Los 10 Mandamientos y los Videojuegos...

Conversación publicada en el foro Charla

Pues eso amigos, buscando por ahi (no me pregunteis el ke) me encontre con esta maravilla de la religion ke deberia ser hilo oficial, jejeejej, tomad y leed:


Los 10 Mandamientos y los Videojuegos

Cuando Moisés descendía las laderas del Sinaí cargado con las Tablas de la Ley, no podía ni imaginar que, 3.000 años más tarde, unos simples aparatejos llamados consolas se encargarían de echar por tierra todos sus esfuerzos. De haberlo sabido seguramente se habría quedado en su casita viendo películas de Charlton Heston. Para vergüenza y escarnio de las generaciones presentes y futuras, hagamos un repaso de nuestros pecados proponiendo, para cada uno de ellos, una justa penitencia.






I. Amarás a Dios sobre todas las cosas.


Grado de cumplimiento: 1/10
Si Dios vive en las iglesias y un acto de amor es acudir a visitarle, no hay nada que hacer: estamos todos condenados. Además, para sustituir el ambiente sobrio e incensario de los templos, nosotros hemos ensalzado a este nuevo ídolo, los videojuegos, y le hemos levantado un altar en nuestro salón, en donde llevamos a cabo nuestras demostraciones de piedad y reverencia. En las capillas donde antaño se guardaban las imágenes de los santos, hoy se veneran a otros intermediarios como Hideo Kojima, patrón de los infiltrados, o Sinji Mikami mártir, protector de temerosos.

Penitencia para destruir toda devoción a los videojuegos: jugar cinco horas seguidas a cualquier entrega de .hack.





II. No tomarás el nombre de Dios en vano.


Grado de cumplimiento: 2/10
Jugar a los videojuegos es, sin ninguna duda, una de las actividades que más incitan a la blasfemia. Las muestras de desagrado suelen degenerar en un compendio de ofensas contra las cosas sacras y, lo que es peor, contra las personalidades sacras y sus diversos miembros corporales. Las expresiones de alegría no se quedan atrás y no es raro que se invoque a los santos o a la mismísima divinidad para celebrar actos tan repulsivos (aunque virtuales) como la conducción temeraria o los asesinatos en masa. Sólo cuando los programadores se exceden a la hora de aumentar la dificultad y los jugadores no alcanzamos la habilidad necesaria, se produce una cierta aproximación a los misterios divinos y reclamamos a la gracia lo que nos ha querido negar la naturaleza.

Penitencia para emplear el nombre de Dios correctamente: acabar Stuntman de un tirón. Al principio puede parecer contraproducente, pero después de ocho o nueve horas te echarás a los pies de toda la corte celestial pidiendo su ayuda.





III. Santificarás las fiestas.


Grado de cumplimiento: 0/10
A la juerga, el fútbol, la Fórmula 1 y los programas nocturnos de las televisiones locales, se le unen los videojuegos en una auténtica cruzada contra la religiosidad dominical. Ya no conectamos con La 2 los domingos por la mañana, sino con Tele 5; ya no leemos el misal por la tarde, ni escuchamos la predicación, ni rezamos el rosario, sino que leemos el Marca, escuchamos Carrusel Deportivo y rezamos porque gane nuestro equipo favorito. Los huecos que quedan entre todos estos ejercicios espirituales, los llenan los videojuegos y lo que debería ser una exaltación de la virtud en un día de fiesta, se transforma en un aquelarre en favor del vicio.

Penitencia para hacer un buen uso de las fiestas: leer de pe a pa todas y cada una de las revistas de videojuegos existentes, incluida ésa en la que todos estáis pensando. El vacío de vuestras existencias se os hará patente y no os quedará más que el arrepentimiento.





IV. Honrarás a tu padre y a tu madre.


Grado de cumplimiento: 1/10
Los videojuegos son una mala hierba plantada en medio de la familia, sobre todo en aquellos hogares que sólo cuentan con un televisor. El frondoso árbol de la convivencia se ve invadido por este virus y lo que debería ser nido de amor acaba siendo un campo de batalla por la dominación del territorio. Las guerras entre naciones, que arrastran a la muerte a tantos miles de inocentes, no son nada frente a esas amenazas que se lanzan diariamente padres e hijos, hermanos y hermanas, abuelos y nietos, normalmente con el único lenguaje de los ojos. Las generaciones se enfrentan, las actitudes se combaten y tan cruento es un duelo entre Zapatero y Rajoy como uno entre Solid Snake y Bertín Osborne.

Penitencia para crear un buen ambiente familiar: no hacer nada para evitar su degradación. Las miradas se transformarán en tortazos, los tortazos en trincheras y, al final, seguro que alguien acaba comprando otra tele.




V. No matarás.


Grado de cumplimiento: 3/10
Mucho se ha hablado de la influencia negativa que ejercen los videojuegos sobre la juventud y no vamos a insistir demasiado en ello. Está demostrado que todos llevamos dentro un asesino en potencia, un ser destructivo, un engendro del mal, un violador y un genocida y que sólo es necesario un ligero toque para que esta bestia despierte. También está demostrado que las personas se dejan convencer muy fácilmente y que raras veces distinguen lo real de lo ficticio. Sabiendo esto, ¿cómo es posible que no se hayan prohibido ya los videojuegos? ¿Cómo es posible tener tan a la mano este instrumento maldito que nos obsequia con puntos las agresiones y los asesinatos virtuales? Además, aunque no tenemos noticias de que nadie haya descalabrado a un prójimo con una consola, sí que es necesario advertir de la posibilidad de que esto suceda y, por ello, recomendamos a los fabricantes que utilicen materiales más blandos en su fabricación.

