Análisis

Assassin´s Creed

Ubisoft ha lanzado al fin uno de los juegos más esperados de la actual generación. Assassin’s Creed ya está entre nosotros, no exento de polémica.

Publicado por:   Rafael Jurado Sánchez Fecha: no
Assassin´s Creed
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Assassin´s Creed

Desde que se hicieron públicas las primeras imágenes de este juego en el E3 del año 2006, mucho se ha esperado de este título ya que era mucho lo que decían que nos iba a ofrecer. Nos pondríamos en la piel de un miembro del Gremio de Asesinos, un grupo que decía actuar para conseguir la paz en el mundo, controlando el destino de la civilización a base de asesinatos selectivos de determinadas personas. En resumidas cuentas, Ubisoft nos propone tomar el control de un experimentado y mortífero asesino alejado de toda motivación mundana en una época de violencia y guerra religiosa.

La aventura de Altair, nuestro asesino, transcurre en plena tercera cruzada, concretamente en el año 1191, tiempos en los que los conflictos entre las religiones cristiana y musulmana estaban en pleno apogeo. Quizá por eso nada más introducir el juego en nuestra consola se nos informa de que el equipo de desarrollo lo forman personas de las más diversas creencias, cosa que no está de más saber viendo los tiempos que corren.

El objetivo del protagonista será realizar diversos asesinatos para hacer avanzar la historia, tanto propia como la de su “alter ego”. Nos encontramos ante una trama que se desarrolla de forma clásica, realizando las misiones que se nos encomiendan (con bastante libertad) para hacer que la historia transcurra según los designios del Gremio. Se nos presenta una trama interesante que mejora conforme avanza el juego, aunque en todo momento tenemos la sensación de que Assassin`s Creed no tiene un guión a la altura de lo que se esperaba de él. Parece que los chicos de Ubisoft se han centrado tanto en el aspecto jugable y la libertad de acción que no le han prestado la atención suficiente a aspectos igualmente importantes. Esto se nota principalmente en la primera mitad del juego, ya que avanzas pensando en que arma y habilidad te van a restituir más que pendiente del desarrollo de los acontecimientos. La trama principal es, como se ha dicho, bastante interesante, las dos historias que se nos presentan están correctamente llevadas (aunque se hubiera agradecido algo más de sutileza en ciertos aspectos), y el devenir de la historia no se hace pesado, salvo quizás por la monotonía de las fases previas a los asesinatos.

Como el habilidoso asesino que encarnaremos, deberemos movernos por entornos que nos van a ser claramente hostiles en muchas ocasiones, aunque tendremos la oportunidad de hacer aliados que nos faciliten ciertas tareas en cada ciudad que visitemos. Tendremos libertad para obrar según queramos, pudiendo acabar con la vida de cualquiera que se nos cruce, aunque no sea cosa recomendable. Los duelos contra la soldadesca serán habituales, así como las correrías a caballo, las huídas entre sinuosas calles y la red de tejados y las escalofriantes escaladas a los puntos más altos para reconocer el terreno.

Assassin’s Creed nos ofrece todo esto y más, con una historia atractiva y un planteamiento que, si bien no innova en su campo, sí que aporta elementos que crearán escuela, como su impecable manejo y la compleja vida que parece desarrollarse ante nuestros ojos completamente ajena a nuestra presencia, como si fuéramos una persona anónima en un mar de almas.

Y es que ese es uno de los puntos fuertes del nuevo juego de Ubisoft, la actividad permanente de los habitantes de cada pueblo y cada ciudad, dando verosimilitud a unas zonas amplias y extensas, bien recreadas y plasmadas en toda su magnitud. La gente se comporta como tal, y hace su vida ajenos a nuestra presencia, a no ser que se la hagamos notar. Se acabó el agredir a cualquiera sin más consecuencias, aquí hay que tener cuidado hasta con los portadores de ánforas, esquivar pedigüeños y procurar no quedarse parado muy cerca de los guardias. Estos detalles mejoran enormemente una ya de por sí gran experiencia de juego.

En la versión de Playstation 3, sin embargo, se ha dado una polémica que parece que podrá zanjarse próximamente, para alivio de todos los usuarios de la consola de Sony. Y es que el juego, pese a lucir ante nuestros ojos de manera excelente, sufría de unos molestos “cuelgues” en cargas y dentro del juego que no son propios de una producción de esta magnitud. Vistos los antecedentes de Splinter Cell: Double Agent, podríamos esperar cierta bajada de calidad en la versión de Playstation 3. No se ha producido, pero nos hemos encontrado ante este desagradable error que, como ya se ha dicho, está próximo a ser subsanado.

