Análisis

Análisis Just Cause 3

Un archipiélago entero donde hacer explotar toda la adrenalina

Publicado por:   Javi Andrés Fecha: no
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  • Just Cause 3
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    Just Cause 3

    Explosivo. No hay término más claro para calificar a Just Cause 3 rápido y pronto, esta vez más que nunca en toda la aclamada serie, aprovechando las capacidades técnicas de las consolas de nueva generación y ordenadores más potentes, haciendo del reconfortante gusto humano por la devastación y la destrucción su mayor baza e incentivo. Rico Rodríguez regresa a su precioso archipiélago natal de Medici en su sandbox más grande, ágil, disparatado, trepidante y vistoso. Avalanche Studios, que ya lo hicieron bastante bien con Mad Max el pasado septiembre, saben lo que quería el fan de Just Cause y se lo dan con creces en este tercer juego, no tan sorprendente como los anteriores JC y algo repetitivo pasadas 15 o 20 horas, pero absolutamente sólido, divertido y salvaje desde que arranca, qué duda cabe. Las preguntas de cara a la review en PS4 eran varias, para empezar si funcionarían como deben su jugabilidad y manejo precisos, su factor innovador en el género, su poderío gráfico o su aguante a lo largo de las horas y el enfermizo completismo de secundarias y coleccionables.

    Éste es un juego duradero hasta aburrir, amplio y abierto, cargado de cosas por hacer, retos que completar, desafíos que ir superando en tiempo y puntos, vehículos, armas serias y muy locas, parajes secretos, desbloqueos constantes, buena sensación de progresión... y todo en un escenario sugerente y deslumbrante como son las islas del Mediterráneo, postales sacadas de lugares como Ibiza, Malta, Cerdeña o los cabos croatas y del sur de Italia. La luz, el colorido de fachadas y campos y las aguas transparentes conforman el patio de recreo donde Rico y los rebeldes harán de las suyas en busca del fin de la cruel dictadura impuesta por el general Di Ravello. Es la historia habitual de los sandbox, con un todopoderoso controlador que tiene al ejército bajo su mando, pero contada desde una perspectiva más desenfadada y divertida, totalmente por los aires.

    Volar es el movimiento más frecuente de Just Cause 3, ahora con una acertada combinación de gancho, paracaídas y traje aéreo. Encadenando uno y otros, se nota cómo este héroe de acción, con todos los clichés del mundo marcando su personalidad y hazañas, cada vez toca menos el suelo o el agua, aunque, si quiere hacerlo, dispone también de un generoso surtido de cochazos, camiones, tanques, motos, lanchas, veleros, quads y hasta tractores con turbo. Aquí todo va deprisa y fluido, sin apenas pausas para la acción más trivial y porque sí. Salvo por los numerosos tiempos de carga o las cinemáticas no encajadas directamente con el in-game, un detalle que chirría en pleno 2015 pero que se perdona teniendo en cuenta que hablamos de uno de los mapas más grandes que se recuerden en un sandbox tan cargado de acción y puntos de interés. Y, lo mejor de todo, es un mapa variado y completamente abierto desde el principio que apenas se siente vacío, siempre hay algo por hacer o descubrir, en cada uno de sus rincones y niveles de alturas, desde las playas hasta las cumbres nevadas.

    Semejante escala y variedad de localizaciones no se consigue trasladar, en cambio, a la diversidad u originalidad de misiones. A medida que se dominan los comandos básicos, se suben los primeros niveles desbloqueando habilidades, se van recogiendo los primeros vehículos y armas, y conociendo cómo se liberan las ciudades o las bases enemigas, no es raro empezar a sentir esa reiteración marcada que viene en el último tramo de juego central y que castiga a muchos títulos de Avalanche en lo que a tareas secundarias y coleccionables opcionales se refiere. Ya pasaba en los anteriores. A cambio, otra cosa que ya se hizo y se replica muy bien, por cierto, es llenar de secretos, huevos de pascua y divertidos detalles o guiños todo el mapa. En esta entrega todo ese mimo constructivo y mano tendida al jugador vuelven a estar, incluso con diálogos irónicos, escondites referenciales a películas o comparativas bastante soeces que logran añadir un poco más de humor, desparrame y sorpresa al viaje. Los easter eggs son magníficos, es un placer descubrirlos de repente. No diré más.

    El mapa no tarda en llenarse de balizas y misiones abiertas simultáneamente, es importante la organización y el peinado de zonas para ir completando, y lo fantástico de todo esto es que se hace con facilidad y suele apetecer viajar volando o en vehículos chorra de todo tipo como un kart, un caza o un coche de Fórmula 1 antes que usar el viaje rápido, solo entre regiones liberadas. Eso es buena señal, aunque una vez más la combinación gancho-paracaídas-wingsuit va a llevarse la palma. Las misiones centrales llevan con solvencia el para nada importante hilo narrativo y contienen algunos de los mejores pasajes, pero en las secundarias también hay escondidas buenas joyas jugables y áreas increíblemente diseñadas que no se visitarán de otra forma. Casi todo desafío tiene recompensa en puntos de experiencia, por lo que se incita bastante al completismo.

    Eso sí, toda la destrucción y caos que Rico va sembrando casi de forma natural y hasta involuntaria, se regenerará mágicamente en cuanto el jugador se aleja unos cientos de kilómetros del área devastada o pasa unos días en otra zona. Y, aunque es un punto polémico, voy a decir que hasta se comprende: en Avalanche explicaban que si se dejaran las consecuencias de la destrucción de forma permanente, transcurridas unas horas la frondosa región de Medici sería más bien un Yermo desértico, arrasado, y creeríamos estar jugando a Fallout más que a Just Cause. Eso además de que el hardware no podría mover con tanta soltura un mundo tan grande y sin tiempos de carga entre zonas, claro.

