Estoy escribiendo un libro y quiero vuestra opinion

Conversación publicada en el foro Charla

 
Pues llevo como cuatro años escribiendo un libro aunque hace dos años que no escribo nada..... y aki os dejo los seis primeros capitulos para que podais opinar y subirme la moral para que termine el maldito libro... y llevo escrito mas de 30 capitulos pero no os voy a dejar leerlo todo.... jeejejej

Los Reyes de la luz

PRIMERA PARTE

1º Capítulo

Seguía lloviendo aunque gracias a los árboles el bosque quedaba impermeabilizado. Ergom, que así se llama nuestro protagonista iba acompañado de un aldeano de Odtin llamado Fers, era un hombre bajito y muy flaco, parecía representar ha un niño feo. Lo habían mandado los aldeanos de Odtin por medio de votos pero se canceló porque ese trabajo sería el castigo de Ferns. A si los aldeanos quedarían libre de guiar a Ergom por el oscuro bosque y se castigaría a Ferns por haber robado a los aldeanos cerdos, rábanos, zanahorias etc. Para Ergom aquello le parecía mejor qué morir ahorcado por robar pero mirando a Ferns a la cara supuso qué Ferns habría querido ser ahorcado antes de entrar en el bosque, ya qué se contaba qué había criaturas horrendas pululando por el bosque y quién entraba no salía jamás. Ya llevaban una hora caminando por lo qué se podría denominar un camino pues había troncos partidos, zarzas y piedras por el camino y a veces la vegetación hacia de camuflaje al camino porqué a veces el camino desaparecía sin más. Se sentaron en un claro del bosque para descansar y luego seguir caminando al corazón del bosque, alimentaron el fuego de las antorchas que le había dejado el guardia, pues una brisa fantasmal aparecía de vez en cuando apagando las antorchas. Cuando estaban caminando se oyó un ruido de un animal y Ferns qué para Ergom era un poco asustadizo se fue corriendo como alma qué lleva el diablo al interior del bosque desapareciendo de la visto por la oscuridad. -Valla suerte la mía, con todas las personas que habían en Odtin van y me traen un ladrón de verduras que le da miedo el ulular de un búho. Dijo Ergom para sus adentros ya qué intentaba escuchar los gritos de Ferns .
Estuvo unos minutos llamándolo a gritos pero Ferns no respondía hasta que....- ¡Ayúdame, ayúdame por favor Ergooom, ya está aquí! gritaba el alocado el ladrón a unos veinte metros de donde estaba Ergom. Ergom salió del camino y se adentro en el bosquehasta que llego a un claro de donde suponía que venían los gritos. Gracias a la luz de la luna, pudo comprobar que en la tierra había dos surcos en paralelos, lo que podría suponer que la bestia se lo llevó a rastras. Ergom siguió las marcas que habia dejado el ladró y pensó que la criatura tendría que ser muy fuerte para llevarse a un hombre ha rastra (aunque fuese el raquítico Ferns ) y tambien muy rapido pues todo el incidente habia pasado en menos de un cuarto de hora. Las huellas lo llevaron a lo que parecía una cueva cuya entrada estaba escondida entre un montículo de piedras.-¡es hora de trabajar! dijo Ergom mientras entraba con espada en mano en la cueva....Pero, te preguntaras, ¡Quién es ese tal Ergom y cuál es su oficio?


Pues Ergom es lo que se dice en el reino de Melgron, Elexêim que quiere decir cazador de bestias en la lengua de dicho reino o Anem Xîs . Pues a lo que vamos... Ergom es un Elexêim que va de pueblo en pueblo de aldea en aldea...etc a buscar, capturar y eliminar a las bestias que son... de naturaleza diabólica que acosan, devoran, descuartizan...y otras crueles acciones a pueblerinos, caminantes, etc. Habían pocas personas que se atrevían a hacer su profesión, no solo por el peligro, sino también porque era ilegal ya que los soldados del reino se encargaban de ese trabajo pero no llegaban a tiempo (o la bestia se iba o no quedaba nadie a quién ayudar) , hacían su trabajo mal (más del 78% morían) ,por que el coste era muy grande y porque a los soldados se le tenía que dar una habitación (casi siempre en una posada), comida gratis y siempre se emborrachaban creando problemas. Por lo que la gente preguntaba por algún Elexêim por que no tenia ninguna de estas...cualidades. Cuando todavía no sabía del problema que pasaba en Odtin, Ergom tenia que hacer un trabajillo a la aldea de Benfep, hay fue donde se enteró de lo que pasaba en Odtin...pero vamos a ver que hacía Ergom en Benfep mirando o mejor dicho leyendo su diario, El diario del Cazador.




