Análisis

Análisis Yooka-Laylee

La mejor esencia Rare regresa con ímpetu y saltos a todo color

Publicado por:   Javi Andrés Fecha: no
Yooka-Laylee
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Yooka-Laylee

Si eráis más de PlayStation, Spyro: The Dragon, Croc, Bugs Bunny: Lost in Time, Jak and Daxter, Ratchet and Clank… Si más de Nintendo, Super Mario 64, Banjo-Kazooie, Conker’s: Bad Fur Day, Donkey Kong 64, Super Mario Sunshine… Los plataformas poligonales, de espacios abiertos y en los que explorar tanto como saltar, nos maravillaban a muchos en la infancia y adolescencia, les tenemos unos especiales recuerdo y cariño. Éste, a finales de los 90 y principios de los 2000, fue un género grandioso, cargado de personajes caricaturizados con implacable carisma, animales en la mayoría de los casos, que recogían el testigo de los juegos de saltos laterales y venían a reinventar un género tan clásico como en riesgo de quedar obsoleto en aquellos años en que llegaba el 3D y se prefería la acción armada. No fue hasta PS3 y Wii donde se dio un frenazo verdaderamente en seco en los juegos de calidad de este formato. Y, ahora, en tiempos de gráficos en 4K, HDR, Horizons fotorrealistas, espectacularidad Uncharted, libertades The Witcher y apuesta por el mapa abierto-sandbox todo lleno de cositas por hacer, un pequeño grupito que trabajó en Banjo-Kazooie y Donkey Kong 64 echa la vista atrás y los reconvierte por completo en Yooka-Laylee. Mismos colores, misma estética, misma magia y detalles gráficos y ritmos de hoy.

Playtonic no lo tuvo fácil para consolidarse como estudio indie y poder pensar en esta idea que tan de cerca rozaba límites legales con Banjo-Kazooie, por derechos, propiedades intelectuales y demás historias de creativos y licencias. De hecho, el rap de Yooka-Laylee se asemeja peligrosamente al de DK 64... Pero, gracias a una financiación colectiva en Kickstarter asombrosa, el proyecto salió adelante con mucho más dinero del que preveían sus poquitos responsables, y esto les ayudó a aprender a moverse en esa delgada línea conceptual donde todo recuerda a Banjo, pero no se llama Banjo. Y, por tanto, puede sacarse. Yooka-Laylee es un despliegue de color, buen humor donde todo habla y todo tiene ojos, y se mueve por mundos arquetípicos como hacía demasiado tiempo que no veíamos.

Te das cuenta al jugarlo. Hasta que no empiezas a corretear con este camaleón y su murciélaga al hombro, no eres consciente de lo de menos que echabas jugar sin mapa visible, por clasicorros niveles de nieve, pantanos o casinos, o montar en vagonetas en marcha y saltar en los momentos justos para recoger gemas, buscar contenedores que amplíen barra de salud o stamina, seguir con atención el progreso general de ítems recogidos... El género hoy se ha actualizado muchísimo, ligado a otros, como ocurre en el también buenísimo Ratchet and Clank del año pasado. Pero Yooka-Laylee va a lo seguro, a lo tradicional, a lo que Banjo. Y ése es el incuestionable acierto.

A todo color, mundos previsibles, ampliables y que no te cansas de ver.

La sorpresa es algo que no encaja en esta producción, que no llega a sentirse nunca como un indie. Hay conservadurismo, pero en el sentido que mejor podíamos esperar. Y se viene a demostrar que las fórmulas antiguas no siempre envejecen mal si se saben refrescar. Ni gráficamente es algo del otro mundo, ni en sonido, ni en puzles, ni en controles, ni en ítems, ni en nada. De hecho puede no funcionar del todo bien entre los peques de la casa, acostumbrados a otra cosa, ya que Yooka-Laylee no se corta en colar algunos anacronismos clarísimos, mecánicas de otro tiempo y calcos directos. Pero si, como yo, sois de los que jugasteis largo y tendido a los plataformas poligonales que mencionaba arriba, este título os va a devolver una sonrisa que llevaba años guardada en el recuerdo. Personalmente, me ha recordado tanto a Jak and Daxter (el primero) como a Banjo-Kazooie, por su esquema y predilección por los saltos, ante todo.

"La sorpresa es algo que no encaja en esta producción, que no llega a sentirse nunca como un indie. Hay conservadurismo, pero en el sentido que mejor podíamos esperar. Las fórmulas antiguas no siempre envejecen mal."

Unos malos muy malosos.

