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Análisis Grand Theft Auto V

Rockstar nos presenta su última y mayor obra de la actual generación

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Grand Theft Auto V
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Dejémonos de rodeos, divagaciones y de una retahíla de frases que seguramente os lleve un buen rato asimilar, ¿para qué os vamos a hacer perder el tiempo? No queremos obligaros a leer las numerosas palabras de este texto para llegar a una conclusión que vosotros esperáis y que nosotros ya hemos tenido la oportunidad de comprobar concienzudamente durante decenas de horas de juego, deliberaciones en grupo y gran cantidad de debates productivos. Grand Theft Auto V es el mejor juego de la generación. Sin más. Así que si vuestro objetivo al entrar en este artículo era saber la conclusión final, no perdáis más el tiempo. Ni tan siquiera hace falta que vayáis a la última página del texto para conocer al detalle la resolución de cada uno de los aspectos del juego. Si tenéis la oportunidad, cerrad el navegador del ordenador, tableta o móvil, salid de vuestras casas, del trabajo o del bar de la esquina y corred a la tienda más cercana para haceros con uno de los mejores juegos jamás concebidos.

En cambio, si no podéis aún, si albergáis dudas o si simplemente queréis empaparos de todas las experiencias que hemos sustraído en estos intensos días de trabajo, os invitamos a conocer al detalle nuestra opinión al respecto. Una sentencia que nace directamente de toda la trayectoria que ha seguido el sector del videojuego durante toda su historia, pero más concretamente durante los últimos años relativos y pertenecientes a la actual generación de consolas que empieza a tocar a su fin.

Y es que todos sabemos quiénes son Rockstar. Sabemos de su forma de trabajar, de su filosofía en cuando a la calidad del producto, de su hermetismo extremo a la hora de controlar la información, de sus campañas milimétricamente planeadas para despertar en nosotros la necesidad de adquirir sus obras. Sabemos que cuando un producto sale al mercado cuenta con la conformidad de todo el equipo de desarrollo, que el tiempo no importa, que ensamblar perfectamente todas las piezas es la obsesión y el objetivo final.

Es algo que llevamos viendo durante mucho tiempo, no sólo en los últimos 6 años. En alguna ocasión hemos hablado en nuestra revista de que Grand Theft Auto evolucionó de juego a concepto, de que aquella primera idea plasmada como propuesta interactiva se abrió paso durante entregas hasta acabar conformando un género propio. Podríamos decir que la saga Grand Theft Auto es el máximo exponente sandbox que existe, pero no exageraríamos al afirmar que la saga constituye en sí misma algo único, una temática, una forma de jugar y una exposición de resultados que va más allá de lo que otras compañías puedan llegar a hacer.

Pero no solamente con Grand Theft Auto vemos como trabaja Rockstar. Hemos comprobado cómo con Midnight Club la experiencia de conducción más arcade y divertida llamaba a la puerta; hemos visto que con Red Dead Redemption podíamos descubrir una inmensa cantidad de posibilidades en un contexto salvaje y con claras connotaciones cinéfilas; también descubrimos que con L.A. Noire Rockstar podía transformar una interesante propuesta externa en algo exquisito, proponiendo una atractiva aventura de intriga y misterio; pero no hemos perdido ocasión de ver la acción interactiva mejor trabajada con Max Payne 3, y una mecánica de disparos que se colocaba sin despeinarse en el máximo exponente dentro de su estilo de juego.

Pequeños ejemplos de todo lo que lleva a cuestas la distribuidora, pero que nos sirven de buena introducción para todo lo que tenemos por delante. Todos esos juegos nombrados atesoraban virtudes que van mucho más allá de las pequeñas apreciaciones que hemos realizado, y que por sí mismos conforman puntos de inflexión más o menos relevantes en aquellos campos en los que actuaban. Ahora, años después de que cada uno de esos juegos saliera a la luz, nos encontramos con que Grand Theft Auto V se convierte en la sinergia perfecta de todos los títulos de Rockstar. Un compendio de virtudes puestas en práctica en un único juego. La brillantez de una idea tan simple y obvia como reunir lo mejor de cada obra para acabar construyendo algo mucho mayor, algo realmente enorme.

Justamente eso es Grand Theft Auto V. La fuerza y el carisma de una saga que lo supone todo para Rockstar alimentada por los demás juegos que la editora ha ido sacando en los últimos años. El trabajo de todo un lustro de experiencias, de adiciones y de perfección que aparece al final de la generación para poner fin a una etapa, para decir que no todo se había visto con el hardware de PlayStation 3 y Xbox 360, pues aún quedaba margen para algo mejor, algo mucho mejor.