2º Capítulo


Hoy último día del ultimo mes del año me han pasado varias cosas extrañas, primero cuando me acercaba a Benfep en mi noble caballo Urnion vi a una persona encapuchada que parecía que hubiese salido de la nada, delante del camino, tenía una túnica oscura con capucha y en ese momento estaba siendo uso de ella, parecía una persona mayor, un anciano mejor dicho ya que tenía la espalda encorvada y un bastón en mano ya que no le podía ver su rostro por culpa de la capucha, le pregunté que si iba hacia Hungric, pues si ese fuese su destino lo llevaría montado en el caballo sin problemas pero el anciano solo constestó con una voz potente: -¡Eres el caballero dorado, el que guiara a los seis hacia su destinooo!. Y sin más miramientos se fue por donde yo había venido. Me sorprendió la rapidez de sus pasos pues parecía físicamente una persona mayor. Ya era de noche cuando pude divisar el humo de las chimeneas de las casas de la aldea, gracias sobre todo por que había luna llena, entonces apreté el paso y fui galopando la corta distancia que quedaba. Al llegar a la aldea no vi a nadie pues todos los aldeanos estaban cobijados en sus casas por causa del frío, aun así sabía que me estaban observando desde las ventanas cerradas. Cruzé la plaza que en ese momento estaba desierta, observando en todo momento un bulto que había al lado de la pared de una granja ,parecía un bulto enterrado recientemente pues la tierra parecía esta fresca, parecía como si hubiesen enterrado a..., había una fuente en el centro de la plaza pero no salía agua de ella. Cuando encontré la posada amarré a Urnion a un árbol que había serca del lugar, no era porque creyese que Urnion se fuese a escapar sino más bien por que no podía confiar en esos aldeanos, por que una vez me había pasado algo igual. La posada era como el centro de reuniones en las aldeas, en los pueblos o ciudades solía haber ayuntamientos. El edificio echo de madera tenía dos pisos con tejado de paja y una chimenea que en ese momento no echaba humo (raro ver algo así en una posada)Entre en la posada, tenía un aspecto lúgubre y oscuro como si hubiese tenido tiempos mejores, frente a mí estaba la barra, a la derecha de la barra había unas escaleras que conducían al piso superior y a su izquierda unos escaleras que llevarían a la bodega. Solo habían unos cuatro clientes, tres de ellos juntos en una esquina sentados en una mesas con sillas bajas y el otro que era el que mas cerca estaba de mí, solo, sentado en un taburete pero aun así estaba metido en una conversación con… Me dirigí hacia la barra pero el posadero no estaba en ese momento y pensé que tal vez estaba en el piso superior atendiendo algún cliente.
Me acerqué donde estaba el hombre solitario, era robusto, calvo y en ese momento completamente borracho, me acerque un poco más y pude comprobar que un olor nauseabundo emanaba de aquel tipo por lo que me dirigí hacía donde estaban los tres hombres y me apresuré a preguntarles a uno de ellos donde estaba el posadero, pues es siempre el posadero quien lleva la economía de la aldea (para después dar la paga mensual al cobrador de impuestos) y era el cobrador quien me tenía que pagar. Pero el hombre que aun no estaba ebrio se levantó de un salto y me dijo:-¡Que haces aquí sabandija, no eres bien recibido!, ¡Has venido en mal momento, si lo que quieres es ver a Umin (pensé que sería el posadero) no está, a salido un momento, vete de aquí si no quieres problemas!Estaba un poco consternado por la forma de saludar que tenia ese individuo a los extranjeros. Con el rostro serio le dije en la cara casi gritando:-¡No soy ningún ........ y tampoco ninguna sabandija soy un Elexêim, que ha venido a salvarlos! ¡y es así como tratan las personas de esta aldea a los forasteros!.Todos los que estaban allí (menos el que hablaba con...) se pusieron muy serios. El hombre que me había amenazado empezó a gritar de alegría y sin previo aviso me dio un fuerte abrazo de oso y salió por la puerta en dirección a la plaza gritando:-¡A llegado, a llegado el que nos va a salvar de las garras de la bestia, el salvador!
Salí inmediatamente de la posada y vi al hombre tocando en todas las casas gritando-¡Ya a llegado el Elexêim!. Cuando llegé a su lado una mano gigantesca se poso en mi hombro y una voz me dijo:-Valla, valla ya as llegado. Era un hombre (aunque primero pensé si era un gigante) media mas de dos metros, tenía una gran barba negra igual que su desenmarañado pelo.-Si puede hacer el favor le pediría que entrase en la posada, no se preocupe por su caballo, lo llevaremos a las cuadras.-Emdes, lleva el caballo del señor a las cuadras. Grito el posadero a quien yo creía que era su hijo. Me dijo el hombre mientras miraba por encima mía a las personas que se agolpaban en las entradas de sus casas escuchando.-Al menos allí tendremos intimides. Cuando entremos el hombre calvo seguía en una conversación con...-Ôman, sal de aquí ya me pagaras mañana lo de hoy. Dijo Umin con voz autoritaria, pero el hombre seguía hablando por lo que Umin lo cogió en hombros y lo echo a la calle (pero no lo tiro por los aires, como es frecuente).
Me invitó a sentarme en la mesa done antes estaban sentado el grupo de borrachos y me puso delante mía una gran jarra de cerveza diciéndome.- Toma lo que quieras invita la casa, tenemos que hablar de muchas cosas esto...-Ergom, Ergom Du Craift, le dije al hombre.-¿Dónde esta el Rak del pueblo, tendría que estar aquí desde mi llegada?. Le conteste al hombre preocupado pues el Rak (el cobrador de impuestos) era quien me pagaba y me decía el trabajo que tenia que hacer.-Pues...ocurre algo. -¿Qué ocurre? Le pregunté intrigado. –El Rak del pueblo ha sido asesinado.- ¿Qué a sido que?
.Dije asombrado.-Asesinado y por la bestia. Le pregunté como había ocurrido esa desgracia, esto fue lo que me contó:
Fue hace solo tres días, el Rak tenía que llevar el dinero de los impuestos recogido este mes más el extra por el nuevo año a Melgron Xren (ciudad principal del reino) porque el ejercito se estaba reorganizando y no pudieron recogerlo (Al oir esto me impresionó la acción reorganizadora de las tropas por parte del Rey, ya que parecía que fuese haber una guerra...) por lo que el Rak tuvo que ir en persona pero tenia que cruzar el río ......para llegar a la ciudad, pero solo hay un puente en la aldea y es en ese puente donde estaba aquel día la bestia… por lo que murió a manos de la bestia. No hemos podido comunicarnos con la ciudad desde semanas, el comercio esta parado pues toda la mercancía va a Melgron Xren y nos estamos muriendo de hambre hasta que usted... –Hasta que yo llegé. Le pregunté algo que me intrigaba -¿Dice usted que la criatura a veces esta y a veces no?.-Si, a veces vamos a echar una ojeada y no esta pero otras veces estad escondido, asechando a la sombra del puente.
Umin me dio un cuenco con sopa tibia para después llevarme a una habitación dela posada era no era grande pero tampoco pequeña, al fondo había una ventana oculta tras una córtina, en la esquina izquierda del fondo había una cama de paja y al lado una mesa con su respectiva silla.-No es mucho pero es lo mas que te puedo dar pues las otras habitaciones están llenas de goteras y las camas están húmedas. Dijo el posadero para después darme la buenas noches.-Será mejor que fuese al amanecer la...-La casería. Le respondí al hombre, al cerrar la puerta pude comprobar que había un armario que quedaba a escondidas al cerrar la puerta. Me senté en la cama para relajarme un poco, saqué un libro en blanco que mas bien era un diario sin usar, me senté en la silla y empezé a escribir todo lo que llevo hablando desde que me encontré con el anciano. Me dispuse a cerrar el diario cuando...
Vi aquel extraño anciano, no podía ser el pues había ido en dirección contraria que yo, y allí estaba él, cuando de repente aparece otro extraño pero no tanto ya que lo reconoció pues la luz de la luna se reflejaba en su cabeza calva, era Ôman, los dos personajes se fueron hacia un árbol que había en la plaza, después Ôman saco algo que tenía escondido dentro de la capa y se lo entrego al anciano. El anciano lo recogió con sumo cuidado y escondió el paquete alargado dentro de su túnica, ambos se fueron, Ôman hacia una pequeña casa que tal vez seria su vivienda y el anciano desapareció entre la niebla que acababa de aparecer no hace mucho tiempo. Apagé la vela y me dispuse a descansar para recuperar fuerzas del largo camino que había tenido pensando una y otra vez como había aparecido aquel anciano tan rápido.

