Tan oscuro, absorbente e hipnótico como su predecesor espiritual, pero con multitud de mejoras en todos sus apartados. Largo, adictivo y todo un reto para los coleccionistas de armaduras, hechizos y armas en este tipo de juegos.
El nuevo sistema de puntos de control y mejora con las hogueras, la nueva estructura de mundo abierto con un diseño de lo más inteligente, y el remozado online, donde los pactos afectan a las relaciones entre los jugadores, lo convierten en uno de los juegos más innovadores de la generación.
Pocos juegos han fusionado tan bien, un estilo de juego clásico usando la tecnologia actual disponible, creando un producto único y compacto. Su espíritu aventurero sólo es capaz de ser igualado por juegos como Skyrim o Fallout 3.
El argumento, al igual que en Demon's Souls, es un mero "McGuffin" para dejarnos total libertad en un mundo desconocido y onírico, producto del subsconciente humano más corrompido, donde lo que de verdad importa es el gameplay y no las escenas conemáticas que tanto están de moda en otros juegos.
Como pegas, quizás se pueda poner la leve bajada de dificultad respecto a Demon's Souls, la caída de frames en ciertas zonas, o el lag en ciertas partidas que desmejora la experiencia online.
Un juego inolvidable, y probablemente de los mejores de la generación.