Cangrejo rojo de rio

Conversación publicada en el foro Charla

3. La introducción de cangrejos en la Península Ibérica

Se puede apreciar en la Figura 3 que con excepción de los cangrejos del género Procambarus, introducidos en el sur-oeste de la Península Ibérica, las otras introducciones de cangrejos han ocurrido en el centro y norte de España.

Desde los años 60 comenzaron en España los primeros intentos de aclimatación de varias especies de cangrejo europeas y americanas con diferente éxito (Harbsbugo-Lorena, 1978; Lowery & Holdich, 1988). En 1962 se intentó en astacifactoría, sin éxito, el cangrejo noble A. astacus, especie típica de Europa Central y Finlandia.

En 1973 se importó desde Louisiana (USA) un lote de P. clarkii a la provincia de Badajoz con tanto éxito en su aclimatación que ya se ha naturalizado. Posteriormente en 1974 junto con otro lote de P. clarkii, también procedente de USA, se introdujo en los arrozales del Bajo Guadalquivir en la provincia de Sevilla el cangrejo blanco de río P. zonangulus. esta especie aparentemente no prosperó (Habsburgo-Lorena 1978; 1986a,b).

En 1974 y a diferencia de las otras especies exóticas cuyos lotes importados provenían de sus áreas naturales de distribución, se importó desde Suecia el cangrejo señal P. leniusculus, especie típica de la Costa Oeste de Norte América consiguiéndose un éxito considerable en su aclimatación (Carral et al., 1993). Actualmente se realizan erróneamente repoblaciones con esta especie en lugares donde ha desaparecido el cangrejo autóctono, de tal forma que su rango de distribución ha aumentado considerablemente. Se han citado poblaciones de P. leniusculus en las siguientes Comunidades Autónomas: País Vasco, Castilla León, Castilla-La Mancha, Navarra, La Rioja. De igual forma, ha aumentado el número de granjas dedicadas a su cultivo con fines de repoblación, actualmente operan 3 granjas. Su pesca es autorizada y está bien reglamentada en algunas Comunidades Autónomas como Castilla-León, Navarra y País Vasco, mientras que en Castilla-La Mancha está prohibida su pesca (Decreto 91/1994) y comercialización (R.D. 1118/89). Se estimó que la producción de esta especie en 1988 llegó a una tonelada (A. Habsburgo-Lorena, com. pers.), durante 1994 se produjeron en granjas de España cerca de 0.6 Toneladas para consumo humano, y 1.5 millones de juveniles de estado 2 para repoblación (Pérez, et al. 1997). Es importante señalar que estas cifras pueden estar muy subestimadas debido a que el tipo de pesca y al fuerte furtivismo que está sujeta esta especie propician que no siempre se declare ante las autoridades la cantidad total de la pesca.

Por último en 1975, también sin éxito, se intentó introducir en varias balsas de una finca de la provincia de Valladolid, una partida procedente de Turquía, del cangrejo de patas delgadas A. leptodactylus, es una especie típica de la cuenca Ponto-Cáspica (Mar Negro, Caspio, Turquía). En 1983 se llevó a Cataluña un lote de cangrejos australianos Ch. destructor con fines de acuicultura, pero al no tener los permisos necesarios para la puesta en marcha de la granja, los empresarios trasladaron a los animales a la provincia de Zaragoza a ver si tenían mejor suerte, como tampoco consiguieron permiso para la astacifactoría, decidieron soltar los animales en un lago de esa provincia, donde la población ha prosperado (Bolea, 1995).

3.1 El caso de Procambarus clarkii

Son varias las causas que explican porqué P.clarkii es la especie de Astácido e incluso de Decapoda más extendida por todo el mundo. Desde antiguo se conocía que el cangrejo rojo de las marismas era la especie ecológicamente más plástica de todo el orden Decapoda por lo que había constituido en su área de origen el centro de atención de numerosos proyectos de acuicultura que hicieron florecer en el estado de Lousiana (USA) una multimillonaria industria (50,000 has de balas de cultivo) relacionada con su producción extensiva e intensiva, procesado, consumo y distribución en mercados nacionales e internacionales (Huner, 1985; Huner, 1988).