Ultimo Día de la Vigésimo sexta Edad Del Rey .............





3º Capítulo


Todavía no había salido el sol cuando Umin despertó a Ergom para comenzar a trabajar.-Debes de comer algo antes de salir. Dijo Umin muy nervioso.-Si, debería comer algo pues tengo un hambre tremendo. Los dos hombres bajaron a la taberna donde la mujer de Umin, se llamaba Allen, era bajita y regordeta pero muy simpática. Le llevó un cuenco con leche caliente y un poco de pan con queso. Preparó sus armas, un puñal mediano, una navaja de doble filo, cuatro dagas cortas de hoja de plata que usaba para lanzar y se ponía en cada extremidad :en los brazos y en los gemelos agarradas por pequeños cinturones y su espada bien afilada que le había sacado en mas de un apuro. Salió de la posada con Umin quién sería el que le señalase donde estaba el puente después de que la mujer del posadero le diera suerte. Había mucha niebla, la niebla que había empezado cuando aquel extraño se fue. Se dirigieron hacia una casa, Umin toco la puerta y un hombre hablo dentro de la casa.-¿Quién es?.-Soy Umin, ya es la hora Arzan. Un hombre delgado salió de la casa provisto de un hacha. –Hola Arzan, ¿como estas?. Preguntó inquietante Umin. –Bien solo estoy un poco nervioso. Dijo el viejo campesino. Los tres hombres se dirigieron hacía unos arbustos serca del río. –A unos metros mas alla esta el puente, mientras tanto nosotros nos quedamos aquí. Dijo Arzan a Ergom señalando a la izquierda. Ergom se apresuró con paso decidido hasta llegar a un corto pero ancho puente de roca negra. Estaba encima del puente pero no había rastro de la bestia. Al terminar de cruzar el puente fue cuando apareció la bestia. Estaba detrás de Ergom, pero Ergom ya lo sabía pues la peste que emanaba la criatura era insoportable. Ergom se giro para ver aquella criatura.
Era un trol adulto, tenia como única vestimenta un taparrabos hecho de algún animal que habría casado. También era raro ver un trol por el día pues si los rayos del sol tocaban su cuerpo, la criatura se petrificaría (se convertiría en piedra vamos...) aunque en ese momento había mucha niebla. Rápidamente, Ergom sacó la espada esperando a que aquella criatura de cinco metros y medio y tres toneladas de peso atacara primero. Ergom ya los conocía pues había tenido que acabar con tres de esas criaturas a la vez, un duro trabajo, aunque eso fue hace tiempo y en los límites del sur de Evenur que era posiblemente de donde provenían esas bestias. El trol rugió brutalmente y se dirigió directamente a Ergom. La única escapatoria que tenía Ergom era saltar del puente hacia el río, el trol como animal estúpido que era (pero muy astuto) chocó contra un árbol partiéndolo por la mitad. Ergom tenía una esperanzada posibilidad pues el trol quedo aturdido por el impacto contra el árbol. Ergom subió apresuradamente por la fangosa orilla hasta que llegó a los pies de la bestia. El trol se agarraba la cabeza con gesto doloroso-aturdido, posibilidad que uso Ergom para clavarle las espada en lo mas alto que pudo de la criatura, el trol no veía nada pues se agarraba la cabeza con los cuatros dedos de sus gigantescas manos. Pero no dejaba de moverse por lo que Ergom solo pudo darle un fuerte espadaso en una pierna. El trol entró en cólera y empujó a Ergom uno cuantos metros (cinco metros aproximadamente). El trol cojeaba pero Ergom también por lo que no fue de mucha ayuda, Ergom sacó una bolsita de un bolsillo del interior de su túnica, lo abrió y aspiro un poco del polvo que había dentro (querido lector, no sea mal pensado, Ergom no estaba tomando (esnifando) ninguna droga) sino unos polvos que te hacen recuperar fuersas y quitar el dolor (indispensable para un Elexêim) tomo un poco de aquel polvo energético y echo a corre hacia el cojeante trol que ahora mismo no estaba mucho mas elevado que el cazador. Ergom corrió como nunca lo había echo (gracias al polvo) salto mas de dos metros directo hacia un árbol que estaba al lado del trol, saltó casi hasta los dos metros (¡con esos polvos se puede hacer cualquier cosa!) se impulso con un pie contra el árbol y giro rápidamente en el aire, directo hacia el trol, clavando su espada en el musculoso cuello de las bestia provocándole la muerte.
Volvió donde estaban escondidos los aldeanos, los aldeanos estaban de pie con un gesto de asombro en la cara. –Eres muy rápido Elexêim- dijo Umin con suspicacia.
-Tendremos que quitar a la bestia fuera del puente, Arzan llama a los hombres, que vengan al río ¡hoy hay que celebrar la victoria y el nuevo año!. Dijo Umin sonriente.
Lo que no sabía Ergom es como se habían dado cuenta Umin y Arzan, tal vez por el ruido que hizo el trol al caer. Unos trece hombres llegaron con cuerdas y gruesos palos para poder mover a la criatura que llasía inerte en el puente. Diez de los aldeanos amarraron las cuerdas a las extremidades del trol, mientras que los otros tres usaban de palanca los gruesos palos para mover al trol. Consiguieron llevar el cadáver a un lado de la entrada del puente. Cuatro mujeres trajeron un gran toldo marrón y taparon a la bestia por el olor que emanaba de ella (y porque era muy fea). Los hombres y las mujeres se fueron a la aldea contentos, solo se quedaron Umin y Ergom.
-Será mejor que nos vallamos ¡Hay que preparar la fiesta! –dijo el posadero feliz.
-Vaya a la aldea Umin, yo me quedo un momento –dijo Ergom de forma directa . Umin se fue a la aldea cantando. Ergom fue directo al río justo debajo del puente y se fijó de que a un lado del pilar derecho del puente había una entrada con forma circular (de aproximadamente tres metros de radio. Entro en lo que parecía ser una galería como función, tal vez, de alcantarillado, iba paralelo al río y se perdía de vista por la falta de luz. Ergom manifestó en su mente que tal vez el trol había pasado por la galería-alcantarilla ocurriendo así que a veces no estuviera.
En la aldea había un ambiente de fiesta, la niebla había desaparecido como si la hubiese traído la criatura, el sol en lo alto iluminaba los rostros de felicidad de los niños que jugaban persiguiendo a las gallinas que se paseaban por la plaza. Hombres colocaban mesas en la plaza mientras que las mujeres en sus casas cocinaban deliciosas comidas para la fiesta de la noche.