Como en todas las grandes obras, Assassin’s Creed tiene aspectos contradictorios. Su aspecto gráfico impresiona, y mucho, pero no sorprende. Juegos como Uncharted: El Tesoro de Drake o Ratchet and Clank: Armados Hasta los Dientes, superan ampliamente en calidad técnica pero de manera puntual. Y puntual es, porque si bien los anteriores juegos se mueven en entornos más cerrados y controlados, Assassin’s Creed es toda una zona libre para explorar (con ciertas limitaciones que sólo incumben al argumento).

Las tres grandes ciudades que podemos visitar a lo largo del juego, Acre, Jerusalén y Damasco hierven de vida y actividad, están genialmente recreadas basadas en su trazado histórico, son enrevesadas, detalladas y gigantescas. A todo esto añadirle el entorno que las rodea, salpicado de puestos militares, atalayas, pequeñas poblaciones, largos caminos con caminantes y peregrinos a la Ciudad Santa. Todo esto moviéndose ante nuestros ojos sin pausa y con notable fidelidad a los cánones de nuestra realidad. Todo esto es lo que impresiona, porque nunca antes se ha podido ver semejante despliegue en un juego.

Sin embargo no es oro todo lo que reluce. Si bien Altair está perfectamente modelado y detallado, con unas animaciones numerosísimas, fluidas y hasta podría decirse que siguiendo una coreografía, no podemos decir lo mismo del resto de pobladores, que son multitud. Y es que hay cientos de modelos diferentes, todos ellos con una vida aparente que se desenvuelve en la pantalla, pero sus capacidades están un tanto limitadas. Por ejemplo, apenas podemos notar emociones en ellos, tanto cuando son salvados como cuando huyen presas del pánico y casi todo ese peso recae en el doblaje, del que luego hablaremos. Nuestros enfrentamientos serán numerosos, por lo que el aspecto de la animación más trabajado, en el caso de otros personajes presentes en el juego, es el de la lucha. Nuestros enemigos nos atacarán, se defenderán, contraatacarán, intentarán agarrarnos para tirarnos al suelo, nos perseguirán por las calles y los tejados y morirán de maneras diferentes. Es aquí donde podemos apreciar el mucho tiempo dedicado a Altair, pues la calidad de los movimientos disponibles, y la variedad, es más que notable.

No veremos en todo el juego animales que no sean caballos o aves. Al estilo de la saga Grand Theft Auto, los caballos son nuestros vehículos, y allí donde los veamos podremos cogerlos sin mayores explicaciones, variando únicamente el color de su piel. Su aspecto es correcto y funcional, aunque hay que destacar algunos fallos de clipping cuando los montamos, cosa que podremos hacer bien desde el suelo o como deseemos, incluso luciéndonos un poco con un buen salto desde una techumbre. Quizá la inclusión de algún tipo de animal más daría algo de riqueza variopinta, pero tampoco es que se les eche en falta.

Cuando recorramos los caminos que nos separan de nuestro destino, sea la ciudad que sea, tendremos ocasión de contemplar los extensos mapeados que nos brinda el juego. Variados, llenos de detalles e intrincados en ocasiones, nos han hecho recordar títulos del pasado como Shadow of the Colossus, aunque sin ser tan esplendorosos. Recorreremos planicies, subiremos montañas por estrechos caminos y pasaremos por angostas sendas encajonadas entre paredes de roca, todo ello para completar unos recorridos que lucen espléndidamente bien, con unas texturas de gran calidad y buenos modelados. Cabe señalar, sin embargo, que las técnicas empleadas para ahorrar memoria quedan, en ocasiones, algo expuestas. Más de una vez veremos como muy cerca de nosotros un árbol cambia de forma, unos arbustos aparecen o algunas texturas cambian, desmereciendo el resultado final que, sin embargo, es muy notable.

Es en las ciudades donde se demuestra hasta que punto se ha hecho hincapié en el diseño de este juego, puesto que es donde tiene lugar la mayor parte de la acción. Las tres ciudades están perfectamente diferenciadas, tanto en estilo como en construcción. Seremos testigos de la pobreza en el barrio bajo de Damasco o de la ruina en Acre, pasando por los lujosos templos de Jerusalén. En este aspecto el juego es sobresaliente, subsanándose cualquier fallo que hayamos podido notar en campo abierto. Los detalles son extremos, allá donde miremos, tanto balcones, fuentes, chabolas, templos, plazas y mercados, de todo emana realismo, cuidado y un mimo como hacía tiempo que no se veía. Y para que disfrutemos más aún de todo esto, se nos ofrece la posibilidad y desafío de trepar hasta los puntos más altos desde donde podremos contemplar una amplia zona en todo su conjunto. Todo rezuma calidad, y es que este aspecto hay que resaltarlo pues es otro de los que se incluyen en el término “impresionar” que citamos al principio. Os aseguramos que en más de una ocasión dejaréis de lado vuestro cometido sólo para deambular por las calles o los tejados. Y este es otro de esos momentos en los que podremos apreciar hasta qué punto se han trabajado las animaciones de Altair, que podrá trepar por casi cualquier pared aprovechando el más mínimo asidero de la manera más natural.