    Toda la fórmula no sería posible sin un apartado audiovisual que la soporte, en PlayStation 4 con algunas rascadas de framerate en situaciones de estrés pero una estabilidad considerable a sus 30 imágenes por segundo máximas. Otros puntos gráficos mucho más importantes aquí como las distancias de dibujado, calidad de las texturas, iluminación dinámica o comportamiento físico no sufren en absoluto y mueven el impresionante archipiélago Medici como es debido en un título new gen. Animaciones y modelados de personajes se quedan en un trabajo general aceptable, lo que no ocurre con la IA, que es bastante pobre y llega a crear -contadas- situaciones ridículas donde un adversario no dispara pese a tener a Rico en frente. Sin embargo y pese a esto, el juego tiene puntos muy desafiantes, situaciones de riesgo que se crean con un número elevado de enemigos en escena, con tiempos en contra, con persecuciones a toda velocidad o con trampas y circuitos muy potentes.

    La creatividad y la actuación impulsiva, improvisada, lo son todo en el gameplay de Just Cause 3, de nuevo más que nunca en la saga. Acabar con un carro blindado enemigo que huye a toda velocidad por un puente y cruzará unas vías de tren en su recorrido tiene múltiples resoluciones. Desde atracar la cabina de piloto y tomarlo poco a poco, a preparar explosivos para volar el puente en su paso, tomar el tren para atropellarlo justo o directamente hacer explotar todo. Rico cuenta con muchísima movilidad y gadgets de todo tipo, aunque su gran aliado siempre será el gancho con cuerda, que le hace volar en línea recta en cualquier dirección además de unir varios elementos entre sí para acercarlos y derribarlos, atraer enemigos, preparar cables tensados, etc. Tantas son las posibilidades que los 8 árboles de habilidades y progreso con los puntos de experiencia (piezas) nunca parecen demasiados y son siempre igual de apetecibles. En Just Cause 3 no se da esa sensación de desequilibrio entre vías de progreso que sacude a muchos otros de su estilo.

    El crecimiento rebelde a medida que sigamos el hilo central pero también liberemos ciudades es visible sobre la geografía de Medici, dando al jugador acceso a diversión cada vez más directa y sin rodeos, incluso con posibilidad de solicitar cualquier vehículo, arma y gadget en cualquier punto, con la aplicación Suministros Rebeldes, que deja caer del cielo un contenedor con todo lo solicitado. Una maravilla para que la acción, la conducción y el vértigo no paren nunca. Entre tanto, determinadas misiones de la trama principal son un buen punto de inflexión que si ayudan a salpicarla de momentazos, con algunos enfrentamientos que actúan a modo de jefe final clásico, con misiones de recolección y observación que dan un acertado descanso a tanta pólvora, o con carreras en carretera y ríos que le hacen no comportarse nada mal tampoco en el terreno del volante, incluso con comandos para disparar y conducir al mismo tiempo o cambiar de coche-barco en marcha.

    La música dispara otro poco la adrenalina, con una brillante banda sonora a cargo de Henry Jackman (El Caballero Oscuro, Kingsman) que mezcla contundentes sonidos electrónicos y bajos de rock con matices mediterráneos como la guitarra española o los vientos de orquesta. No es casualidad que el inconfundible Fire de Kasabian haya puesto pentagrama al tráiler y el Firestarter de Torre Florim al incendiario y cautivador arranque. Mismas buenas palabras se pueden dedicar al doblaje en castellano, a cargo de voces habituales en superproducciones de este calibre, y a los efectos reservados para las explosiones o los motores, mejor trabajados en audio que el liviano fogueo de las armas, por ejemplo. En este sentido, otro punto destacable viene con su presentación y esquema, sin demasiadas concesiones ni titubeos, dejando al jugador empezar a divertirse desde muy pronto, sin perder el tiempo en preámbulos. Sorprende.

    Para los obsesionados con la duración, diremos que se necesitan unas 15 horas aseguradas para llegar a los créditos directamente, y otras 30 o 40 más por lo menos para acercarse al 100% de lo que ofrece y lograr unas marcas decentes en los desafíos para que los amigos puedan descargar el fantasma. No está nada mal, JC3 cumple en duración y misiones, de sobra, y eso que Avalanche ya ha asegurado que va a haber ampliaciones e incluso está valorando añadir un multijugador PVP que nos enfrente directamente a otros, pues el multi de momento queda relegado a tablas de puntuación y descarga de fantasmas. Es tan vasto y rico este mundo que, sin duda, queda espacio para seguir jugando, ya sea con expansiones en singleplayer o contra otros. Y a eso se suma, al menos en PC, la gama de mods que a buen seguro la comunidad habitual construirá.

     

     

    85

    Veredicto

    Sin innovar en exceso respecto a sus predecesores pero con un componente adictivo y de acción creativa y abierta que lo hace rápidamente muy potente, Just Cause 3 es uno de esos juegos que, a largo plazo y cuando se llevan muchas horas, pasan de ser diversión a ser entretenimiento. Avalanche consigue uno de los sandbox más ágiles, vertiginosos e interactivos que se recuerden, pura explosión de jugabilidad en un mapeado enorme y sugerente, una producción sólida, mimada y con gancho, pero que ya no sorprende.

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