Las razones básicas de la expansión artificial del cangrejo rojo pueden agruparse en tres tipos: importación por fines recreativos como mascota en acuarios domésticos que posteriormente son liberados en ecosistemas acuáticos del país donde se introdujeron. Es el caso de las introducciones en Francia o Inglaterra (Hobbs III et al., 1989). La segunda razón estuvo encaminada a la alimentación de especies importantes para la acuicultura, como es el caso de la rana toro en Japón cuando se llevó esta especie en 1918 (Penn, 1954). La tercera razón está relacionada con el intento de crear poblaciones reproductoras comercialmente explotables. Este ha sido el motivo fundamental de la mayoría de las introducciones, incluida España y posteriormente el sur de Portugal, aunque se sabe que los primeros individuos arribaron a Portugal debido a la expansión natural que tuvo la población que se naturalizó en Badajoz (Correia, 1993). De todas formas y como indica Gaudé III (1983), cada introducción está rodeada de una serie de aspectos personales, económicos, políticos e incluso ecológicos que en último término explica el origen y ejecución de un determinado proyecto de importación de especies.

El resultado de este comportamiento es la amplia distribución mundial de ésta especie. Actualmente habita en todos los continentes a excepción hecha de Australia. Su distribución continúa aumentando año tras año ayudada sin duda por una tendencia de importación, que no ha disminuido, hacia las zonas con climas templados caracterizados por otoños e inviernos suaves y veranos calurosos (Huner, 1985; 1988; Hobbs et al., 1989).

3.1.1 La Introducción de P. clarkii en la Península Ibérica

A diferencia de la introducción en España de otras especies de animales y plantas en general y de cangrejos Astacoidea en particular, la importación del cangrejo rojo de las marismas esta perfectamente documentada y ha sido tratada por varios autores (Habsburgo-Lorena, 1978, 1983, 1986a, b; Algarín, 1980, 1981; Ocete & Lopéz-Sánchez, 1983; Gaudé III, 1983, 1986).

El marco favorable para la introducción en España de esta especie venía dado por el ambiente internacional óptimo que existía en los años 70 para la introducción de especies americanas resistentes a la plaga del cangrejo, que diezmado las poblaciones de Astacidae europeos en un contexto continental, donde el cangrejo tiene una fuerte demanda de mercado por ser considerado una comida de alta calidad (Westman & Westman, 1992; Anastácio & Marques 1995).

Este ambiente desencadenó una serie de introducciones fallidas a principios de los años 60 y principios de los 70 de otros taxones de cangrejos europeos y americanos que hizo que se pensara en una especie de amplio espectro ecológico, y adecuada para un país en el que más del 60% de su territorio se caracteriza por un clima de carácter mediterráneo (Montes et al., 1993). En este contexto, se realizó en Junio de 1973 una primera experiencia de aclimatación de P. clarkii (100kg) provenientes de New Orleans en los arrozales de una finca en la provincia de Badajoz (Habsburgo-Lorena, 1986). Posteriormente realizó otra introducción a mayor escala, con ayuda institucional, para ocupar lo que era la zona potencial de mayor beneficio económico por su extensión (28,000 ha), los arrozales de la Marisma Alta del Guadalquivir (Algarín, 1980). De este modo, siguiendo y cumpliendo todos los trámites legales y con licencia, ayuda y asesoramiento del ICONA y del Dr. James Avault, que había visitado anteriormente España para reconocer diferentes zonas aptas a la introducción (Habsburgo-Lorena, 1986), el 10 de Mayo de 1974 se llevaron a Sevilla, 500 Kg del cangrejo rojo de las marismas y del cangrejo blanco de los ríos, aunque este último parece que no se estableció (Huner, 1988). Dado que en esta zona no había existido ni era adecuada para el cangrejo nativo, se pensó que no habrían problemas de competencia ni eliminación por transporte de la plaga del cangrejo.

