañeros.
Después, despacio, miró a su espalda aquel puente… intacto aún, aunque hubiese sufrido la explosión de una granada… cuando se preparaba para cruzar el puente con un paño blanco amarrado en la punta de su fusil se fijó, con el rabillo del ojo, que entre los sacos de arena rasgados que habían en la trinchera, estaba al descubierto una puerta de hierro que llevaría al subsuelo.
- ¡Pero si es un jodido bunker… seguro que está lleno de víveres y munición! – pensó ilusionado Henry cuando la realidad le guardaba algo peor tras esa capsula.
Cuando el malherido Henry se disponía a abrir la compuerta blindada, alguien que ya estaba dentro, la estaba abriendo, lenta y chirriantemente.
Desesperado, se escondió tras unos sacos de arena, rezando a Dios de que fuesen solo civiles y que si de lo contrario… ¡su batallón llegase enseguida!.
Unas voces de hombre salieron de la compuerta, parecía que una estaba dando ordenes a las otras… en alemán – nazis hasta bajo el suelo – pensó Henry tenso tras los sacos de arena.
Los nazis salieron del bunker, inspeccionaron la zona (sin encontrar al escondido soldado que se puso encima unos cuantos sacos) y empezaron a recargar la maldita ametralladora de nuevo.
Henry desesperado entre el dolor y la angustia de volver a oír aquella maldita maquina sacó fuerzas de donde no las había, se quito la mochila y de espalda a los nazis metióla mochila en el bunker que insensatamente habían dejado abierto.
Sin que nadie lo viese, se alejó por aquella gran calle principal y cuando ya estaba a una distancia aconsejable, detonó la carga con su mando de radio frecuencia.
La explosión fue abismal, el suelo asfaltado se derritió del calor, los edificios cayeron como fichas de naipes y para su horror, el puente destrozado, fondeando en aquel oscuro río. El bunker no era otra cosa que una armería llena de misiles antiaéreos y demás parafernalia armamentística que ha causa de la explosión pulverizó los cimientos del puente y todo lo que había a la redonda, incluyendo a su batallón.
Henry, que había vuelto salir volando, terminó sobre el toldo de un tienda que amortiguó su caída, se levantó despacio, con sangre en los oídos y dijo en voz alta…
-¡¡¡ Dios mío, que he hecho!!!-
La situación era francamente complicada, al otro lado del puente estaban perfectamente atrincherados un pelotón de combate de los mejores hombres del Führer, las bajas eran incontables. La lluvia de plomo era incesante y no había forma de atravesar el maldito puente.
-Tenemos que pasar el puente como sea - advirtió el Teniente Mac Callagahn con tono grave de preocupación mientras repartía munición entre su batallón.
- Pero no disponemos de fuego de artillería, ni morteros, ni bazookas… y el destacamento del Comandante O’Really no llega - destacó con frustración el sargento Wright con angustia.
Entonces Mac Callagahn echó un vistazo a su alrededor, miró entre sus tropas que estaban agachadas tras los pilares que soportaban aquel jodido puente, las balas silbaban, resonaban entre sus oídos, rebotaban en aquellas vigas de acero haciendo un ruido ensordecedor. Aquellos “piuuuuuu” y “pignaaaaoooooo” tenían a la tropa completamente sumidas en el miedo y la desesperación. Rezaban, rogando al Altísimo poder sobrevivir a aquel infierno, algunos incluso no sentían las piernas, no pudiendo moverse, estaban inmóviles, acongojados, repletos de miedo… un miedo justificado.
Tenía que encontrar una solución de urgencia, tenía que buscar “La solución”.
- Veamos…¡ Sargento Wrigth ! - gritó con voz de mando Mac Callagahn.
- ¡ A la orden Señor. ! - contestó.
- ¡ Necesito a un voluntario inmediatamente ! -
Wright miró entre su destacamento y pensó ¿ Quien es el jodido de estos que esté lo suficientemente loco como para presentarse voluntario a esta misión? ¿ Quien de estos mamones está lo suficientemente loco para satisfacer las obsesiones del Teniente ?
Llamó a tres del destacamento, al cabo Carl, al soldado de primera Roger y por último a un tal Henry que estaba como una regadera, pero era una jodida máquina de matar. Los alineó como pudo y les dijo con tono de autoridad…
- El Teniente precisa a un voluntario para cargar con esta mochila cargada de dinamita con este detonador de radiofrecuencia. El objetivo acabar con esa trinchera que nos obstaculiza tomar el puente…a ver, Carl, tu eres experto en explosivos -.
- Si Sargento, lo soy… pero hay un problema - inquirió Carl.
- ¿Cual es el maldito problema? - respondió con ira contenida Wright.
- Pues sencillo Sargento, estratégicamente la decisión no es la más acertada, nos quedaríamos sin dinamita y además las pautas reglamentarias indican que la probabilidad de supervivencia es muy baja, por lo que además de quedarnos sin dinamita no atravesaríamos el puente - indicó con voz pedante de experto el cabo Carl.
Mientras, aquella ametralladora en la trinchera del enemigo disparaba sin cesar, enviando ráfagas y ráfagas ininterrumpidas a la posición de aquel destacamento.