Tres personalidades. Tres historias. Tres formas de interacción

Pero entrando ya en faena, no decimos todo esto por ser Rockstar. Ni tan siquiera por ser la quinta entrega de una saga tan laureada como Grand Theft Auto V. Durante el pasado mes de abril, cuando tuvimos la ocasión de ver de cerca y en primera persona los avances del juego, ya concluimos que todo aquello que se nos estaba mostrando estaba fuera del alcance de cualquier trabajo actual. Sin la posibilidad de probarlo, pero sí con la oportunidad de verlo en movimiento en una PlayStation 3, lo que prometía el juego sólo podía ser aseverado con la confirmación interactiva y con la profundización de todas sus opciones expuestas desde un primer momento.

Y eso es lo que hemos hecho durante estos días. Explorar, experimentar, probar y sobre todo disfrutar con todo lo que se nos ofrece. Un abanico de caminos para empezar a descubrir que dan comienzo con la presentación de los tres personajes en un orden que no desvelaremos, pues cada una de las cosas que ocurren en el juego están pensadas de tal manera que sorprenda y atraiga al jugador de una manera un tanto especial. Esto acaba generando el equilibrio adecuado para cada situación, y las vivencias de Michael, Franklin y Trevor son una buena muestra de ello.

Grand Theft Auto V expone a través de nuestros particulares protagonistas una historia con una narración basada en la personalidad de los mismos. Por un lado nos encontramos a Franklin, un afroamericano condenado a vivir en un mundo de delincuencia del que no puede escapar, pues las raíces de un barrio conflictivo y un entorno inadecuado le empujan a ganarse la vida de la peor forma posible. Trabajar para un vendedor de coches sin escrúpulos que embarga las propiedades a traición no parece ser el trabajo deseable para nadie, ni tan siquiera para alguien que desea ganar dinero de forma fácil, rápida y en grandísimas cantidades.

Michael por su parte nos enseña la desdicha de aquel que tiene tanto que deja de ser feliz. Cuando todo lo que deseas lo consigues con facilidad extrema, pierdes el interés en seguir acaparando sin más. Por si fuera poco, ni su mujer ni sus hijos suponen un aliciente, por mucho que se empeñe en intentar hacer de su familia algo ideal. La desidia, el capricho y el pasotismo se apodera de una familia presa de un pasado criminal brillante. Una época en la vida de Michael que le atrae muy fuertemente. Tan fuerte que rememorar y volver a vivir aquellas emociones suponen su única motivación y condena en esta vida de lujo y desenfreno.

Y por último tenemos a Trevor. Seguramente el personaje que más ha sorprendido a propios y extraños desde que apareciera en uno de los tráilers hace escasos meses. Como bien decía aquel vídeo, más vale hablar poco de él. Una rareza exótica en el mundo del delito que pondrá la nota más curiosa a la aventura que nos propone Rockstar, y que personaliza en esta figura el toque de locura extrema que todo juego de la franquicia posee, pero que más concretamente expone esta quinta entrega. Los momentos más impresionantes llegarán de la mano de este individuo, pues su carácter impredecible dará la frescura, el humor y la sorpresa más estrambótica a cada momento en el que entre en acción.

Y es importante conocer a cada uno de estos personajes porque nos vamos a encontrar ante un desarrollo algo atípico en Grand Theft Auto V. La historia, propiamente dicha, se construye bajo los cimientos de la personalidad de estos actores principales y algunas pinceladas de su pasado y presente que ayudan a lanzar todas las misiones que iremos viendo después. Esto acaba generando un compendio de pequeños capítulos autoconclusivos que se ven representados en las misiones principales, y que ayudan a tener una vivencia de los acontecimientos muy concentrada en cada uno de estos retos.

Esto significa que nos encontramos casi frente a una serie de televisión que sí, dispone de una trama principal, pero cuya estructura propone pequeñas historias que se abren y se cierran en cada capítulo. Una idea realmente excelente por parte de Rockstar, pues permite que el seguimiento de los acontecimientos sea extremadamente fácil, sin necesidad de hacer un esfuerzo de memoria para reengancharnos al argumento después de estar recorriendo de arriba abajo las carreteras de Los Santos y explorando sus inmensas posibilidades.

Para ello, la narración empleada no podría calificarse más que de fantástica. No sólo por el funcionamiento que comentamos, sino por el empleo de una contextualización brillante por parte del apartado técnico. Un asunto del que hablaremos más adelante, pero que en Grand Theft Auto V otorga a cada situación un halo totalmente único. Desde el magnífico doblaje original de todos aquellos que intervienen de alguna forma en la historia, pasando por las animaciones únicas que existen para cada uno de estos personajes y acabando en una calidad gráfica que marca, sin ningún tipo de duda, el tope, el techo o el punto máximo de esta generación.

