A mi lo que realmente me molesta es que nos tilden de ladrones desde las esferas megacapitalistas de las superempresas del ocio indiscriminadamente y sin derecho alguno, como demuestra el canon, por poner un ejemplillo. Un impuesto mafioso, una tomadura de pelo y algo que cuesta de creer que exista, pero si.
Si internet se ha extendido y la información es ahora global, es algo que no van a poder controlar. Lo siento mucho, pero el progreso está abriendo y cerrando puertas dia a dia.
Pongo un ejemplo. Paco tenía un burdel en una carretera nacional por donde transitaban miles de vehículos al dia. Muchos de los conductores se detenían en su negocio a echar una canita al aire y tomar unas copas, por lo que Paco disfrutaba de una saludable economía y su negocio funcionaba.
Meses más tarde el estado construye una autovía mucho más propicia para los viajantes, a los que no se les pasa por la cabeza ni por un momento volver a utilizar la vieja y bacheada nacional donde reside el negocio de Paco. Paco, por su parte, sufrirá las consecuencias de progreso de la sociedad y se tendrá que renovar rápidamente, ya que el viejo modelo de negocio va a dejar de funcionar radicalemente.
Alguien dirá "pero los viajantes no estan robando a nadie". Yo digo, cierto es, pero la comodidad de la autovía, el progreso natural, ha destruido su negocio. Es un caso muy parecido, pero el estado no cobrará ningún canon para proteger a los buerdeles de carretera, porque estos tendrán que renovar su modelo de negocio si quieren sobrevivir, al igual que debe ocurrir con la industria del ocio.
Como anécdota, diré que soy amante de la música desde que tenía 13 años. Entonces me apasionaban los Led Zeppelin o AC/DC o Hendrix, pero mi familia era muy humilde y yo ahorraba durante un año para poder comprarme un par de discos que costaban 3.500/4.000 pesetazas. Cada dia eran más caros, más inalcanzables y yo, durante mi adolescencia, no pude acceder a la música más que a cuentagotas, poco a poco y reuniendo con todos mis esfuerzos, cual hormiguita, dinero semana tras semana para poder adquirir un miserable CD por el doble o el triple de lo que les costaba a ellos producirlo. Me sentía incapaz, observando durante horas las estanterías musicales de El Corte Inglés totalmente inpotente y con una sensación de precariedad insufrible.
Entonces nadie conocía a Teddy Bautista ni a la SGAE. Ellos no sonaban, estaban demasiado ocupados engullendo solomillos en Miami como para oirme desde allí. El dinero brotaba de las piedras, la cultura tenía dueños, y estos no pensaban en extenderla, solo en mis ahorros de un año, los ahorros de un chiquillo.
Que no me llamen ahora ladrón por bajarme algo que no me compraría. Si el producto es bueno, lo compro, yo funciono así. Peor ni ahora ni jamás compraré algo demasiado caro para lo que ofrece, si disfruto de ello no es indiferente, quizá me guste y en un futuro lo haga, en el pasado eso no era posible.