- Roger… ¿qué dices, vas tú ? -
- Creo Sargento que hay un punto que ha pasado desapercibido y consiste en que podemos llamar por Radio a la aviación y que lancen un jodido misil a esa trinchera - respondió el soldado de primera Roger encendiéndose un cigarrillo.
- Joder - masculló para sí en sus pensamientos el Sargento Wright, -…estos dos no quieren mojarse -.
- ¡ Henry !…que dices ¿cómo lo ves? -
- Lo veo factible Señor… el único problema que le veo es que tienen que cubrirme, tienen que lanzar fuego a discreción con sus armas automáticas contra aquel nido de ametralladoras, sino es imposible Señor -.
- ¡ Tengo al voluntario Teniente… el soldado Henry volará a esos hijos de puta, pero tenemos que hacer fuego a discreción, sin parar ni un instante a esa trinchera, somos 16 y tenemos suficiente munición para cubrirle ! -
- Perfecto Sargento… a mi orden, fuego a discreción contra esos mal nacidos germanos - gritó el Teniente.
- ¡¡¡ Señor, si Señor !!! - gritó el destacamento al unísono recargando sus fusiles.
Henry se preparó, tensó sus músculos para hacer la carrera de su vida, tenía que atravesar alrededor de 45 metros a toda leche. Sopló, resopló…
- ¡¡¡ Fuego !!! - gritó el Teniente.
Todos disparaban, con una violencia inusitada contra aquella trinchera de sacos de arena. Los impactos se sucedían, haciendo caer chorros de arena con fuerza. En aquellos momentos todo sucedía como en los films de Sam Peckinpah a cámara lenta. Todos en aquel destacamento eran muy buenos tiradores, utilizaban con gracia y soltura sus armas, ráfagas y ráfagas se sucedían con una precisión increíble.
Mientras la trinchera permanecía en silencio, inmóvil, salvo los cientos de impactos de proyectil de las armas automáticas del destacamento, cada vez más y más numerosas… Al final, sucedió lo imprevisto, una granada salió volando de la trinchera enemiga… una violenta explosión. Un estruendo enorme, brutal, el suelo se movía…todo se puso oscuro y vino el silencio.
Cuando Henry abrió los ojos, se encontraba en la fangosa orilla del río, con un brazo roto y alguna que otra costilla clavándosele en los pulmones.
- Menuda explosión de mierda – dijo el soldado mientras se levantaba – aunque para mi suerte estoy en la otra orilla… vamos a darle a esos nazis su merecido – dijo para sus adentros intentando vadear la orilla llena de escombros mientras la mochila llena de explosivos lo hundía en el barro.
Cuando por fin llego al pie de uno de los grandes pilares que sostenían el puente, intentó subir por el pero con un brazo roto no tuvo otro remedio que tener que subir la cuesta que lo llevaría directamente a la trinchera llena de nazis que le estarían esperándole.
Detrás de unos matojos, Henry observó aquel nido de ametralladora, eran dos putos críos nazis, estaban completamente acribillados por los proyectiles de sus compañeros.
Después, despacio, miró a su espalda aquel puente… intacto aún, aunque hubiese sufrido la explosión de una granada… cuando se preparaba para cruzar el puente con un paño blanco amarrado en la punta de su fusil se fijó, con el rabillo del ojo, que entre los sacos de arena rasgados que habían en la trinchera, estaba al descubierto una puerta de hierro que llevaría al subsuelo.
- ¡Pero si es un jodido bunker… seguro que está lleno de víveres y munición! – pensó ilusionado Henry cuando la realidad le guardaba algo peor tras esa capsula.
Cuando el malherido Henry se disponía a abrir la compuerta blindada, alguien que ya estaba dentro, la estaba abriendo, lenta y chirriantemente.
Desesperado, se escondió tras unos sacos de arena, rezando a Dios de que fuesen solo civiles y que si de lo contrario… ¡su batallón llegase enseguida!.
Unas voces de hombre salieron de la compuerta, parecía que una estaba dando ordenes a las otras… en alemán – nazis hasta bajo el suelo – pensó Henry tenso tras los sacos de arena.
Los nazis salieron del bunker, inspeccionaron la zona (sin encontrar al escondido soldado que se puso encima unos cuantos sacos) y empezaron a recargar la maldita ametralladora de nuevo.
Henry desesperado entre el dolor y la angustia de volver a oír aquella maldita maquina sacó fuerzas de donde no las había, se quito la mochila y de espalda a los nazis metióla mochila en el bunker que insensatamente habían dejado abierto.
Sin que nadie lo viese, se alejó por aquella gran calle principal y cuando ya estaba a una distancia aconsejable, detonó la carga con su mando de radio frecuencia.
La explosión fue abismal, el suelo asfaltado se derritió del calor, los edificios cayeron como fichas de naipes y para su horror, el puente destrozado, fondeando en aquel oscuro río. El bunker no era otra cosa que una armería llena de misiles antiaéreos y demás parafernalia armamentística que ha causa de la explosión pulverizó los cimientos del puente y todo lo que había a la redonda, incluyendo a su batallón.
Henry, que había vuelto salir volando, terminó sobre el toldo de un tienda que amortiguó su caída, se levantó despacio, con sangre en los oídos y dijo en voz alta…
-¡¡¡ Dios mío, que he hecho!!!-
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