Brillantez y originalidad en todas las misiones

Aunque por mucho que hablemos de la personalidad de los tres personajes y de su consecuencia directa en la historia, su principal incidencia se da lugar en el plano interactivo. Como todos conocemos desde hace tiempo, Grand Theft Auto V apuesta por el manejo de tres personajes que podremos intercambiar de diferente forma dependiendo del momento en el que nos encontremos. Básicamente, diferenciando si nos encontramos recorriendo el inmenso mapa en libertad o en cambio estamos en una misión para la que es necesaria la intervención de los tres.

Si nos encontramos bajo el primer supuesto, podremos cambiar de personaje en cualquier momento que deseemos, realizándose una curiosa animación que, en perspectiva cenital, aleja la cámara de nuestro personaje poco a poco hasta llegar casi a la estratosfera, para seguidamente acercarla sobre el protagonista que hemos seleccionado. Este proceso contará con una fluidez extrema, no sólo en el funcionamiento, sino en el hecho de encontrarnos al delincuente escogido realizando sus quehaceres habituales antes de que tomemos control de él.

En cambio, si nos encontramos en una misión, esta transición será extremadamente rápida, pues necesitamos la inmediatez suficiente para intervenir con cada personaje si la situación lo requiere. Aquí es donde entramos directamente en una de las características más importantes del juego, y no es otra que la existencia de los golpes, su preparación, desarrollo y fin. Una serie de misiones que se convierten en el motivo principal de la aventura cuando se trata de seguir un patrón de retos propuestos, y cuya elaboración exhaustiva nos invitará a experimentar todo el potencial del juego en diferentes fases.

Y es que, cuando hablamos de preparar un golpe para ganar dinero, hablamos de todo el proceso. No es que nos dediquemos a contemplar cómo lo tenemos ya preparado para empezar con la acción, en absoluto. Primero se nos propondrá un objetivo, seguidamente se llevará a cabo un plan en el que tendremos la posibilidad de elegir entre sus posibilidades de resolución (por ejemplo, si preferimos atracar en una joyería a lo loco o de forma más sutil y meditada), y también la contratación del resto de integrantes de la banda que nos puedan ayudar, y en la que su habilidad y su caché estarán directamente relacionados con el montante total de dinero que exigirán cuando el golpe se haya consumado.

Pero eso no es todo. Una vez hecho el plan, vistas todas las posibilidades y apuntada la lista de elementos que necesitaremos para llevarlo a cabo, toca ponerse manos a la obra. Será necesario reunir el equipo, ya sea un transporte determinado, unos disfraces concretos o herramientas de todo tipo y claves en dicha misión. Y una vez esté todo listo y dispuesto será el momento en el que pasaremos a la acción, cogeremos nuestras armas y vehículos y trataremos hacernos con todo el botín para repartirlo convenientemente entre todos los participantes del atraco, y no únicamente entre Michael, Franklin y Trevor.

En este punto, y volviendo al principio del apartado, es donde exprimiremos el intercambio de personajes y sacaremos el máximo rendimiento a las habilidades únicas que tienen cada uno de ellos, y que están asociadas a una pequeña barra de poder que se consume y que puede ser rellenada de manera particular para cada protagonista. Como ya se conocía, Michael tiene la capacidad de activar un tiempo bala que le permite disparar con ventaja sobre los enemigos; Franklin usa una técnica similar pero enfocada a la conducción, esquivando in extremis el tráfico con una habilidad increíble; mientras que Trevor puede activar una especie de modo furia en el que se vuelve casi invulnerable y donde sus golpes cuerpo a cuerpo alcanzar una potencia devastadora.

Si todo esto que os contamos lo juntamos y lo mezclamos, acabamos encontrando lo que para nosotros han sido las mejores misiones nunca antes vistas en un Grand Theft Auto. A nivel narrativo ya hemos hablado de las virtudes que atesoran, pero es que en el plano interactivo es una auténtica delicia comprobar cómo todo el mecanismo está perfectamente ensamblado para que el usuario saque el máximo partido posible a esta forma de jugar. En ocasiones se nos inducirá a cambiar de personaje porque dentro de una misión hay fases en las que se requiere la intervención de alguno de ellos, pero en otras controlaremos a aquel que queramos para insuflarle al desarrollo un claro tinte estratégico que logra sacar el máximo partido a las habilidades de los personajes.