4º Capítulo


Aquella noche la plaza no parecía la misma que la noche anterior. Cinco grandes mesas eran compartidas por las familias de la aldea. Habían puesto antorchas por toda la plaza, de la fuente de la plaza volvía a salir agua cristalina que brillaba gracias a la luz de la luna. Había cerdos enteros que se estaban asando en improvisadas hogueras, costillas, chuletas, papas y legumbres, cerveza de barril y una gran variedad de los postres típicos llenaban las mesas de Benfep. Ergom busco a Umin en la plaza, pues cuando fue a la posada a lavarse y descansar un poco no supo donde estaba el posadero. Le preguntó al hijo, porque la mujer de Umin tampoco estaba. Pero el hijo del posadero que en ese momento se estaba encargando del cuidado de la posada tampoco sabía donde estaba, por lo que tuvo que salir a la calle a buscar a Umin. Lo encontró charlando con Arzan.
-¡Hola Ergom come lo que quieras, las chuletas de Arzan están buenísimas!- aclamó Umin a Ergom.
Ya era medianoche cuando sonó una campana, era el momento en el que todos los ciudadanos, pueblerinos o aldeanos se unían alrededor de la fuente principal (en Benfep solo había una) para rezar a los dioses para tener salud, felicidad y riquezas para el año que había empezado. Todos se acercaron a la fuente y rezaron en voz baja pidiendo salud, felicidad y riquezas. Ergom que tambien fue a la fuente no vió a Umin ni a su esposa Ellen. Al terminar la cena las mujeres recogieron las sobras y los hombres (que no estaban borrachos) ayudaron a recoger las mesas, Ergom y estaban entre ellos y la llevaron al almacen del carpintero, que estaba al lado de la casa. Ergom se alejó en dirección hacia las cuadras de la posada y dio de comer a su caballo Urnion paja fresca y agua de un cubo que estaba en una estantería. Después de pasar un buen rato con Urnion, Ergom se fue a la posada y por no mucho se da de frente con Umin.
-Hola Umin, ¿dónde estabas?, no te vi en la ...........- dijo Ergom con curiosidad.
-Nada, tenía un asunto que resolver, eso es todo- dijo el posadero serio- será mejor que vallamos a dormir ya, demasiado tarde.
Los dos hombres marcharon en dirección a la posada. Ergom dio las buenas noche a Umin y subió las escaleras para ir a la habitación a descansar.