Quizá se pasa de nostálgico y calco de Banjo-Kazooie, ciertamente. Hay niveles o mecánicas un poco fuera de lugar hoy si tenemos en cuenta el conjunto. Por poner un ejemplo, el gigantesco castillo del mundo del hielo puede hacerse un poco pesado con su infinidad de salas y puzles, donde es fácil perderse. Pero bueno, asumiremos que es algo intrínseco a los plataformas, también las Mansiones Boo de Super Mario me parecen un tostón... O, otra aspereza hoy, las intervenciones de los personajes previas a un jefe final, que no se pueden saltar y hay que comérselas una y otra vez en cada intento. Además, por supuesto, no las esperéis dobladas en ningún idioma, todos los NPCs que píden ayuda hacen simples gemidos con un cuadro de texto que no se puede saltar, sí acelerar un poco. Y es que, así era el género, y así ha querido volver.

Avanzar por la central es un nivel en sí, requiere obtener nuevas habilidades, resolver puzles y explorar todas sus salas.

El año del regreso de los plataformas

2017 se está coronando como el regreso del género plataformero por todo lo alto a los sistemas actuales, con los iconos que ahora cumplen dos décadas o incluso la treintena o el cuarto de siglo. El próximo en desplegarse es Wonderboy, con un The Dragon’s Trap que es un remake absoluto del clasicazo de Master System. Le seguirá Sonic Mania, rehaciendo y ampliando el mítico Sonic The Hedhehog de Mega Drive de 16 bits. Y tras él Crash Bandicoot: N’ Sane Trilogy, el remake -o remasterización demasiado currada- de los tres juegos originales del marsupial recoge-manzanas de Naughty Dog en la primera PlayStation. Y en PS4 terminarán el año Jak and Daxter, con remaster de sus 4 juegos de PS2 preparados para volver. Si a todo esto sumamos que Super Mario Odyssey de Nintendo Switch pretende volver a los Mario poligonales como Super Mario 64, Sunshine o Galaxy, se nos queda un año majísimo para el género que todo nostálgico puede apuntarse como tremendamente prolífero.

Preguntas para avispados.

En Yooka-Laylee el progreso viene marcado por las Pagies, páginas doradas de un libro pirata que nuestro dúo protagonista persigue a través de la central nuclear del villano de turno y su secuaz. Para encontrar las 145 Pagies que dispone el juego como Banjo disponía las piezas de puzle doradas o Super Mario 64 las Estrellas, toca explorar los distintos Bibliomundos y estancias de la central, ganando cada vez más habilidades que generan esa sensación de backtracking que tan bien sienta a esta clase de juegos, donde al principio no puedes solucionar algo o acceder a un punto pero que más adelante volverás para ir allí ya con la habilidad que te permite el acceso. El despliegue de pruebas y minijuegos se solapa perfectamente con el plataformeo y la exploración básicos, con puzles integrados en los propios niveles, carreras a contrarreloj pasando por anillos, laberintos, búsquedas, juegos de memoria, jefes finales cada uno con su mecánica, toboganes, interruptores, transformaciones en otras criaturas, y hasta un esporádico cuestionario para comprobar la atención que se está prestando al juego, sus personajes y las estadísticas exactas.

Este interrogatorio con preguntas y respuestas a elegir quizá debió añadir más preguntas para no repetirse en sucesivas apariciones o cuando ya se han perdido unas cuantas vidas intentándolo. Al final, y no tras demasiados intentos, superarlo sin tener ni idea puede ser cuestión de ir fallando y fallando hasta dar con las respuestas correctas. Más variedad de preguntas o un mayor número de posibilidades en cada respuesta le hubieran venido mejor para hacerlo más exigente, pero, sin duda, incorporarlo como mecánica de avance es una idea muy original que funciona bien como giro repentino de gameplay y búsqueda de variedad de situaciones.

Las habilidades, transformaciones y tónicos van permitiendo al jugador entrar a nuevas zonas de niveles pasados.

Muchas Pagies -y otros coleccionables de los que llevar bien la cuenta en el menú de pausa- son extremadamente sencillos de obtener, mientras que otros presentan retos más interesantes. Esto, que puede parecer desequilibrio a priori, está claramente hecho así para hacer Yooka-Laylee accesible a todo tipo de públicos. A los más asiduos al género y a los videojuegos en general, entre los que me incluyo, nos hubiera gustado un poco más de dificultad general y desafío para llegar al final. Pero hay que aceptarle que conseguirlo todo, las más de 1.000 plumas escondidas por todo el juego, etc. presentará un buen reto y una duración muy adecuada. Debo decir que Yooka-Laylee me ha sorprendido en duración, tanto de primera vuelta como ya en busca del completismo, pues esperaba un juego más pequeño y ofrece bastantes recovecos más allá de los distintos Bibliomundos ampliables.

Las recreativas de Rextro.