Aunque más allá de este tipo de misiones, encontraremos otras secundarias que irán enlazadas a cada personaje, y cuya resolución quedará más en el plano particular de cada uno de ellos que en la ayuda de los demás. Son misiones que muchas veces nacen del contexto y del entorno que rodea nuestros protagonistas en Los Santos, y que también nos ayudan a conocer algo más de su historia y de sus intereses actuales. Así como con los golpes descubrimos la sorpresa en la interacción pero también la peculiaridad de los atracos tan locos que se les ocurren, en estas misiones encontramos variedad extrema. Una locura total en muchas ocasiones que nos dejará la boca abierta por lo aleatorio de la situación, llegando a encontrar incluso curiosos cameos o apariciones de anteriores entregas, que no señalaremos para no destripar. Habrá misiones que se repitan alguna vez o que no sorprendan en exceso, pero lo más curioso es que serán las que menos. Lo habitual será empezar un encargo y que el resultado final sea lo más rocambolesco, extraño, sorprendente y divertido que nos hubiéramos podido imaginar.

Huelga decir que todas estas misiones ocurrirán en el contexto más variado posible. Y es que, en un mundo tan inmenso como Los Santos, la cantidad de oportunidades que hay, la extensión de terreno, los vehículos, las actividades a realizar, la personalización y las armas generan un potencial enorme para que cada reto sea, efectivamente, único. Pero además, rescatando de Red Dead Redemption la existencia de las misiones eventuales, no será extraña la ocasión en la que estemos atravesando a toda velocidad las calles de Los Santos cuando, de repente, un transeúnte nos pida auxilio o nos veamos envueltos en un tiroteo inesperado. Ocasiones en las que decidiremos si intervenir o no, pero que también contarán con recompensas especiales y la frescura de hacer algo improvisado que se presenta de manera sorpresiva.

Durante todas las largas horas de juego que hemos dedicado en redacción a jugar a Grand Theft Auto V no ha habido ocasión de cansarse, de sentirnos agotados por la cantidad de horas que llevábamos a cuestas. Tal vez pueda parecer un detalle baladí, pero cuando uno dedica tantas horas seguidas a realizar una misma acción, es muy complicado que el interés se mantenga inalterado con el paso de las innumerables horas. Rockstar consigue que el usuario no se canse de jugar, se sorprenda, le insufla de ganas, le anima a continuar. Grand Theft Auto V atrapa al jugador de tal forma que no le deja albergar tan siquiera la alternativa de hacer algo distinto que no sea jugar cuando uno enciende la consola. Una virtud tremenda, y que nace directamente de la variedad, de la originalidad de lo expuesto, de las innumerables posibilidades y, sobre todo, del trabajo bien hecho.

Una forma de interactuar excelente en todas las posibilidades de juego

Pero no todo termina en el planteamiento. Ni tan siquiera en la variedad de las misiones o su curioso desarrollo. La saga Grand Theft Auto, como concepto propio o como máximo exponente del género sandbox ofrece la posibilidad de aunar en un mismo juego un montón de formas de jugar que van más allá de la acción o de la conducción. Como si de una muñeca katiuska se tratara, cada capa de juego contiene una determinada forma de jugar, un conjunto de herramientas interactivas que descubren que Grand Theft Auto V planta cara a cualquier juego de cualquier estilo. A su modo, obviamente, pero con la calidad suficiente y necesaria como para proponer algo que estará al nivel de la enorme calidad que atesora el título.

En primer lugar, y como no podía ser de otra manera, nos encontramos con los dos aspectos jugables que dominan las principales características del juego: la acción en tercera persona y la conducción. Si retomamos el principio del texto, hacíamos referencia a que la quinta entrega de la saga suponía el resultado de un conjunto de sinergias que nacían del arduo y exhaustivo trabajo de Rockstar durante todos estos años, y el primer ejemplo que encontramos y que más llama la atención es la evolución tan drástica y efectiva que se produce en el sistema de disparos desde Grand Theft Auto IV a Grand Theft Auto V.

¿Cuál es la clave de este hecho? Claramente, Max Payne 3. Sin ningún tipo de duda uno de los mejores third person shooter de la generación, sino el mejor. El máximo exponente de una manera de jugar que ha sido rescatado para acoplarlo como un guante a las características de este juego, y que por lógica convierten al mismo en otra referencia dentro del sector. Grand Theft Auto V dispone de un grandísimo sistema de disparos extremadamente pulido, fácil de manejar y que permitirá afrontar cualquier situación de combate con las garantías suficientes como para salir airosos de los conflictos, siempre que seamos lo suficientemente hábiles para ello.