Ya hemos dicho que Assassin’s Creed tiene algunas contradicciones. Y si bien gráfica y técnicamente es todo un logro, hay sombras que pueden hacer mella en la impresión final. A los ya citados defectos de clipping y el ocasional popping, hay que añadir algunas bajadas notables del framerate, así como algunos tirones durante el juego. Estos se producirán mayormente cuando nos encontremos en espacios abiertos, notándose poco o nada en las ciudades, salvo cuando escalemos las atalayas. Por otra parte, uno de los aspectos más usados en el juego, la ocultación, no se ha solventado con la suficiente eficiencia. Los monjes que nos servirán de camuflaje son los mismos en todas las ciudades, los carros de paja son exactamente iguales en todo el juego, viendo el mismo modelo una y otra y otra vez y que ni siquiera se inmutan cuando saltamos a ellos desde más de diez metros de altura, así como las pequeñas tiendas situadas en los tejados que nos servirán de escondite. Algo de variedad en este aspecto habría sido estupendo. En más de una ocasión, además, veremos que salvamos, una y otra vez, al mismo personaje que, además, tampoco es que nos transmita mucho físicamente.

En general un apartado gráfico sólido pero con detalles que ponen de manifiesto aspectos mejorables que subirían notablemente la ya alta calidad visual del juego.

Totalmente localizado a nuestro idioma. Esta es una de las facetas destacables del aspecto sonoro del juego.

Los efectos sonoros nos sumergen en la acción y la vida de Assassin’s Creed. Podremos sentir cada finta y cada choque de las hojas en las batallas, la hirviente actividad en los centros urbanos, los charlatanes, mercachifles y profetas lanzando promesas al viento, el lejano ruido de la vida amortiguado por los oscuros callejones o la soledad de riscos solitarios.

Sin embargo también este apartado tiene cosas recriminables, ya que, si bien es cierto que el juego esta totalmente localizado al castellano y en algunos casos el trabajo es excelente (Claudio Serrano como Altair, voz habitual de Christian Bale, o Luís Porcar como Warren Vidic, el genial Dr. House), en el caso de secundarios simplemente se dedican a cumplir su labor siendo muy criticable la repetición de voces en las ciudades. Si antes ya hemos nombrado la repetición de modelos cuando salvamos ciudadanos, las voces no son menos. Es posible que veamos la misma voz juvenil en una adolescente que en una anciana, y esto es algo que empaña y mucho el doblaje del juego y hace que se aleje de referencias en el mundo de los doblajes como los del Metal Gear Solid o Heavenly Sword.

Un destello más de calidad que ayuda a paliar la escasez de secundarios es que los diferentes soldados que nos iremos encontrando, sobretodo Templarios, hablarán cada uno en su propio idioma, que puede ser tanto alemán como francés o castellano. Esto refuerza la sensación de encontrarse en un momento histórico concreto como lo es la Tercera Cruzada donde batallaron gentes de toda Europa.

La banda sonora del juego simplemente cumple, Assassin´s Creed no pasará a la historia por su banda sonora, que sin ser mala, simplemente esta ahí para hacer su papel de acompañar al juego. Suave e insinuante cuando nos movemos entre la gente, esperando el fallo para saltar a una melodía más acelerada que intenta con cierto éxito colaborar de la persecución a la que nos veremos sometidos. Pero no va más allá, cosa que hubiera hecho ganar enteros al juego.

Al ponernos a los mandos de este juego, sentimos la añoranza que produce la ausencia (próximamente paliada, eso sí) de la función de vibración. Y es que Altair tiene una inmensa variedad de movimientos que realizar. Podremos subirnos a cualquier construcción de mil maneras diferentes, trepar campanarios y torres asiéndonos a cualquier saliente que podamos ver, moviéndonos en vertical u horizontal según convenga, saltar de viga en viga, de plataforma en plataforma, de techo en techo, todo lo que el cuerpo nos pida. Y todo ello de una manera sencilla, sin complicadas combinaciones, sencillamente con R1 y X subiremos por la pared a la que nos dirijamos (si es que ésta nos ofrece un asidero a nuestro alcance), o moviéndonos con R1 pulsado correremos, iniciando un sprint o dando un salto con el botón X, según la situación. Podremos mover la cámara con el stick derecho, a nuestro antojo, cosa muy necesaria y agradecida, y con la cruceta elegiremos el arma que queremos empuñar, desde una espada, a cuchillas arrojadizas, dagas empuñadas o nuestras propias manos.