5º Capítulo


¡Pum!, ¡Pum!, ¡Pum!. Un fuerte puño abrió la puerta de la habitación de golpe.
-¡Ergom, debes irte los soldados están aquí! –gritó Umin nervioso. –Todavía no saben que un Elexêim ha hecho su trabajo, debes irte ya, Arzan se está ocupando de ellos, no por mucho tiempo –dijo el posadero con un poco de calma.
Ergom se puso las botas y recogió sus pertenencias que era la capa de viaje verde oscura, las armas y las espada que estaba apoyada en la cabecera de la cama y (por poco se le olvida el diario, la pluma de águila dorada y el pequeño bote de tinta con el que escribió el libro. Bajó apresurado las escaleras, no había nadie en la planta principal. –Toma esto – dijo Umin muy serio mientras le entregaba una bolsa de cuero –dentro hay pan, queso y tres manzanas, debes irte ya –dijo Umin mientras abría la puerta despacio – Ergom, te tengo que pedir un favor por lo que me han contado los Elexêim sabéis mucho de botánica, herbología... bueno... que sabéis de hierbas curativas... ¿es verdad? –preguntó Umin con gesto de súplica. –Es cierto, a nosotros... a los Elexêim siempre nos viene bien saber sobre plantas curativas pues las criaturas a veces dejan marca –dijo Ergom tocándose una parte del brazo izquierdo donde hace tiempo una bestia le dejo... (su firma).
- ¿Por qué lo preguntas?
. Porque mi hija está muy enferma .dijo el posadero con lástima.
-Pero... ¿por que no me lo dijiste ayer?
- Porque no quería molestarte...cuando habías llegado al pueblo, no me encontraba en la posada porque estaba cuidando de mi hija y anoche estuve también con ella y ya estaba mejorando pero... toda esta noche hasta ahora ha estado tosiendo... mucha sangre –Dijo el posadero con lágrimas en los ojos.
- Toma esto –dijo Ergom sacando un frasco de un bolsillo del interior de su mochila-saca de viaje –esto tendría que parar la tos negra (nosotros lo llamamos tuberculosis) y los...................... . El posadero se guardo el frasco que contenía un liquido azulado-transparente en un bolsillo del pantalón y de repente abrazo a Ergom fuertemente. -¿Muchas gracias, que los dioses te lo paguen!. Gritó Umin con lagrimas, pero ahora de felicidad.
Todavía no había amanecido, solo habían pasado unas horas cuando Ergom se hubía acostado. Se dirigió silencioso hacia los establos cuando Umin lo llamó --Ergom, psss, que se te olvida la paga...muchas gracias por todo lo que has hecho por nosotros –dijo Umin casi en susurros a Ergom. El posadero le entregó una bolsa que contenía seis monedas de plata y tres de oro. –vete por el puente, los soldados están en la entrada oeste, no tendrían por que verte –susurró el posadero con aire dubitativo. Ergom se
guardó la saca en su capa y se fue con cuidado de no hacer ruido hacia los establos. Desamarró a Urnion y lo llevó agarrado de las riendas hacia el puente cuando holló unas voces.
-Esta espada esta hecha de bronce, muy fuerte y ágil para la mano de un soldado –dijo Arzan con timidez. Arzan era el herrero de la aldea y en ese momento estaba enseñando a nueve soldados con cara de pocos amigos sus mejores armas para dar ventaja a Ergom hacia su huida. Ergom llegó al puente, la bestia seguía allí (y parecía que holia mejor muerta que viva, eso pensó Ergom) se montó en su caballo y se fue por el camino que conducía al norte. Según el viejo mapa que tenía, el camino conducía a un pueblo que se llamaba Odtin. Llegó en su caballo al galope al anochecer (parece que a nuestro protagonista les gusta visitar las aldeas y pueblos por la noche) parando solo una vez para descansar él y Urnion y almolzar lo que le había dado Umin, el posadero de Benfep. La ciudad esta defendida por una alta y gruesa muralla hecha de troncos enteros terminados en afiladas puntas. Llegó ante un fuerte portón donde dos hombres hacían guardia.
-¡Que quiere! –le grito unos de los guardias mientras el otro le apuntaba con una lanza.
-Solo he venido a pasar la noche en un sitio seguro –dijo con razón.
-¡Si, pase dentro , este sitio no es muy seguro, será mejor que entre y que espere hasta mañana para seguir su camino –dijo el hombre que le apuntaba con la lanza. –Es muy peligroso estar aquí de fuera de noche –susurro el otro guardia mirando a todos lados mientras daba tres toques seguidos con un palo en la puerta para dar la señal supuestamente a algún guardia que estaba dentro de la muralla y habría la puerta.
Ergom pasó dentro preguntándose porque era peligroso (para los pueblerinos estar de noche fuera del pueblo) pues para el era peligroso porque le perseguían los soldados del reino. Ayudo al guardia a cerrar la puerta, la puerta se cerraba con un mecanismo de engranajes y cadenas que accionaba la puerta para cerrarla o abrirla. Le preguntó al hombre donde podía pasar la noche y el guardia le señaló con una mano una gran casa de piedra que tendría que ser la posada.
A un lado de la posada había unos grandes establos donde un homble estaba recogiendo paja fresca con un rastrillo. -¡Hola!, soy Glam el ........... si quieres puedes dejar a tu caball aquí –dijo el ........ abriendo una puerta que conducía a un pequeño establo.
Como era de suponer la posada estaba llena de gente y no como afuera donde no había ni un alma. Un hombre bajito y regordete estaba sirviendo cerveza a cuatro personas en la barra, parecía ser el posadero. Ergom se dirigió hacia el.
- Hola, ¿hay alguna habitación libre? –preguntó Ergom rezando para que hubiese al menos una. –No lo siento, está todo lleno, después de que apareciese el demonio, la posada a estado siempre llena por culpa de esa criatura del bosque -dijo el hombre con risas. Para el hombre todo aquello le venía de maravilla, tener todo completo pero para Ergom aquello empeoraba las cosas. Primero, que hubiese también una bestia en Odtin pues también habría soldados allí por esa criatura del bosque. Fue entonces cuando vio a un conocido, era Zair, el hombre que le vendió Urnion hace cinco años pero el hombre (desafortunadamente) se acordaba de el.
-¡Holaaa Ergooom! –dijo el hombre borracho -¿Has venido para acabar con el demonio del bosque?. Todas las personas que habían en la posada dejaron de hablar, expectantes.