La mayoría de los cangrejos murieron en el transporte y 100 Kg de cangrejos fueron soltados en un vivero de anguilas del Sr. Grau, quien financió la operación, en el término municipal de Puebla del Río, Sevilla. La ausencia de filtros permitió que los cangrejos se escaparan y comenzara la colonización natural de cauces y canales cercanos. En 1975 la expansión deja de ser espontánea ya que los pescadores, en vista de los precios que se estaban alcanzando, empiezan a distribuir ejemplares por toda la zona de la marisma del Guadalquivir incluyendo el Parque Nacional de Doñana y su área de influencia. La idea era, además de romper el monopolio comercial de Grau y conseguir zonas de almacenamiento durante la época invernal y primaveral en las que las tablas de arroz permanecen secas.

En 1976 ya existe una explotación económica de la producción en los arrozales y sistemas de canales y se pescan los primeros ejemplares en el Arroyo de la Rocina y el Caño de las Nuevas dentro del Parque Nacional (Algarín, 1980). En 1977 la Rocina ya era un lugar de pesca y en 1979 ya estaba extendido por todo el Bajo Guadalquivir incluyendo diferentes ambientes acuáticos naturales y embalses de las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz. En 1983/84, se registran ejemplares en el Lucio del Bolín (Delibés & Adrián, 1987). En la Figura 4 se muestra la expansión del cangrejo rojo en la Península Ibérica.

El conocimiento del beneficio económico que estaba produciendo esta especie en el Bajo Guadalquivir y la facilidad de conseguir material vivo, dado que es la forma en que se presenta en los mercados nacionales animó a diferentes propietarios de terrenos de arroz de otras áreas del país a intentar su translocación. Es el caso de los arrozales de Valencia en 1978 y el Delta del Ebro en 1979 (Fig. 4).

Una consecuencia del comportamiento tan activo del cangrejo americano es que su tasa de dispersión natural es muy elevada. Consecuencia de esto y de la ubicación geográfica donde se realizó su primera introducción en España, es que a finales de los años 70 se encontraba ya en territorio portugués. Ramos y Pereira (1981) señalan 1979 como el año de llegada de P. clarkii a Portugal, concretamente al río Caia, cerca de la frontera con España. En la región hidrográfica del Tejo, cerca de su desembocadura en el mar, se detectó la presencia de abundantes poblaciones a mediados de los años 80 (Reiner (1985) y Ferreira (1985) citados en Correia, 1993). En 1987, se observaron grandes cantidades de individuos en el río Mondego -centro de Portugal- (Marques et al., 1992). Adão (1991) indica que a mediados de la década de los 80 el cangrejo americano se localiza por toda la región hidrográfica del Guadiana -SE- y a principios de los 90 ya ha alcanzado al río Sado -SW-; aunque sin datos de su llegada al río Douro -N-, Adão y Marques (1993) ya lo mencionan como invadido por P. clarkii. Esta expansión de forma natural en un principio se vio favorecida por las diversas introducciones y translocaciones que pescadores españoles hicieron por el sur de Portugal, con el fin de aumentar su área de pesca. Como se puede apreciar, a partir de 1980 se emprendió una translocación masiva de P. clarkii por España y Portugal (Fig. 4).

La expansión del cangrejo por España y Portugal no sólo quedó relegada al continente, sino que en la actualidad se han detectado poblaciones estables de cangrejos en la Isla Sao Miguel en la Azores, Portugal (Correia & Costa, 1993), en las Islas Baleares y en las Islas Canarias, España.

3.1.2 Impacto ecológico

Al ser P. clarkii una especie clave e ingeniera en el funcionamiento de los ecosistemas acuáticos (Jones & Momot, 1983; Momot et al., 1978; Momot, 1984; 1995; Holdich, 1987; Gutiérrez-Yuirrita, 1997; Gutiérrez-Yurrita & Montes in press, a) y con gran capacidad de invasión (Gouyon, 1990; Gutiérrez-Yurrita et al., in press, b), el impacto directo que puede ocasionar su introducción al ecosistema se debe ver desde al menos tres perspectivas. La primera es su potencialidad de alterar la producción total de los ecosistemas (Huner & Barr, 1991; Momot, 1995; Gutiérrez-Yurrita, 1997). La segunda, hace referencia a sus hábitos alimenticios, ya que como gran depredador carnívoro, mientras busca animales ingiere grandes cantidades de herbáceas y detritus, esta tasa aumenta al disminuir la proteína animal (Gutiérrez-Yurrita et al., 1998). A altas densidades de cangrejos, el forrajeo se puede extender tanto que modifica totalmente el hábitat, al destruir los tapetes microbianos y las praderas de macrófitos (Momot et al., 1978; Feminella & Resh, 1986; 1989; Lodge & Lorman, 1987; Olsen et al., 1991). Finalmente, debe considerarse al cangrejo como presa de otros animales, tanto invertebrados como vertebrados (Hernando, 1978; Adrián & Delibes, 1987; Elvira et al., 1996; Beja, 1996; Elvira, 1998).