A la hora de luchar el combate puede desenvolverse de maneras muy diferentes según el arma que elijamos, dada la diferencia de manejo y velocidad entre ellas, detalle que da variedad a nuestros numerosos enfrentamientos. Los enemigos, sin ser especialmente listos, nos presentarán fiera batalla, sobretodo cuando sean más numerosos y más avancemos en el juego. Inicialmente nos atacarán de uno en uno, defendiéndonos como podamos. Conforme recuperemos habilidades y armas, podremos realizar contraataques mortales que nos librarán rápidamente de cualquier obstáculo armado. Sin embargo bien puede ocurrir al contrario, ya que son capaces de contrarrestar un contraataque, agarrarnos y lanzarnos contra el suelo y golpearnos por la espalda mientras estamos encarando a otro soldado.

Mención aparte merecen los “combates” que nos tocará librar en ciudad, ya que si bien contemplan todo lo citado anteriormente, podemos añadir que cuando intentemos huir no se quedarán parados. Si trepamos nos tirarán piedras, hasta hacernos caer, y no basta que bajar de un tejado a otro para hacerles perder la pista, sobretodo si resulta haber arqueros apostados en las cercanías. Estos detalles cumplen muy bien y hacen que la escasa inteligencia artificial sea suficientemente compleja como para suponer por sí sola un desafío. En el caso de los combates a campo abierto, pueden llegar momentos en los que tengamos a hordas enteras de soldados tras nuestros pasos, con lo que nuestros fieles caballos se hacen indispensables si queremos salir con la cabeza sobre los hombros. Podemos atacar desde la montura, pero a su vez pueden hacernos caer o retener al caballo.

Para realizar nuestras misiones deberemos ser algo más sutiles. Las habilidades de Altair no se reducen a correr, trepar y luchar, sino que también se vale del sigilo y el subterfugio. Podremos usar a grupos de monjes para camuflarnos con solo pulsar el botón X, interrogar a gente con información valiosa para nuestra misión (siempre antes de un asesinato) o robarle la bolsa a algún objetivo. En cualquier caso no dejan de ser meras anécdotas cuando vemos que, misión tras misión, todo se reduce siempre a lo mismo sin apenas variar, salvo en lo que al momento del asesinato se refiere. En ese caso tendremos que seguir a alguien o infiltrarnos en lugares de difícil acceso.

Esto no resta linealidad al juego, que de por sí podríamos decir que, pese a la libertad de la que gozamos, corre bastante sobre una línea bien definida. Los pasos previos a cada asesinato se nos antojarán repetitivos y, aunque no deja de ser entretenido, se podría haber añadido algo más que aportará ese toque de variedad que distinguen a las obras maestras de los meros juegos hinchados de publicidad. En este caso podríamos decir que tenemos un punto intermedio, ya que siempre querremos avanzar hacia el siguiente asesinato por el mero hecho de conocer el desenlace, pero el proceso intermedio puede llegar a hacerse pesado.

En resumidas cuentas tenemos un juego que nos ofrece un control sencillo pero potente que, desgraciadamente, se asienta sobre una base un tanto inestable plagada de situaciones calcadas entre sí y un desarrollo que peca de previsible. Podremos terminar el juego en unas 10 horas, las cuales se ven ampliadas si queremos encontrar todos los estandartares y realizar los demás extras.

Assassin's Creed no es el juego del año que nos querían vender. Es un gran juego, sí, pero trae consigo un lastre de imperfecciones que cercenan lo que podría haber sido y no fue: un referente en la nueva generación. Sin embargo algunos aspectos son memorables, como la increíble versatilidad de Altair y su amplia gama de movimientos, y pueden marcar un camino a seguir en próximas producciones. Es una verdadera lástima que los diferentes aspectos del juego estén cohesionados de una manera francamente pobre. Un repertorio tan grande de posibilidades de manejo enfrentado a una tarea repetitiva que ensombrece una buena historia que no tiene en la banda sonora su mejor compañera.

Nos hará pasar un buen rato, nos gustará la historia y Altair puede que quede en nuestro recuerdo como un buen personaje, pero desde luego el juego está destinado a ser pasto del olvido en poco tiempo, al menos hasta que se lance una continuación.

A Favor

  • Gran variedad de movimientos y posibilidades de actuación.
  • Excelentes animaciones del protagonista y de la mayoría de personajes
  • Totalmente localizado en nuestro idioma
  • Historia interesante
  • El mundo parece estar realmente vivo, no somos el eje sobre el que gira
  • Las ciudades son verdaderas joyas que merece la pena recorreremos

En Contra
  • Numerosos bugs y fallos de framerate, clipping, popping y abuso de la reutilización de modelos
  • La trama podría estar mejor llevada con un desarrollo menos repetitivo
  • Linealidad que cercena la libertad de movimientos
  • La banda sonora no es demasiado afortunada
  • Ausencia de opciones en línea

Análisis realizado con la colaboración de Carlos Morón

86

Veredicto

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