-¡Queridos amigos, tenemos delante nuestra un Elexêim! –grito Zair tambaleándose. Una vos sonó detrás de Ergom, en la entrada: -¿¡Es eso verdad!? –pregunto una voz atronadora. Al girarse Ergom vio a un hombre adulto, alto y flaco. Llevaba ropas extravagantes, una túnica de color púrpura, una capa de viaje verde botella, unas botas de cuero y una espada al cinto. Ergom pensó que si era un Rak con muchas riquezas para darme luego después cuenta de que era el alcalde de Odtin. El hombre me cogió del hombro y me llevo fuera.
-Qué suerte hemos tenido -dijo el alcalde mientras en el cielo un rayo iluminaba todo el Odtin –Será mejor que fuésemos a mi casa parece que va a llover, disculpa mi nombre es......... soy el alcalde de Odtin y tu ¿cómo te llamas? –preguntó el hombre con curiosidad.
-Prefiero no decir mi nombre... por seguridad, mi trabajo no es lo que se dice muy legal y no quiero que mi cara y mi nombre estén puestos en un papel que dice Se busca .
- Lo entiendo –dijo el alcalde con una sonrisa en su boca –ya llegamos dijo el hombre al llegar a una casa de tres pisos echa de piedra.
Los dos hombres entraron, era una casa muy grande, a la izquierda había una puerta abierta que enseñaba una espaciosa cocina, frente ellos había una escaleras que conducía al piso superior y a la derecha una puerta cerrada que el alcalde abrió y por donde los hombres pasaron ante un salón inmenso, en frente había una chimenea una mesa para ocho personas y unas ocho sillas. Al entrar, Ergom comprobó que en la pared derecha e izquierda habían dos muebles llenos de viejos libros de todos los tamaños y colores. También había un escritorio de madera don de el alcalde haría su trabajo. Los dos hombres se sentaron en las sillas de la mesa. El alcalde dio dos palmadas y una mujer joven trajo desde la cocina una jarra llena de vino y dos vasos. -Bueno será mejor que valla ahora mismo al bosque y mate a la bestia –dijo el hombre sin miramientos.
-¡Como! –gritó Ergom desconcertado.
-¿Es que no ha venido para eso? –preguntó el alcalde con sarcasmo –le pagaré ahora mismo si quiere y tendrá un guia para que le ayude.
-¡Pero...!. –Tiene que acabar con esa bestia ahora mismo o si no..lo detendremos por infligir la ley –dijo el alcalde muy serio. –Se que los Elexêim son muy difíciles de encontrar hoy en día pero si no colabora con nosotros tendremos que detenerlo y llamar a los soldados.
-¡No!,espere...le ayudaré acabar con esa bestia pero...
-Tiene que ser esta noche, llevamos sufriendo mucho tiempo –dijo el alcalde suplicante, aunque la verdad Ergom no sabía ni había oído nada de ese demonio que había en Odtin.
-Bueno si no tengo otra salida...¿por donde se va al bosque? –dijo Ergom sin mucho animo.
-¡Gracias por ayudarnos, muchas gracias! –grito el alcalde como si Ergom hubiese tenido otro camino que elegir.
-Ven, primero tenemos que buscar al guía –dijo el alcalde bebiéndose el vino que quedaba en la jarra y señalando a Ergom la salida.
Afuera estaba lloviendo, los dos hombres se colocaron bien las capas y se dirigieron a lo que parecía el centro de información y ayuda al ciudadano (vamos, que fueron al ayuntamiento). Entraron, dentro habían cinco hombres con armas, tal vez para el cambio de turno de la guardia. Era un lugar lúgubre poco iluminado pues solo había una antorcha en una pared. Bajaron unas escaleras que habían detrás de una puerta de rejas de hierro y llegaron a lo que parecía los calabozos. Un guardia le dio una antorcha a Ergom y los tres hombres caminaron por el oscuro y húmedo pasillo hasta llegar a un calabozo. Dentro había un hombre , bajito, flaco y muy feo (creo que tenía raquitismo) sus ropas mugrientas estaban llenas de la tierra del piso pues en los calabozos nunca habían pisos de piedra ni de madera.
El guardia saco un manojo de llaves y con una abrió la puerta para dejar paso al alcalde.
-Ferns, se te quita el castigo del ahorcamiento si ayudas a este señor –dijo el alcalde con gesto amenazador –sino lo ayudas mañana por la mañana serás...
-Por favor alcalde no me mate ayudare al señor en sus problemas pero no me ahorque por favor –dijo el encarcelado con súplica.
-Bien, guardia, quítele las cadenas, Ferns eres libre –dijo el alcalde con un suspiro.
-Ergom ven un momento por favor –dijo el alcalde señalando un sitio donde pudiesen hablar sin que les escuchase los otros dos individuos.
-La verdad es que no tenía intención de ahorcar a ese ladrón pero es muy caro dar de comer a un hombre sin que haga nada a cambio y ahora nos sirve de algo, nos sirve... bueno, mas bien te servirá a ti de guía pues Ferns vivía antes en el bosque pero desde que vino el demonio vino al pueblo gritando que en el bosque había un demonio y entonces lo detuvimos. Esto tendría que haber sido mediante sorteo... lo de ayudarte de guía ¿entiendes? –dijo el alcalde.
-Si .dijo Ergom automáticamente
-Pues... tendría que haber sido alguien del pueblo pero si tenemos un encarcelado... hay que aprovecharlo. A casi se me olvidaba, según mis calculos esa criatura que todo el mundo dice creer que es un demonio, yo creo que es... una mantícora, espero que te ayude de algo –dijo el alcalde como si lo supiera todo.
-Si pudieses... has que Ferns no vuelva mas al pueblo... no se... as que se pierda por el camino de vuelta aunque no haces falta que vuelvas tú pues te daré el dinero ahora mismo –dijo el hombre sacando una bolsita llena de monedas –veinticinco monedas de oro, es lo que te puedo pagar, pues es lo que dejó el Rak antes de irse a Melgron (la ciudad principal) pero... ¿puedo confiar en ti, en que acabaras con la criatura?
- ¡Por supuesto! –gritó Ergom con jubilo cogiendo la bolsa pues era la primera vez que ganaba tanto dinero y por adelantado.
Los tres hombres: el alcalde, Ferns el ladrón y Ergom se dirigieron a la puerta oeste de la muralla del pueblo.
-Tu caballo no puede ir por el bosque, el camino es muy estrecho y no es lugar para un corcel –dijo el alcalde a Ergom. –Mi propio hermano se encargará de llevártelo al linde norte del pueblo, no te preocupes, es el encargado del cuidado de los caballos de Odtin –dijo el alcalde dándole una palmada en el hombro. El alcalde hablo en susurros con un pueblerino que estaba haciendo la guardia y les entregó dos antorchas a Ergom y a Ferns que había sacado de una caseta de madera improvisada para protegerse de la lluvia. Las encendieron con la antorcha que tenía el guardia y se alejaron del pueblo directos al bosque. -¡Que tengáis suerte! –gritó el alcalde con júbilo a los dos hombres que se alejaban por el oscuro camino que llevaba al corazón del bosque.