Los diversos estudios de P. clarkii desarrollados por el grupo de investigación de la UAM han puesto de manifiesto una serie de característica inherentes a esta especie por las que se ha convertido en clave para la transferencia del flujo de energía entre los niveles tróficos, al mismo tiempo que se ha evidenciado su importancia en el ciclo de la materia y reciclaje de nutrimentos en algunos ecosistemas que ha invadido. Además, se ha demostrado que es una especie ingeniera del paisaje, al transformar físicamente su entorno y al alterar la disponibilidad de recursos para otras especies. Estas alteraciones las ha realizado, principalmente, por la modificación estructural de la marisma al reducir o eliminar totalmente las praderas de macrófitos acuáticos, y por sus hábitos de enterramiento durante la época reproductora, ya que al construir galerías afecta la composición física del paisaje (Montes et al., 1993; Bravo et al., 1994; Gutiérrez-Yurrita et al., 1994; Gutiérrez-Yurrita, 1997; Gutiérrez-Yurrita et al. 1998; Gutiérrez-Yurrita & Montes, in press, a; b; Gutiérrez-Yurrita et al., in press, a; b; Beroiz, in press). La consecuencia ecológica más importante de la reducción en la cobertura de la vegetación acuática es el enriquecimiento de la columna de agua de nutrimentos, los cuales favorecen el desarrollo de la comunidad fitoplanctónica produciéndose el cambio de equilibrio ecológico de agua clara al de agua turbia (Scheffer 1990; Scheffer et al., 1993; Montes et al., 1993; Bouffard & Hanson 1997; Gutiérrez-Yurrita, 1997). En la Figura 5 se aprecia de forma general el funcionamiento de un ecosistema de agua poco profunda y la modificación que puede ejercer el cangrejo al actuar sobre los macrófitos acuáticos.

Por otro lado, hay que tener presente que esta especie al ser un recurso pesquero importante en diversas zonas de la PI, también trae consigo un impacto en los ecosistemas debido a su explotación. Este impacto se manifiesta por el trasiego de los pescadores al momento de colocar y de retirar las trampas, por el arte de pesca utilizado, y por la forma y los lugares de pesca (Molina-Vázquez, 1984; Domínguez, 1987; Asensio, 1991; Green 1994; Gutiérrez-Yurrita et al., 1997; Gutiérrez-Yurrita et al., in press). La forma en que se manifiesta este impacto es por el destrozo de la vegetación ribereña por parte de los pescadores y por la alta mortandad de vertebrados acuáticos (peces, anfibios y reptiles) y aves debido al tipo de trampa empleada, por ejemplo en la temporada de 1989, en el Parque Nacional de Doñana y el Paraje Natural del Brazo del Este fallecieron en las trampa más de 42,000 aves y más de 750,000 vertebrados acuáticos de diversas especies, algunas especies de aves están incluidas en el libro rojo de España como en peligro de extinción (Marmaronetta angustirostris y Porzana puzilla) (Asensio, 1991; Gutiérrez-Yurrita et al., 1997).

La presencia del cangrejo rojo en las zonas marismeñas no repercute sólo en las áreas naturales que coloniza, sino también en los arrozales. Varios autores han puesto de manifiesto los elevados daños que los cangrejos producen en las infraestructuras agrícolas y las dificultades técnicas para su minimización (Algarín, 1980; Ocete & López-Sánchez, 1983; Gállego & Ocete, 1985; Adão & Marques, 1993; Anatácio & Marques, 1995; M. Jover, com. pers., 1997).