Penitencia para evitar los impulsos asesinos: atender en el colegio.





VI. No cometerás actos impuros.


Grado de cumplimiento: 9/10
Este es el mandamiento que más observamos los jugones ya que, mientras podríamos estar por ahí asaltando conventos y arrebatando honores, nos quedamos en casa dedicando nuestro tiempo a la afición que más ha hecho por el celibato en la actualidad. Y es que, verdaderamente, pocos actos impuros podemos cometer mientras jugamos a los videojuegos, salvo retorcidas excepciones que es mejor y más decente omitir. Tanto la pureza como la impureza tienen vedado el paso en esos momentos de asueto y, mientras tengamos las manos puestas en el Dual Shock 2, tan lejos estaremos del desempeño de la virtud como de la caída en los vicios.

Penitencia contra las tentaciones innecesarias: llevar una vida eremítica, para lo cual es necesario almacenar en nuestros hogares cantidades ingentes de alimento y bebida. Esto hará que nuestras salidas al exterior se reduzcan de forma considerable, esquivando así visiones que, al exaltar nuestra pasión, tanto mal harían a nuestro espíritu.





VII. No hurtarás.


Grado de cumplimiento: 6/10
Como cualquier otro vicio, el de los videojuegos también puede degenerar hasta extremos inimaginables y lo que al principio sólo prometía diversión pura y dura puede acabar transportándonos a un universo lleno de oscuridad y envilecimiento, de noches en cajas de cartón y dedos amoratados. Todos nosotros, como yonquis de nueva generación, podemos llegar a sentir tal necesidad de probar y saborear nuevas experiencias videojueguiles, que nos veamos abocados a la vida marginal y, con ella, al hurto a mano armada y al “enga acá tó lo que tienej”. Llegados a tal extremo algunos le echarán la culpa al elevado precio de los juegos, otros a “la sociedad”, pero no se nos puede escapar el hecho de que es el pecado, y sólo el pecado, la raíz primigenia de todos los males. Cuidado pues con la adicción, con los tics nerviosos y la secreción de babas. Es nuestra responsabilidad.

Penitencia para disfrutar con lo propio y no con lo ajeno: consultar mensualmente el foro HYPE!





VIII. No dirás falso testimonio ni mentirás.


Grado de cumplimiento: 3/10
Por lo que respecta a los videojuegos, éste es un pecado que afecta exclusivamente a los medios de comunicación, ya que la opinión de los usuarios es algo de lo que no se puede sacar provecho y, por tanto, está libre de mentiras intencionadas. Cuando se tienen responsabilidades, la verdad se difumina a la luz de muchos intereses y el mundo de los videojuegos no podía permanecer al margen: compañías que disfrazan malos productos bajo una buena publicidad, redactores que venden su criterio al mejor postor o editoriales enteras que protegen y fomentan este tipo de actuaciones. Único móvil: el dinero. Únicos perjudicados: nosotros, que quizá con esto pagamos el precio de nuestros incontables pecados.

Penitencia para que prevalezca la verdad: crear una comisión política para investigar los hechos.





IX. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.


Grado de cumplimiento: 2/10
Este mandamiento contra la impureza está íntimamente relacionado con el VI, con dos diferencias: 1. Si aquél era de acto, éste lo es de pensamiento. 2. Si aquél era físicamente imposible, éste es mentalmente abundante. Los videojuegos no son más que escenarios en los que practicar virtualmente nuestros más bajos instintos: la violencia, el sexo, la apilación de figuras geométricas... Y, claro, quien cata esas diabólicas delicias (aunque sólo sea con el poder de la fantasía) no ve el momento de hacerlas reales. El deseo se dispara, la pasión de desborda y, aunque normalmente se quede ahí (o en la red de tuberías), deja en nuestro cerebro un poso de corrupción que no tardará en brotar y expanderse por todas nuestras células pecadoras.

Penitencia para la limpieza del alma: jugar a ICO acompañado de velas y música clásica de fondo.





X. No codiciarás los bienes ajenos.


Grado de cumplimiento: 2/10
Acabamos este repaso a la inmoralidad con un apunte sobre la codicia, pecado que embota nuestras mentes con perjudiciales y falsas esperanzas. Es tanto el poder de la codicia que buena parte de la diversión que ofrecen los videojuegos se debe a su intervención. Porque, no nos engañemos, ¿acaso gozamos igual de un juego antiguo y manoseado que de uno reciente, capricho de ricos y frikis? En absoluto, el encanto de un juego viene muchas veces de su novedad, de la capacidad de unos pocos para fardar delante de unos muchos. La satisfacción de poder decir “yo he jugado a Final Fantasy XIII” cuando nadie (o muy pocos) lo han hecho, quizá supera a toda la satisfacción que te haya podido ofrecer dicho juego mientras lo probabas. Lo peor de todo, y aquí viene la desobediencia al mandamiento, es que este acto genera toda una miríada de codiciosos que, como ratoncitos de Hamelín, siguen al flautista totalmente cegados por su brillante farsa. Aceptemos, pues, nuestra situación, asumamos nuestra realidad y si cuando saquen la PS3 tenemos que seguir con nuestra PsOne, que sean otros los que pequen de soberbia, y no nosotros de codicia.

Penitencia en favor de la humildad: pasarse tres meses programando un juego para calculadora científica y meditar sobre los resultados.


Fuente:http://eldiariodepetrarca.blogspot.c...damientos.html


Pd: espero ke os guste y escribid vuestra opinion.... jajajaja
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