Ya amanece. Por esa claraboya
las luces del crepúsculo atalayo.
Pronto entrará del sol el puro rayo
que a las sombras arroya
y en bienestar convierte mi despayo.
Si. Ya el rayo destella.
Ya mi prisión se enjoya de luz bella
Ya soy dueño de mí. Ya bien me hallo.
¡Ya trina el ruiseñor!... ¡Ya canta el gallo!...
¡Trece de Mayo ya!... ¡Quién lo diría!
Llevo en esta prisión un mes y un día,
sin saber por nadie lo que acontece
¡Y hoy es martes, gran Dios!...¡Martes y trece!...
¿Por qué el terror invade el alma mía?
¿Por qué me inspira un miedo extraordinario
esa cifra, ¡ay de mi! del calendario?
¡Ah, no cifra fatal!... No humillareis
el valor de Don Mendo; no podreis;
todas iguales para mí sereis...
¡Trece, catorce, quince y dieciseis!...