3.1.3 Impacto socioeconómico o ¿cómo sacar el mejor provecho de una situación adversa?

Aunque el cangrejo americano ha sido introducido en numerosos lugares del planeta, su explotación comercial se reduce básicamente a Luisiana (EEUU), su área de origen, República Popular China y a las marismas del Bajo Guadalquivir (Huner, 1989; ver también Huner et al., 1992). Las causas de esto son de tipo cultural y/o sanitario. En la mayor parte de los lugares donde ha sido introducido no existía una tradición de consumo de éste u otro crustáceo parecido, como es el caso de los países africanos y americanos con excepción de EE.UU. donde se consume en grandes cantidades P. clarkii (Huner & Barr, 1991) y México, donde se consumen otras especies de cangrejos desde tiempos prehispánicos (Gutiérrez-Yurrita & Latournerié, 1992). En Japón, además de ser considerado como un alimento de escasa calidad, actúa como vector de ciertos parásitos intestinales que desaconsejan su consumo (Penn, 1954).

En España, sólo el Bajo Guadalquivir posee una industria capaz de canalizar la producción de cangrejo para su colocación en los mercados mayoristas, pudiéndose considerar la pesca en otras regiones como de carácter deportivo, limitada al consumo particular o a mercados minoristas, no existiendo asociaciones de pescadores ni ningún otro tipo de organización empresarial en torno al cangrejo como es el caso de Valencia y del delta del Ebro (Escosa, 1990; Pérez et al., 1997) o sin importancia económica como sucede en la Albufera de Valencia (Jover, et al. 1990; M. Jover, com. pers., 1997).

En lo que se refiere a Portugal, la explotación de esta especie ha sido muy baja, y se relacionaba básicamente con la pesca furtiva que realizaban pescadores españoles cuando por efecto de la sequía en los pocos cuerpos de agua que quedaban o en las marismas del Guadalquivir no había cangrejos (varios pescadores, com. pers.). En 1995, como resultado del descenso de la producción de cangrejos en España, un empresario holandés radicado en Sevilla, ha mostrado interés por instalar una fábrica de transformación del cangrejo en el Valle Mondego, para comercializarlo congelado, enlatado o en forma de paté en los mercados del norte de Europa, la producción actual estimada que se comercializa en esta zona para enviarse a España es de 700 toneladas, pero la producción potencial para 1998 puede ser de 3000 toneladas (Veiga, 1995). Por otro lado, el precio que se paga en Portugal por los cangrejos es más bajo que el que se paga por ellos en España. El precio de cangrejo que cobra el pescador va de 135 a 270 pst./k, mientras que en los comercios de las grandes ciudades se paga a 630 pst./k durante los meses de Julio a Agosto de 1997 (P. Anastácio, com. pers., 1997) (1dólar=145pst.), en España, la venta de cangrejo en la misma época estuvo alrededor de las 180 pst./k en origen en las marismas del Guadalquivir (obs. pers.), aunque hubo momentos que el valor decayó hasta 25pst./k a finales de Agosto y en Septiembre; en la Albufera de Valencia el precio estuvo entre 350-400 pst./k en origen (M. Jover, com. pers. 1997), y entre 800 y 1300 pst/k para vender al público en las grandes ciudades como Madrid (obs. pers.).

En el año de 1975 comenzaron a caer ejemplares de cangrejo americano en las redes de los pescadores de anguila del Bajo Guadalquivir, y éstos, viendo en la nueva especie un sustituto de la anguila, ya e clara decadencia, de gran potencial económico, comienzan a dispersar parte de las capturas, generalmente las tallas más pequeñas, por los antiguos cotos anguileros que tenían asignados. Los primeros años de capturas de cangrejo fueron un éxito rotundo para el colectivo (Algarín, 1981). En la Figura 6 se aprecia la producción anual de cangrejos en España desde su introducción hasta la fecha. La máxima producción se alcanzó en 1987 con 5000 toneladas. Debido a la fuerte demanda de cangrejo existente en los mercados del norte de la Península los cangrejos se pagaban a buen precio. Los pescadores, en virtud de la existencia de los cotos, controlaban completamente la producción, los mayoristas venían a la marisma y se llevaban la mercancía sin generar por ello ningún gasto añadido (Soto, 1992). En la Figura 7 se presenta la evolución en el tiempo del número de pescadores de cangrejos en las marismas del Guadalquivir.