6º Capítulo


El resto de la historia del camino que tuvieron que recorre Ergom y Ferns ya las habéis leído y creo que no ara falta recitarlo de nuevo aunque debéis saber que Ergom pensaba que el alcalde confiaba mucho en el (en lo de darle el dinero sin antes no acabar el trabajo) porque pronto vendrían los estúpidos... perdón, digo... los inorantes soldados para (tal vez) hacer su trabajo, por lo que iremos directamente cuando Ergom entra en la cueva-guarida del demonio.
La entrada de la cueva era un túnel largo, oscuro, mohoso y con mucha humedad e insectos. Había un olor a putrefacción, como si en la cueva hubiese cantidades de cadáveres... El túnel que parecía el camino que conducía a la cueva se acabo, delante de Ergom había una amplia sala, en el suelo había desperdigados huesos de animales medianos y grandes. En las paredes colgaban algunas antorchas que hacían posible ver algo en aquel agujero cavado en la roca. En el centro de la cueva habían seis columnas echas de la misma roca que formaban un circulo y en el centro... Mientras se acercaba a la sala circular (que así era la forma que tenía la cueva) se encontró con una trampilla de hierro que estaba semioculta tras una cabeza de ciervo. Debajo de la trampilla se podía escucha un extraño ruido, como si alguien estuviera soplando una trompeta pausadamente.
-¡Quién eres! –grito una voz detrás de Ergom (al que casi le da un infarto por el susto).
-Soy... un cazador de bestias –dijo Ergom dándose la vuelta para ver quién le había gritado. Era un hombre de unos aproximadamente setenta años de edad aunque no se parecía en nada a aquel individuo del camino pues este estaba no tenía joroba y su voz era amenazante, llevaba una túnica con capucha de color violeta sujetada por una cuerda dorada la altura de la cintura y una botas de cuero del color del fuego, el hombre era alto, tenía una nariz afila, unos ojos grises penetrantes. El individuo era calvo pero eso no le dejaba lucir una larga barba canosa muy sucia, el hombre se apoyaba con la mano derecha en un bastón de madera oscura, el mango, donde se agarraba el hombre tenía forma de cabeza de carnero y estaba hecha de plata pura con incrustaciones de rubí representando dos ojos inyectados en sangre.
-¿Sabe usted algo sobre una criatura que mereodea por el bosque? –preguntó Ergom a aquel hombre esperando una respuesta afirmativa, pero no la que tuvo.
-¡Morirás endemoniado Elexêim como han hecho esos estúpidos granjeros de Odtin, morirás igual que lo hizo ese apestoso Rak de Benfep!, ¡Morirás como todos! – Gritó el hombre enfurecido.
El hombre que según Ergom parecía un mago señaló con la mano izquierda la trampilla que había en el piso. De repente, la trampilla se abrió de golpe rompiendo el fuerte candado que la mantenía segura de manos ajenas. Dentro la trampilla no se oía nada hasta que:
- .............................................. -rugió el mago desapareciendo sin dejar ningún rastro, dejando simplemente una voluta de humo violeta donde hace unos instantes estaba el mago.
Dentro de la trampilla algo se movía y rugía, tenía que ser un animal muy grande pues la trampilla temblaba constantemente. De repente una monstruosa bestia salió del interior del escondrijo, nido o lo que fuese que hubiera dentro de la trampilla. El alcalde de Odtin tenía razón, no era un demonio lo que acosaba a los pueblerinos de Odtin sino una mantícora. La criatura tenía el tamaño de un caballo y era robusta como dos caballos de guerra, tenía el cuerpo de un león con un pelaje de un color marrón-rojizo, en las cuatro zarpas que tenía la bestia se podía vislumbrar con facilidad cuatro garras de bronce que parecían cuchillas, pero lo que mas sorprendió a Ergom fueron sus dos extremos, pues la criatura tenía una cola de escorpión gigante con largas espinas a lo largo del aguijón que medía aproximadamente 25cm, cada espina que medía unos 12cm segregaba en las puntas afiladas un material viscoso que Ergom reconoció como veneno. Su cara era lo que mas sorprendía a Ergom pues no era de ningún animal que hubiese visto antes, porque la cabeza era la de un hombre.
En la gran boca de la bestia se podía ver como la criatura tenía tres filas de dientes de acero que parecían una sierra, en la mandíbula superior e inferior, sus orejas eran mas grandes que las de un hombre y tenían un pelaje oscuro que hacían de ellas como si fuesen de un lobo, sus ojos eran como los de su amo, eran grises y penetrantes como los de un asesino despiadado. Los sonidos que salían de su boca llena de dientes de acero eran parecidos a los de una trompeta mal tocada.
La mánticora se abalanzó sobre Ergom en un intento de arrancarle la cabeza pero Ergom fue mas rápido y dio un salto a la derecha, le lanzó la daga que tenía escondida en el brazo izquierdo pero la criatura desvió el impacto con su cola de escorpión. La bestia puso una zarpa delantera encima de la daga y la lanzó lejos de donde estaba Ergom, al final esa criatura era muy inteligente. La bestia tensó la cola hacía atrás para lanzar las espinas de la misma forma que lo hubiera echo una catapulta. En el mismo instante en que la mánticora lanzó casi todos las espinas, Ergom se protegió detrás de una de las columnas.
Ergom pensó que era el momento de actuar y saliendo de su escondite vio como la criatura miraba su cola, por una razón, donde antes estaban las espinas que había lanzado ahora estaban saliendo otras que parecían mas largas, puntiagudas y venenosas. Mientras la criatura miraba el nacimiento de sus nuevos apéndices, Ergom se dirigió hacia ella. Sacando su espada pero la criatura lo persivió y volvió a tensar su cola de escorpión gigante. Ergom antes de esconderse le lanzó la otra daga que guardaba en su brazo derecho dando directamente en el ojo derecho de la bestia. La mánticora gritó de dolor con su particular sonido moviéndose alocadamente. Ergom, con espada en mano se dirigió hacia la bestia para terminar de una vez por todas pero la criatura (muy astuta) disimulo su dolor dejando que Ergom se acercara lo suficiente para darle después un zarpazo. Ergom dio un paso atrás pero la criatura le golpeó en la mano izquierda causándole cuatro heridas superficiales paralelas pero también tirándole la espada al suelo lleno de huesos. Ergom se apresuró a defenderse en unas de las columnas tras el ataque masivo de las espinas envenenadas que le lanzaba sin secar la criatura.