La referencia a Max Payne 3 se ve gráficamente cuando en nuestra ropa se marca de forma muy similar el efecto de sangrado por las balas, pero también aparece cuando el sistema de cobertura nos permite con facilidad agazaparnos bajo el fuego enemigo sin que se produzcan errores en la elección del lugar, ayudando también a elegir la ruta más adecuada para acercarnos al enemigo o mantenerlo a distancia. Podemos disparar desde la cadera con extrema fluidez, mientras combinamos la velocidad de nuestras piernas e intentamos apuntar lo mejor posible. Aunque, por otro lado, descubriremos cómo la retícula experimenta mejoras desde Grand Theft Auto IV, cambiando de color cuando se encuentra sobre un enemigo o dibujando una equis cuando el último disparo ha dado muerte el enemigo apuntado.

Pero no todo termina aquí, desde luego. La otra característica imperante a la que hacíamos referencia, la conducción, experimenta también un lavado de cara incluso más notable que el del sistema de disparos en tercera persona. Muchos recordarán lo complicado que era en ocasiones conducir en Grand Theft Auto IV. Tal vez el componente de simulación era algo elevado para ser una interacción completamente arcade, con lo que en muchas ocasiones era raro no experimentar golpes, accidentes, roces o la misma destrucción del vehículo por un simple giro en velocidad que dejaba sin agarre las ruedas de atrás del coche. En sí mismo aquello no era un defecto, pero la influencia en el desarrollo del juego era tal que muchas veces lastraba algo la experiencia global.

Grand Theft Auto V bebe de la esencia Midnight Club, y lo demuestra exponiendo una conducción para disfrutar, sin más. En un mapa en el que deberemos recorrer una inmensa cantidad de kilómetros día tras día es muy de agradecer que el control de los vehículos sea tan preciso y fácil de llevar. Evidentemente factores como el peso, la velocidad, la aceleración o la capacidad de frenado alterarán sustancialmente la experiencia dependiendo del coche que elijamos –o robemos, para qué nos vamos a engañar-, pero de normal notaremos que los controles responden mucho mejor, que nos chocamos mucho menos de lo que lo hacíamos antes, y de que acabamos descubriendo que todo esto repercute en un mayor disfrute en toda esta aventura.

Aunque estas dos vertientes no son las únicas que se muestran trabajadas hasta la perfección y adaptación más alta en toda esta historia. Porque no sólo nos dedicaremos a emplear estas herramientas de interacción, sino que también usaremos los cielos como medio de todo tipo de transportes aéreos, como aviones de toda clase o helicópteros de todo tipo. Cada una de las dos opciones de transporte contará con su peculiaridad en el control, teniendo que adaptar nuestras manos y nuestra mente al funcionamiento lógico de estas naves para llevar a buen puerto la misión, el encargo o un simple paseo. La interacción vuelve a ser muy efectiva en este punto, y la satisfacción cuando se aprende a dominar los cielos a través de una curva de dificultad muy adecuada es magnífica.

Pero es que hay mucho más, por supuesto. Descubrimos que Grand Theft Auto V es un gran juego también de deportes. No puede ser de otra manera cuando muchas de sus actividades están enfocadas al ocio en un terreno tan soleado y rodeado de agua por todas partes como lo es Los Santos. Cada uno de estos deportes o de juegos cuenta con su particularidad en la ejecución que permite disfrutar al máximo. No sólo porque las opciones que se disponen son siempre amplias y porque aprender a usar lo básico es muy sencillo, sino porque dan a cada tarea una complejidad concreta dentro de la facilidad de uso que renueva las ganas de repetir las innumerables oportunidades de diversión alternativa en sus niveles de dificultad más elevados.

Todo esto ocurre porque Grand Theft Auto V es un conjunto de muy buenos juegos. No se conforman con ofrecer al usuario una gran cantidad de opciones para que puedan emplear el tiempo como les venga en gana, sino que concentran esfuerzos en que cada una de las oportunidades de interacción que se dan lugar sean lo suficientemente buenas como para que entren en armonía con el acabado general de gran calidad que luce el juego. También en el variadísimo apartado interactivo Grand Theft Auto V se corona como la mejor mezcla de conceptos nunca antes creada.

Todo un mundo de posibilidades

Evidentemente, hablamos del gran empeño realizado en que todas las actividades sean excelentes jugablemente hablando, y lo destacamos ampliamente porque hay muchas posibilidades dentro del condado de Los Santos y el condado de Blaine. Una de las características que todos los sandbox poseen y que la saga Grand Theft Auto ha maximizado en cada entrega ha sido la oportunidad de hacer cualquier cosa que se nos ocurriera dentro de un escenario enorme dispuesto para ser explotado al máximo.