Con el aumento incesante de la producción, bajan los precios, y se incrementa la competencia entre los diferentes productores y comercializadores. La Figura 8 muestra la evolución de los precios del cangrejo en España. Esta situación desemboca en una desorganización tal de la industria que la pesca del cangrejo rojo pasa de ser la esperanza económica de la zona a una explotación marginal de temporada que se combina y alterna con la agricultura, la pesca de otras especies y trabajos esporádicos en áreas alejadas del sector primario (Montes et al.,1993). De esta forma, y debido a la fuerte sequía en esta zona, la producción anual de cangrejos en las marismas del Guadalquivir a principios de los 90 ha sido prácticamente nula, y las cifras que se han llegado a mencionar dependen en gran parte de la pesca furtiva realizada en Portugal, ya que los animales capturados se transportaban a España, donde eran procesados y comercializados (observ. en campo y com. pers. de varios pescadores).

El coto industrial número uno, en la marisma de El Rocío, pasa a ser espacio protegido con la ampliación de los límites del Parque Nacional de Doñana en 1978. La pesca del cangrejo se ejerce en él de forma legal hasta 1984 y a partir de este año se prohibe debido al elevado impacto ambiental que producía en los ecosistemas del Parque (Molina-Vázquez, 1984; Domínguez, 1987).

En 1985 la Junta de Andalucía encarga, a través de la Dirección General de Pesca, la realización de un análisis sociológico del colectivo de pescadores (DOPP, 1986) que resulta ser el último realizado hasta la fecha. En él se presenta un panorama tenso, todavía no equilibrado, con importantes acusaciones entre los diferentes sectores relacionados en la producción y donde se reclamaba una regulación externa por parte de los poderes públicos que contrarrestara de alguna manera la tendencia hacia el monopolio por parte de algunos pocos viveros y el desigual reparto de los beneficios. Las últimas revisiones acerca del tema en la zona son las realizadas por Algarín y Librero (1988) donde se añaden nuevos datos tanto acerca de la producción como de la evolución del colectivo de pescadores y el análisis socioeconómico realizado por Soto (1992) para la campaña de 1991. Es de resaltar que gran parte del problema económico de los pescadores es que la producción de P. clarkii está muy marcada por la estacionalidad (más del 97% de la producción proviene de capturas en áreas naturales y menos del 3% proviene de granjas), y que no se ha logrado mantener esta producción constante durante todo el año. Mientras que en la Figura 9 se muestra la producción mensual de P. clarkii en la Figura 10 se puede observar su precio mensual por kg. En la actualidad se cree que con buenas medidas de gestión de este recurso y con años "normales" de precipitación pluvial (540mm), la producción que puede obtenerse en las marismas del Guadalquivir debe ser del orden de las 3000 toneladas (Soto, 1992), cifra que está a punto de cumplirse, ya que durante la campaña de 1997 ha aumentado la producción a 2900 toneladas.

El mercado de P. clarkii en la PI se observa en la Figura 11. Se distribuye básicamente en el norte, siendo Madrid, Valladolid las principales provincias que lo consumen. La Figura 11a muestra el mercado europeo de esta especie. La exportación estimada es de 301 toneladas, de las cuales el 78.1% se mandaron a Francia, el 13.6% a Suecia, el 7.6 a Bélgica y el 0.7% a Holanda.

3.1.4 Sensibilización ambiental de los pescadores

El grado de conciencia medioambiental que presenta el colectivo de pescadores es bastante bajo. Al ser la pesca una actividad extractiva de bajo o nulo nivel de intervención en el medio, salvando el impacto ambiental a que hacíamos referencia, es difícil que un pescador comprenda porqué en determinadas zonas su presencia puede ser molesta o peligrosa para una naturaleza de la que tradicionalmente han vivido. Casi el 70% de los pescadores pesca en El Rocío, es decir en el Parque Nacional de Doñana, ya que emplean ese término para referirse al conjunto de la Marisma de El Rocío y la Madre hasta la altura de la Reserva Biológica de Doñana. Entre los que no lo hacen se encuentran mayoritariamente los que habitan la margen izquierda, que lo hacen en otra zona natural protegida, el Paraje Natural Brazo del Este.

