Análisis Deponia (PS4)

Javi Andrés · 29 diciembre, 2018
Cuatro años más tarde, el point and click de Daedalic se adapta al DualShock 4

El mundo de la basura que amargaba al joven Rufus en 2012 y que abría la saga Deponia para devolver las aventuras gráficas de los 90 a un nuevo esplendor se estrena ahora en PS4. Deponia es ya una marca con varias entregas y hasta versión de smartphones, que se juega mucho mejor en ordenador por ser un point and click clásico como lo eran Monkey Island 3, Grim Fandango o The Longest Journey, y que su paso a consola no ha sido precisamente el más firme en materia de precios, con 20 euros para su edición digital y 30 para la física, en caja, que también está a la venta.

El equipo alemán de Daedalic hizo un producto notable hace cuatro años cuando esta recuperación obsesiva de las aventuras gráficas estaba empezando, con especial atención al mercado hispanohablante ya que vino doblado y magistralmente localizado a nuestro idioma, pero un trabajo que hoy no termina de destacar tanto y tiene mejores exponentes en su género y estilo que le hacen sombra, empezando, por ejemplo, por el español Randal’s Monday o la carismática revisión de The Day of Tentacle, títulos de este año también en la Store de PSN.

Deponia tira de mecánicas tradicionales de aquellas aventuras gráficas, con puzles ingeniosos y que buscan ser graciosos -a menudo lo consiguen-, inventarios de todo tipo de cosas y basura que parecen no valer para nada pero son la llave a otras pantallas venideras, y personajes con diálogos hilarantes donde decidir respuestas y cambiar situaciones a corto plazo. Más que un juego de historia, como es habitual en los point and click donde la trama tira con fuerza, éste es un juego de personajes. Caen bien desde bastante pronto y son carismáticos, pero justo cuando les estás cogiendo el gusto el viaje llega a su fin. Unas 10 horas bastarán para saber si Rufus cumple sus sueños y sale de la ciudad vertedero que tantos dolores de cabeza -literalmente- le ha supuesto camino de la soñada Eliseo.

Lo mejor de Deponia es su apartado audiovisual. Los mundos que dibuja y las situaciones que presenta están llenas de detalles que no tienes ni por qué ver ni tocar. Es de esas aventuras gráficas donde, si te fijas en un cartelito escondido en la sombra de un tejado, hay un chiste o una referencia a una serie o un libro, y podría pasar totalmente desapercibido. Además, con la perfecta localización al castellano de voces y textos, no te perderás nada si no quieres, lo que es muy de agradecer en esto de las aventuras gráficas de hoy, que, como las de antaño, son puro humor y adaptaciones de muy buena licencia traductora en nuestro idioma.

El trazo, por su parte, es genial también, con contornos de todos los objetos y personajes muy visibles, como si fuera animación de hoy. Quizá algo menos dinámicos resultan los gestos y animaciones, a veces con cambios de dirección o alzamiento de brazos un poco robotizados, que no encajan en otras partes técncias que brillan por sí solas. Ahora bien, el mayor acierto está, cómo no, en los rompecabezas y cómo se escenifican en pantalla o qué pistas absurdas se dan al jugador para que pueda combinar objetos e interactuar en puntos exactos para su resolución, no siempre lógica ni seria.

Jugados con mando requieren paciencia, pues se ha introducido un control un poco extraño a priori que acaba siendo bastante satisfactorio. Y ocurre lo mismo que con sus personajes, cuando le coges cariño, se termina todo. Lo que no termino de comprender es por qué no se han adaptado algunas posibilidades del DualShock 4 a su mecánica, como sí han hecho otros de este año y género en PS4. Por ejemplo, mover el puntero con el stick es algo molesto, sobre todo al principio, cuando tenemos un frondoso panel táctil en el centro del pad que queda totalmente en desuso. Esta versión se percibe más como un port de PC para cualquier mando que como una adaptación real a PS4 y su particular periférico de manejo. Y eso, al precio de venta que ha salido, no es de recibo.

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