Grand Theft Auto V no es que no vaya a ser menos esta vez, es que rescata posibilidades antes vistas en la saga y las amplía con propuestas nuevas que exponen un universo de alternativas. Durante nuestro análisis no han sido pocas las ocasiones en las que nos hemos desviado de la misión principal para dar rienda suelta a todas las opciones de ocio alternativo que el inmenso mapa de Los Santos nos presenta. Un mapa que, jugablemente, es cinco veces mayor que el de Red Dead Redemption, haciendo uso además de la exploración submarina para realizar dicha afirmación.

El condado de Los Santos y el condado de Blaine se combinan en perfecta armonía para conformar una mezcla total entre lo urbano y lo agreste, generando una enorme cantidad de entornos diferentes que suponen el telón de fondo para todas estas actividades que venimos detallando. Montañas que se divisan a lo lejos, ríos que atraviesan la ciudad y los campos, lagos enormes en medio del mapa, océanos que rodean toda la extensión de tierra y mueren en las numerosas playas, puertos y calas, desiertos áridos y bosques espesos... Grand Theft Auto V reúne todo esto y mucho más, y lo mejor es que lo emplea para que exprimamos al máximo todas las posibilidades que se nos abren desde el primer momento del juego.

Posibilidades como la de subir a un teleférico que nos lleve a una de las montañas más altas, descubrir un paracaídas en ella, un par de motos de cross y una rampa que apunta el vacío. Y montar la fiesta. Saltar a toda velocidad, desplegar la lona y disfrutar simplemente con las espectaculares vistas que enseñan una distancia de dibujado lejana, que va revelando poco a poco todos los elementos conforme nos vamos acercando a la tierra. O robar un coche cuyo remolque sostiene una lancha, dejarla en el agua y bordear toda la costa descubriendo las pequeñas islas que se encuentran por todas partes.

Eso es Grand Theft Auto V. La necesidad de descubrir todas las posibilidades que se esconden en su mapa, la tranquilidad de dar un paseo por toda su geografía o la diversión de acceder a todas las oportunidades de interacción. Algunas de ellas ya las hemos comentado, como puede ser la conducción del parque automovilístico más grande de cualquier Grand Theft Auto, personalizando cada uno de los coches de mil formas, desde el motor, la tracción, la suspensión, la pintura, los alerones, faldones laterales, capó... Miles de posibilidades en las que gastar el dinero de los golpes, y que satisfagan nuestras ambiciones estéticas más estrafalarias.

No todo queda ahí. La escuela de vuelo nos permitirá perfeccionar nuestras habilidades con aviones y helicópteros a través de diferentes pruebas que serán valoradas con medallas de bronce, plata y oro. De la misma forma que en la galería de tiro los retos nos darán la condecoración correspondiente dependiendo de lo rápidos y certeros que seamos. Algo que se traslada también a las competiciones de motor, o a las carreras acuáticas. Pruebas de velocidad que se disponen en muchas partes del mapa de Los Santos.

Aunque la diversión en la ciudad va mucho más allá. Partidos de tenis por todas partes para medir nuestras habilidades, torneos de golf en los que recorrer el campo metiendo la pelotita en su correspondiente hoyo, carreras de bicis, triatlon, caza, cine, yoga... Aunque después de tanto estrés es muy posible que nuestros protagonistas quieran pasarse por los clubes de streptease para deleitar la vista, y otros sentidos, con los placeres carnales más terrenales.

Pero la necesidad de dinero siempre está latente. Los golpes son útiles económicamente hablando, pero la codicia de nuestros protagonistas -y de nosotros mismo, no nos engañemos- no acaba de tener límites. Por eso la adquisición de negocios que generen mucho más dinero será una de las múltiples opciones que dispondremos a la hora de jugar. Aunque muchas veces este dinero no se generará de forma automática, y tendremos que participar directamente en nuestra empresa para que llegue a buen puerto nuestra inversión.

Y es que hay que gastar dinero, claro que sí. Ya hemos comentado que podremos personalizar nuestros coches, pero también necesitaremos comprar armas para que nuestro arsenal sea mayor, y cuando la policía despliegue sus efectivos y empiece a perseguirnos podamos contrarrestarla de forma bastante rápida y segura. Aunque también querremos adquirir más propiedades, no sólo los negocios que nos generen dinero. Y comprar la ropa que se adapte a nuestra idea de elegancia o excentricidad del momento acorde a, por supuesto, el corte de pelo o a los tatuajes con los que elijamos marcar en nuestra piel.

