5 consejos para empezar a jugar a Dark Souls 3

Es la hora de terminar el viaje

Es bastante posible que, si estáis jugando a Dark Souls 3, no sea vuestro primer contacto con la franquicia de From Software. Pero, después de todo, quizás sí que lo sea y te has visto un tanto abrumado por las posibilidades que hay, no sabes muy bien qué hacer. El universo Souls tiene un elevadísimo factor de autoaprendizaje, eso es algo que debes tener muy claro. Sin embargo, ir a ciegas nunca está nada bien. No tener la menor idea de lo que estás haciendo es la mejor manera para acabar mordiendo el polvo una y otra vez, así que vamos a intentar daros alguna pequeña pauta para que vuestro viaje por el reino de Lothric no sea tan duro…

Al principio del juego, por supuesto, lo primero será escoger tu clase. Verás que hay un montón: bandido, guerrero, caballero, paladín, mago, ladrón… Aunque en otros juegos en los que las clases pueden tener acceso a habilidades exclusivas, en Dark Souls 3 entre una y otra clase de inicio la única diferencia notable es cómo están repartidos los atributos con los que empiezas tu partida y el equipo con el que empiezas. A medida que avanzas, un caballero podría convertirse perfectamente en un hechicero y viceversa, incluso no será necesario esto para que cualquier personaje use magias básicas o armamento pesado, aunque no lo haga con toda la efectividad posible. Es decir, aunque veas muchas clases, simplemente decídete entre dos cosas: ¿personaje de ataques físicos o personaje de ataques mágicos?

Esto es algo que debes aprender pronto, muy pronto, si no quieres tener problemas o perder la ocasión de conseguir objetos interesantes: los enemigos más grandes que tú no deben ser subestimados, pero tampoco sobreestimados. Que un enemigo sea enorme no siempre va a significar que sea peligroso, sino más bien lo contrario en muchas ocasiones. Como el ratón y el elefante, haz que los monstruos grandes aprendan a temerte buscando siempre colocarte cerca de sus pies o mejor aún, de su espalda. Si no es tan grande como para eso, busca girar siempre hacia su arma y rueda para colocarte tras él y hacerle algo de acupuntura por la espalda. En cuanto aprendas a enfrentarte a esta clase de enemigos, la mayoría de retos del juego no se plantearán como algo fácil, pero sí más asequible.

Una diferencia notable con los anteriores juegos de la saga es cómo se usan las magias y distintas habilidades. Donde antes teníamos simplemente un límite de usos de cada magia que se recargaba en las hogueras, ahora tenemos una segunda barra, la azul, Ceniza, que funciona de la misma forma que los puntos mágicos de toda la vida. Si eres un personaje que lleva armas de daño físico, mantén el botón L2 pulsado para usar la habilidad especial de tu arma. Si eres un mago, estos puntos se usarán evidentemente para lanzar Piromancias, Milagros y Hechizos. Ahora, tu Estus puede dividirse hablando con André, el herrero, para decidir qué te viene mejor. Evidentemente, para un hechicero es importante marcar distancias con respecto a tus enemigos, por lo que no tiene sentido que puedas curarte un montón y no puedas recuperar tu Ceniza. Intenta que haya un cierto equilibrio o te pasarás el día volviendo a la hoguera.

Esto es algo evidente, pero que se te puede pasar por alto mientras contemplas algunos de los espectaculares escenarios del juego: presta atención, muchísima atención, al entorno. Cada zona tiene su propio tipo de amenaza a la que debes saber cómo enfrentarte pero debes tener siempre en cuenta que hay dos básicas: de diseño y ambientales. Las de diseño son las que definen la propia distribución física del área: desniveles, puentes cortados, callejones sin salida donde te pueden tender una emboscada, pasarelas sin barandillas… antes de cruzar cualquier sala, pierde uno o dos segundos en mover la cámara: nunca se sabe. Con lo que se refiere a las ambientales, sólo podemos decir una cosa: veneno. Hay realmente dos tipos de peligro a la hora de explorar una zona con lo que respecta a los peligros ambientales y son el fuego y el veneno. El fuego es por lo general fácil de evitar (obvio: si es rojo, quema, caca) y los suelos de lava son poco frecuentes pero evidentes. Sin embargo el veneno es algo muy difícil de evitar, sobre todo porque hay varias zonas pantanosas por las que tendrás que pasar a la fuerza. Busca zonas elevadas siempre, antes de meterte en ningún charco de aguas ponzoñosas, en las que puedas dejar que el veneno se vaya disipando, o lleva Musgo Morado para poder recuperarte.

Esto más que un consejo de aplicación general es posiblemente algo más personal y que depende de los gustos de cada uno, pero la movilidad es algo esencial en un juego de estas características. Si tienes una defensa altísima pero te mueves lento y al rodar pierdes demasiado tiempo como para golpear al enemigo mientras se recupera tras fracasar en su intento por hacerte polvo, el resultado será peor que el que obtendrás con una armadura más ligera al encajar un golpe pero que te permita recobrar el equilibrio casi al instante. Obviamente, habrá casos en los que no te queda más remedio que subir tu defensa tanto como puedas, aguantar el chaparrón y descubrir por qué un duelo se llama así: porque tenéis que daros de leches a ver a quién le duele más.

Estos cinco apartados son básicos para entender cómo se juega a un Souls. Por supuesto, no debes olvidar que hacerse un personaje «todoterreno» es al principio algo muy arriesgado, porque lo ideal es destacar en algo y especializarte y no intentar ser un «chico para todo» que no sea capaz de hacer nada en especial. Pero eso ya sería otra historia.