El 80% de los pescadores creen por otra parte que la actividad furtiva no sólo no causa daños al Parque, si no que por el contrario su actuación allí es beneficiosa al controlar de alguna manera la expansión de la especie. Aquellos que pensaban que la pesca furtiva sí tenía un efecto pernicioso para el Parque puntualizaban que, de estar la pesca regulada en su interior este daño sería mucho menor. Al ser preguntados por el efecto que sobre las aves tenían las redes cerca del 69% de los pescadores respondieron que este daño es mínimo (69%) y que podría ser evitado mediante pequeñas modificaciones de la nasa, no siendo esto un impedimento decisivo para la pesca.

En general se puede apreciar que conocen el problema que generan, ya que han sido constantemente acusados de ello, pero no admiten una prohibición tajante. De hecho la pesca furtiva se sigue produciendo en mayor o menor medida pese a su prohibición y a la persecución de que es objeto. Las razones últimas están en la ventaja económica que la pesca en Doñana supone.

3.1.5 Medidas de gestión

Por lo anterior se deduce que las medidas de gestión relacionadas con las poblaciones de cangrejos, o la forma de manejar los sistemas acuáticos con presencia estable de poblaciones de cangrejos deben tener como objetivo básico reducir la presión que esta especie ejerce sobre las praderas de macrófitos acuáticos cuando alcanza altas densidades de individuos y el sistema está permanentemente inundado. El control de las poblaciones de P. clarkii se puede desarrollar en esencia por dos métodos: la pesca controlada (Momot, 1991; 1993; Huner, 1992; Huner et al., 1992; McClain & Romaire 1995; Romaire 1995) y la gestión del régimen hídrico (Huner, 1988; 1995; Whaley & Eversole, 1993; Jones, 1995). El objetivo de ambos métodos consiste en disminuir la competencia intraespecífica por alimento y refugio manteniendo la densidad numérica y estructura de las poblaciones adecuada para cada objetivo (Lutz & Walters, 1989; Geddes et al., 1993; Momot, 1993; McClain, 1995; Yeh & Rouse, 1995).

Como aspectos importantes de la dinámica y la posible gestión de las poblaciones de P. clarkii en las marismas del Guadalquivir, deben señalarse lo siguientes: las poblaciones de cangrejos están perfectamente habituadas a los sistemas altamente fluctuantes, tanto estacionalmente como diariamente, debido a que toleran bruscos cambios en factores ambientales como la temperatura (17-22°C), oxígeno disuelto (2-14mg/l) y régimen hídrico. En la Figura 12 se hace una comparación de los diferentes ciclos de vida de P. clarkii en la Península Ibérica. Puede apreciarse cómo P. clarkii ajusta su ciclo de vida al tiempo de permanencia del agua en los ecosistemas llegando a tener desde una reproducción anual (sistema con <4 meses de inundación) hasta reproducirse casi constantemente (sistemas con 12 meses de inundación). De esta forma, con un adecuado manejo del régimen de inundación pueden gestionarse las poblaciones de cangrejos.

A pesar de que la introducción de P. clarkii ha traído consigo un nuevo recurso económico para algunas zonas del Bajo Guadalquivir y ha servido como una fuente de ingresos complementaria para mejorar el nivel de vida de un número importantes de familias, ha provocado cambios ambientales muy importantes, pudiéndose hablar en términos ecológicos de un antes y un después de la introducción para muchos tipos de ambientes acuáticos, incluidos varios sectores del Parque Nacional de Doñana. Los beneficios económicos de la introducción del cangrejo en el Bajo Guadalquivir son patentes pero, ¿ha compensado en términos de los costes ambientales generados?.

P.D: BigInJapan tenía razón, esto es mas interesante
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