Un sinfín de posibilidades para cuyo relato necesitaríamos páginas y páginas de descripciones y enumeraciones que poco aportarían, pues la idea principal, el valor real de todo esto, es que Grand Theft Auto V ofrece horas y horas de diversión sin descanso. Las 100 horas cacareadas se quedan cortas si de verdad exprimimos todo el potencial que el juego ofrece en su modo individual, si llevamos al límite nuestra imaginación y la intentamos plasmar en toda la propuesta jugable.

El nuevo límite técnico de PlayStation 3

Pero como en algunas partes de esta crítica hemos comentado, toda la zona interactiva, toda las virtudes de la historia planteada y de la narración expuesta se apoyan en un apartado técnico magnífico. Podríamos empezar a lanzar adjetivos para acabar realizando la misma conclusión, y es que Grand Theft Auto V supone el nuevo límite técnico para la actual generación de consolas. Tanto a nivel gráfico como a nivel sonoro, este juego le saca los colores y sonroja a cualquier propuesta similar de la competencia, demostrando lo que se puede llegar a hacer con buenas dosis de trabajo y con plazos de tiempo que anteponen la calidad final a fechas comerciales puestas con antelación.

Incluso aquí podemos volver a sacar las sinergias antes comentadas de otros juegos de Rockstar, como L.A. Noire. A nivel de animaciones, los personajes de Grand Theft Auto V tienen un comportamiento tan único como su apariencia, gesticulando de forma característica y andando distinto a como lo hacen otros. En un sector donde se reciclan muchas animaciones para reducir el trabajo total, es de agradecer que el comportamiento de cada modelado sea tan único y característico. Pero lo mismo pasa con las animaciones faciales. Si bien es cierto que no llegan al nivel tan alto de L.A. Noire, si que transmiten un énfasis muy fuerte cuando el movimiento de la cara y la fuerza del doblaje se funden en la transmisión del mensaje.

Un doblaje que nos seguimos alegrando de que cuente con la garra, el cuidado y el mimo de la versión original. Es ciertamente impactante descubrir la cantidad de voces únicas y bien contextualizadas que nos envuelven en el desarrollo de la historia, mezclando los diálogos en inglés con diferentes acentos dependiendo del origen de cada personaje, con el español hablado de los latinos que habitan por Los Santos. Una combinación necesaria para contextualizar adecuadamente los diálogos, el desarrollo de las misiones o un simple paseo a través de la ciudad y el campo.

El sonido no se limita a este aspecto, obviamente. Volvemos a contar con una amplia selección de cadenas de radio para todos los gustos en el momento que nos subamos a cualquier vehículo, constituyendo una banda sonora que será difícil desligar de nuestra cabeza después de todas las horas de juego. Aunque además, en esta ocasión contaremos con música dedicada para los momentos más especiales del juego, cuidando hasta el más mínimo detalle la sensación de tensión o acción de las misiones clave en el desarrollo.

Pero volviendo al aspecto gráfico, y de la misma forma que alabábamos las virtudes de las animaciones, lo mismo ocurre con las físicas. El motor Euphoria se esfuerza de nuevo en mostrar un comportamiento de los elementos extremadamente realista. Algo que comprobamos cuando usamos cualquier vehículo terrestre aéreo o acuático y lo estampamos contra otro elemento del mapa. O cuando hacemos uso del rediseñado sistema de combate cuerpo a cuerpo, donde los puñetazos y las patadas tienes un efecto extremadamente realista en el pobre cuerpo molido de nuestra víctima.

Pequeños detalles de los que poco a a poco nos iremos dando cuenta, pero otros de los que no nos hará falta demasiado para esbozar una amplia sonrisa mientras comprobamos la estabilidad y la potencia de todo lo que se expande bajo nuestra vista. Grand Theft Auto V destierra el concepto popping. Lo machaca, lo aísla y lo hace desaparecer para exponer ante nosotros todos los elementos que puedan caber en la resolución del juego. Después de eso, la distancia de dibujado hace el resto, y las montañas que se dibujan a lo lejos o los edificios enormes de downtown simplemente van haciéndose más grandes conforme nos acercamos a ellos.

Es especialmente hermoso cuando todo esto lo comprobamos desde las alturas, cuando abrimos el paracaídas y nos precipitamos suavemente al vacío, descubriendo de día la inmensidad del mundo que se extiende a nuestros pies, y que simplemente ya está ahí dispuesto, progresando en tamaño conforme caemos. O por la noche, cuando los coches se convierten en pequeñas y minúsculas esferas de luz que de forma fluida y extremadamente natural se transforman en el modelado del vehículo cuando estamos lo suficientemente cerca.