-Tendría que haber comprado un escudo –dijo Ergom malhumorado. Ergom no sabía mucho sobre aquellos animales, solo lo había escuchado en los cuentos que le contaba su tío : En un reino lejano siempre había guerras y penalidades hasta que un día los dioses se reunieron para acabar con el problema. Querían crear un mal que atacase a todo el reino para que este se uniera, se defendiese y atacase a la bestia juntos. Los dioses crearon un demonio con cabeza de hombre salvaje, cuerpo de león y cola de escorpión. En la cola de escorpión crecían unas espinas venenosas que lanzaba la bestia a sus víctimas hombres o niños para después llevárselas a su guarida para comérselas. Si se le cortaba la espinas le volvían a salir otras mucho mas grandes y venenosas. Este demonio se llama mantícora que quiere decir en la antigua lengua de nuestro mundo El castígo de los dioses. Solo hay un animal que puede sobrevivir al veneno de la mánticora, ese animal vive en el sur del mundo conocido pero hay quién dice que es una fantasía de los comerciantes pues no existe ningún animal que tenga los colmillos de mármol, tenga una nariz tan larga como un tronco de un árbol y sea tan grande como dicen los comerciantes que vienen del sur /Este animal es mas alto que los inexistentes trols, puede llevar encima de su lomo a todo un imperio y puede devastar ciudades enteras en tan solo un instante pues destruye como el mas temible de los cataclismos divinos (los terremotos, la sequías, creían que era fruto de la ira de los dioses) –le decía su tío a Ergom cuando era un niño.
Fue entonces cuando Ergom vio que la trampilla que la bestia había roto y echo volar por los aires estaba a solo seis pasos de Ergom. –Esto pe podría servir de escudo -pensó Ergom decidido. Ergom fue a por la tramilla rota cuando la criatura apareció. La criatura iba a abalanzarse sobre el cuando...
¡Ven criatura del infierno, VEN! –chillo una voz detrás de la mantícora.
Era Ferns el ladrón de Odtin, Ergom ya no se acordaba de el pero tampoco lo había visto dentro de la cueva pero Ferns había estado escondido en un rincón donde la luz de la antorchas no llegaba. La bestia fue a por el pobre Ferns que cojeaba de una pierna (o lo que quedaba de ella). Ergom cogió primero su espada que estaba a tan solo dos pasos para luego coger la trampilla, la trampilla pesaba mucho y mas si Ergom tenía que cogerla con una mano para atacar a la mantícora con la otra. Ergom sacó el sacito donde guardaba los polvos del guerrero (así se llamaban los polvos...energéticos) solo quedaba el fondo del saquito, suficiente para coger la trampilla con tan solo una mano. Aspiró los polvos del guerrero y espero unos instantes a que los polvos hicieran efecto, cogió con la mano derecha el improvisado escudo y con la mano izquierda la espada en posición de ataque. Ferns todavía atraía a la bestia que iva hacia el sigilosamente como se un momento fuera a saltar sobre el y atacarle. Eso fue lo que hizo la desdichada criatura, saltando sobre el (valiente) Ferns dándole un fuerte mordisco en el hombro derecho. Ferns dio un espantoso grito cuando su hombro se rompía en dos y los dientes de la bestia le perforaban la carne. Mientras la mantícora sacudía violentamente al pobre ladrón, Ergom corrió a por la bestia dando un sonoro grito de guerra. La mánticora dejó el cuerpo (o lo que quedaba) de Ferns en el suelo girando la cabeza para ver por el ojo que todavía le quedaba (pues el otro, la daga se lo había estallado) lo que le avecinaba. Mientras Ergom que solo estaba a doce pasos de la mánticora esta alsaba su cola de escorpión en el aire para luego impactar sobre el costado derecho de Ergom, pero esto no ocurrió. Ergom se protegió con la trampilla de hierro que había aguantado el impacto de la cola, la bestia volvió a atacar a Ergom con la cola pero la cola impactó sobre el duro suelo de roca pues Ergom esquivó el segundo ataque para luego escachar con unos de los bordes de la cuadrada trampilla el agijón de la mantícora. La criatura dio un horrendo grito de dolor mientras daba zarpazos a diestro y siniestro hasta que una de sus zarpas delanteras quedó incrustada en una de las columnas de roca pura, la bestia intentaba sacar las garras de la columna en vano. Ergom vió la oportunidad de acabar con la endemoniada bestia y cogiendo fuertemente su espada con las dos manos cortó de un solo espadazo la horrenda cabeza de la mantícora dándole la muerte a la ínfame criatura. Ergom se dirigió hacia Ferns esperanzado para que aún estuviese vivo pero el ladrón que había escapado por el ulular de un buho para después ayudarle a acabar con la bestia, estaba muerto. Si hubiese podido enterrar a Ferns como se lo merecía lo hubiera echo pero la cueva tenía un piso de roca pura y el bosque estaba lleno de animales que no lo pensarían dos veces para desenterrar al ladrón y devorarlo. Llevó el cuerpo inerte del ladrón donde había estado escondido y lo tumbó para después taparle el cuerpo con una capa que había sido de otro desdichado que también tuvo que enfrentarse con la mantícora. Recogió las dos dagas que le había lanzado a la bestia para luego salir de aquel espantoso lugar.
Pasó la noche en un claro al norte del bosque, alejado de la guarida de la mantícora, donde había un pequeño riachuelo de agua cristalina. Se lavó la mano herida, sacó un pequeño frasco de su mochila y se untó la mano con el mejunje amarillo-grisaseo que había en el frasco de cristal para después taparse las cuatro heridas con una venda limpia. Comió el pan y el queso que le quedaba que había envuelto en un pañuelo Umin el posadero, solo quedaba una rebanada de pan y un trozo de queso pero no busco mas comida pues estaba muy cansado como para cazar algún conejo silvestre. Hizo una hoguera para resguardarse del frío invernal que cruzaba el bosque y para auyentar a animales salvajes como lobos, osos o jabalís que se entrometen en todo lo extraño. Se resguardo en su gruesa capa de viaje esperando a que amaneciera para seguir con su indeciso camino.



Pd: si veis un * o muchos ......... es porque cambiare esa parte o porque falta informacion.... espero que os guste y vuestra opinion.... jajajaj

2ºPd: cuidado con el copiar y pegar ke cuando termine el libro voy para esto...
Como no pones cophiright te lo voy a plagiar ok?jjeejej
Es broma.

Pues leer todo eso no me apetece, pero te deseo mucha suerte.

SALUDOS
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