En esta línea, también tengo buenas palabras para las diferentes recreativas de Rextro, un personaje que parece vivir todavía en los 90 y la era de Nintendo 64 y que nos pide buscar monedas de juego para activar sus distintos arcades, pruebas muy sencillas que recuerdan a juegos clásicos, minijuegos al estilo Mario Party, más bien, y que además pueden ser jugados con otro jugador con un segundo mando. Como ocurría en los salones recreativos de finales de los 80 y principios de los 90, dejar constancia de la puntuación en la tabla de récords será la máxima aspiración… Es muy curioso en Yooka-Laylee cómo el juego recuerda con añoranza toda aquella época, pero también se ríe mucho de ella, haciendo bromas con el paso a las 3D, con la apuesta por el colorido extremo o por los tiempos de carga que se ahorrarían si este juego viniera en cartucho. Es un homenaje constante a todo ese legado, con algún invitado sorpresa incluido y referencias muy obvias.

Contraposición de espacios muy sencillos y más amplios con otros estrechos y recargados.

Shovel Knight tiene un encargo.

Cada mundo tiene sus particularidades y formas, aunque en todos coinciden pruebas como la búsqueda de los fantasmas, del átomo, la vagoneta de Kartos (broma con Kratos de God of War ya incluida en el juego), etc. No se puede decir, no obstante, que Yooka-Laylee sea un juego repetitivo o diseñado a la ligera. El magnífico uso del motor gráfico Unity que han hecho desde Playtonic les ha permitido generar espacios grandes y muy densos, que no se asemejan para nada a aquellos entornos bastante planos y vacíos del primer Banjo-Kazooie y Donkey Kong 64. Ahí viene su puesta al día principal, que todo está más vivo, hay más que hacer, hay pruebas a cada paso y constante invitación al salto. Tirar de este engine les frena, a cambio, en algunos resbalones técnicos que en pantalla no quedan del todo bien. Por ejemplo, en su intención de poner bajo los pies de Yooka una sombra redonda y muy negra que ayude al jugador a marcar exactamente dónde va a caer, algunas superficies y texturas dejan atravesar esa sombra, creando un extraño efecto traslúcido, al que se une que habrá dos sombras, también la natural si el foco de luz viene de un lateral. Queda un poco extraño y se podría haber resuelto mejor.

Algunos espacios son demasiado grandes, como antaño, pero sin alardes de diseño genuino.

La tienda de técnicas, clave.

Otro puntito formal que podría criticársele, puestos a buscar fallos o metas no del todo alcanzadas, viene en las melodías de la banda sonora y el sonido en general. Unas canciones pegadizas o con mucha identidad y rápida memorización le hubieran sentado de maravilla a estos dos nuevos amiguitos que, no sé por qué, tampoco terminan de ser del todo carismáticos como sí fueron sus antepasados conceptuales. Laylee, la murciélaga, tiene una personalidad un poco complicada; es graciosa, pero no me ha terminado de conquistar. Quizá la edad hace mucho en todo esto… No es justo enjuiciar sobre ello. Pero sí es cierto que no hay melodías que se asocien al juego o efectos de sonido únicos y píntorescos, digamos que se ha apostado por la música orquestada genérica y los FX abundantes de la época a la que recuerda, pero sin distinciones arriesgadas ni genialidad sonora. A veces, incluso, no lanza bien el sonido polifónico multi-canal, como en el efecto de arrojar fuego, hielo o bombas tras haber ingerido con la larga lengua de Yooka bayas de ese tipo concreto.

Minijuegos y puzles a cada paso, tanto en Bibliomundos como en la central.

Ahora bien, volvamos al tono positivo de la review porque para mí Yooka-Laylee ha sido un juego mucho mejor y más duradero de lo que esperaba, que encima sale a ideal precio reducido de 39,90 euros y que califico claramente de imprescindible para los que disfrutaron de todo esto hace 20 años. Se juega de maravilla, los controles responden como se espera, completarlo es un reto a la altura con más de 30 horas y está cargado de buenas ideas en cuanto a mecánicas. Su multijugador le amplía un poco la vida útil y Playtonic como estudio merece todo el apoyo por la gesta con la que se han atrevido. Espero que Yooka-Laylee se convierta en serie y que cada dos o tres años tengamos un videojuego así, desengrasante y reminiscente a otros tiempos, adapado a hoy.

145 Pagies esperan a los que quieran rememorar aquellos años.

 

 

86

Veredicto

Como si encendieras tu Nintendo 64 o tu primera PlayStation, el tiempo se congela y te ves pegado a la pantalla durante horas en un conjunto de mecánicas y carisma que son puro entretenimiento y color. Yooka-Laylee hace de maravilla casi todo lo que se propone, es un pleno recuperador de Banjo-Kazooie, en un viaje de mundos típicos y backtracking con muchos saltos, pruebas y minijuegos. Es más largo de lo que muchos esperábamos y sabe sacar partido al motor Unity que lo pone en marcha. Playtonic lo ha conseguido, recuerda en todos los aspectos a lo mejor de Rare.

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