Un hecho que junto con la animación del agua y la exploración submarina tan cuidada nos da una idea exacta de lo que es Grand Theft Auto V, del mimo que se ha puesto en cada vertiente, de la calidad que atesora a todos los niveles. Ya este hecho fue uno de los que más nos impactó en aquel primer contacto en Londres, pero ahora, con el juego en las manos y habiendo disfrutado de él durante una ingente cantidad de horas, vemos como el resultado es extremadamente espectacular. Tanto la superficie de las olas con su comportamiento salvaje y la tranquilidad de las profundidades llenas de vida, Rockstar ha creado otro universo bajo las aguas igual de rico que lo que vemos en la superficie.

Todo esto acaba siendo enderezado por un efecto de luces magnífico. De la misma forma que nos quedábamos embobados cuando los amaneceres y los atardeceres en Red Dead Redemption se iban sucediendo, veremos como nuestros coches, la ciudad, el agua, el campo o el desierto van cambiando de tonalidad dependiendo de la luz que arroje el sol, o de las condiciones climatológicas cambiantes que se produzcan en cada sesión de juego.

Pero la mayor virtud es llevar PlayStation 3 a su límite sin hacer que se resienta por ningún otro lado. Pese a la barbaridad de aspectos técnicos impresionantes con los que cuenta el juego, no es posible detectar ningún fallo gráfico que evidencie que la máquina está al límite de su capacidad. Rockstar ha sabido exprimir al máximo una consola que se enfrenta a su etapa final de vida, ofreciendo el que sin lugar a dudas es ya el mejor trabajo técnico nunca antes realizado en PlayStation 3.

El mejor juego de la generación

Al final del camino llegamos al mismo punto con el que comenzábamos el texto. Por todos los motivos expuestos en estas líneas y por todos aquellos que no hayan podido ser contados por no arruinar la experiencia o por ser aspectos menores y menos relevantes, Grand Theft Auto V es, desde ya, el mejor juego de la generación para la redacción de LaPS3.com. Es difícil imaginar un juego mejor para coronar una generación que ha dado mucho de sí, y que ha sacado a la luz grandes juegos que, sin embargo, palidecen ante la enorme sombra que arroja la última obra de Rockstar.

Grand Theft Auto V es un juego de detalles extremadamente pulidos que acaban constituyendo una obra maestra. La principal virtud del juego reside justamente en querer hacerlo grande desde los aspectos más imperceptibles, haciendo que el usuario se quede maravillado de la gran cantidad de cosas que Rockstar ha elaborado para dar como resultado un juego con ninguna fisura.

Era imposible a estas alturas, después de tantos grandes juegos que ha dado la saga, pero esta quinta entrega vuelve a revolucionar el concepto desde la excelencia de todas sus vertientes, desde el mimo puesto en cada objetivo planteado. A nivel interactivo, Grand Theft Auto V es la propuesta que más posibilidades ofrece, y la que mejor sabe aprovechar sus armas para hacer que el jugador nunca caiga en el cansancio ni en la desidia. Es diversión pura y dura, desde el primer momento en el que empieza el juego, hasta aquel en el que deseemos poner fin a todo este mundo de opciones.

Y a nivel técnico poco más queda por añadir. Llevar al límite PlayStation 3 parecía cosa únicamente de los estudios first party de Sony, pero Rockstar ha dado una lección que ya se intuía cuando se atrevió a mostrar las primeras imágenes en movimiento en una consola PlayStation 3. Llega a ser impactante y casi increíble que, con un mundo tan amplio, con tantos elementos en pantalla, la calidad gráfica sea tan elevada y que el juego no se resiente en ningún momento de estar llevando al límite a un hardware de más de 6 años de vida.

Por todo esto, por la diversión que nos ha proporcionado mientras trabajábamos en él, por rescatar las mejores virtudes del resto de juegos de Rockstar para hacer uso de ellas, por anteponer la calidad a los plazos de tiempo y por cuidar hasta el más mínimo detalle para acabar ofreciendo una obra maestra, Grand Theft Auto V recibe la máxima nota que se pueda otorgar en nuestra revista. Como decíamos al principio, nos encontramos ante el mejor juego de la generación.

 
 

100

Veredicto

Grand Theft Auto V no es sólo el mejor sandbox que existe. No es sólo uno de los mejores juegos de disparos en tercera persona. No sólo es un gran juego de acción, de conducción, de pilotaje o de deportes. No sólo supone el mayor espectáculo visual y sonoro de los últimos años. Grand Theft Auto V es el mejor juego de toda la actual generación.

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